Matanzas a medida en el Señorío Los Cotos

Sacrifican el cerdo a la manera tradicional pero adaptándose al gusto del cliente

:: RAFAEL MOLINA
A cinco kilómetros del casco urbano de Monesterio, dirección Sevilla, por la Nacional 630, en el punto kilométrico 728,5. Posee amplios aparcamientos exteriores, y dos casas independientes con 18 habitaciones y 4 suites./
A cinco kilómetros del casco urbano de Monesterio, dirección Sevilla, por la Nacional 630, en el punto kilométrico 728,5. Posee amplios aparcamientos exteriores, y dos casas independientes con 18 habitaciones y 4 suites.

Cuando Antonio Parra Garrote, uno de los socios del Señorío Los Cotos S.A. pensó de qué manera rentabilizar su negocio durante la temporada de menor afluencia de clientes, acertó de pleno. «Intentamos sacar el mayor provecho posible a cada estación del año», explica Antonio, quien junto a su hermana María y a Víctor Flores, regentan este singular enclave, ubicado a las faldas de las bellas sierras del Machado, Aguafría y Tentudía; un lugar mimado por la naturaleza, en un edificio con historia. En verano, campamentos y celebraciones; en primavera y otoño, turismo rural y servicios para empresas. ¿Y en invierno...? Para el invierno «algo nuestro: la típica matanza extremeña, a medida de quién la solicite». Así, en sólo tres años, la actividad que se pensó como una simple prueba para atraer clientes durante los meses más flojos, se ha convertido en su producto estrella.

De noviembre a marzo, época en la que se permite la matanza domiciliaria, el Señorío Los Cotos viene sacrificando un cerdo por semana. Los grupos de clientes provienen de cualquier rincón de la geografía nacional, y los precios, entre 40 y 50 euros por persona, dependiendo de si quieren o no llevarse a casa el producto resultante de las carnes de la matanza.

A la carta

La empresa busca lo tradicional, y en este sentido ofrece lo más típico de este rito, transformado en fiesta. Los grupos oscilan entre las 40 y las 45 personas, pues «se pretende que pueda llegar a consumirse la totalidad de la matanza». A la llegada, desayuno con migas, café y tostadas con zurrapa de lomo; mientras tanto, en los corrales traseros del cortijo se preparan la candela y los aperos de la matanza. A la ceremonia del sacrificio siguen las descripciones del matarife de cada una de las carnes del cerdo, y mientras en las cocinas se prepara el suculento almuerzo, los participantes se adentran en la historia, la naturaleza y la gastronomía local con rutas a los museos Alba Plata, de la Naturaleza en Tentudía y a algún matadero del municipio, donde participan de un degustación de productos ya curados.

Tras su regreso a las instalaciones del cortijo les espera un suculento almuerzo, con las típicas pruebas de chorizo, panceta, costillas, lomo, secreto, presa y solomillo. Para bajar grasa se sirve una abundante ensalada, que da paso a un opíparo guiso de patatas con huesos y costilla. Fruta del tiempo, café con perrunillas, gañotes y virutas, un 'chupito', y para casa. Pero si la opción elegida incluye embutidos, entonces, el cortijo ofrece alojamiento, y a la mañana siguiente, los propios participantes aprenden y colaboran en la llena de los chorizos y salchichones que les llegarán a su casa en un mes, periodo durante el cual la empresa los cura en su secadero.

Con historia

El edificio del cortijo data de 1929. Se construyó como alojamiento para los visitantes que por aquellas fechas utilizaban la Ruta de la Plata para asistir a la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Su tipología constructiva se asemeja al urbanismo de los edificios construidos por aquellos entonces en la capital hispalense.

Albergó, hasta la década de los 60, una explotación ganadera y después se convirtió en segunda residencia de una adinerada familia de Fuente de Cantos. Tras su abandono y saqueo, fue adquirido por un grupo de empresarios de Monesterio que lo convirtió en escuela de inglés. Al día de hoy, ha recuperado su antiguo esplendor, reconvertido en un magnífico complejo rural.

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