Un paraíso en plena dehesa

Antuca Marín ha hecho realidad su deseo de compartir con el viajero su cortijo de 'La Cabra' convirtiéndolo en ejemplo de agroturismo

:: RAFAEL MOLINA
Panorámica de la dehesa de la finca 'La Cabra', con el cortijo al fondo. ::                             R. MOLINA/
Panorámica de la dehesa de la finca 'La Cabra', con el cortijo al fondo. :: R. MOLINA

Oteando un cuidadísimo bosque de centenarias encinas, entre Monesterio y Calera de León, localizamos la casa rural 'La Cabra'. Un típico cortijo de la zona, rehabilitado por Antuca Martín, funcionaria, ganadera, y ahora empresaria hospedera, que acaba de ver cumplido el deseo de «poder compartir con los demás tanta belleza».

«Después de haber vivido en machas ciudades he de reconocer que el lugar más bello que jamás he visto estaba donde nací». Antuca nació en Monesterio, pasó su infancia en Badajoz, y tras residir en Barcelona, Zaragoza, Granada y Lisboa, quiso volver a sus raíces, «al paraíso de la dehesa extremeña» donde sus padres poseían una finca de encinas, dedicada desde siempre a la cría y engorde del guarro ibérico, que en la actualidad sigue desarrollándose en explotación extensiva y ecológica, totalmente armonizada con la nueva actividad turística que ampara.

Convencida

«Fue una decisión meditada y deseada», explica Antuca, totalmente convencida de las bondades turísticas de la comarca de Tentudía, para muchos «aun por descubrir, aunque cada vez más apreciada por el turista, ante la saturación de visitantes a la que se han visto sometidas las sierras del norte de Huelva y de Sevilla». Con no pocos esfuerzos y después de casi cinco años de interminables trámites burocráticos, la casa rural 'La Cabra' se presenta al viajero como un singular y cómodo alojamiento, que sin carecer de ninguna de las comodidades de los tiempos actuales, en absoluto pierde la esencia y todo el sabor de lo que siempre fue: un cortijo.

Los amplios y cómodos espacios que presentan la construcción principal, edificada en un otero a más de 700 metros de altura, se acompañan de una zona exterior ajardinada con barbacoa, piscina y terrazas con unas maravillosas vistas: desde allí se vislumbran las sierras más altas de la provincia pacense.

El visitante encuentra en este enclave todo lo necesario para disfrutar plenamente de la naturaleza y descubrir la forma de vida de quienes con su trabajo han sabido conservar este singular ecosistema desde siempre ligado a la gestión agro-ganadera del bosque mediterráneo, de encinas y alcornoques, de vital importancia en la economía de la zona.

El visitante cuenta con cuadra propia para realizar paseos a caballo y burro, rutas de senderismo o en bicicleta, cobertizos para el cuidado del ganado. La finca está atravesada por la milenaria Ruta de la Plata, y los más avispados podrán incluso adentrarse en el pasado más remoto de los primeros pobladores de la comarca con la visita al desconocido dolmen megalítico de 'La Cabra'.

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