Una carrera brillantísima

Acceder a su luminoso y amplísimo despacho de la Audiencia Nacional, junto a la calle Génova de Madrid, exige pasar por varios filtros de seguridad. Pero en su antedespacho ya hay un detalle que revela su origen: junto a la bandera de España, la de Extremadura. «Me la regaló el presidente Ibarra y me dijo: 'A ver si te atreves a ponerla'. Y ahí está», comenta risueño. Mientras habla, Ángel Juanes Peces (San Pablo de los Montes, Toledo, 1947) juguetea con una pluma estilográfica dorada. Se muestra comedido y cordial, pero prudente. «Aquí hay que hilar muy fino», asegura. Con una formación extraordinaria como jurista, especialmente en Derecho Penal y Constitucional, Ángel Juanes ha demostrado un espíritu conciliador, una capacidad de gestión muy fructífera y una vocación de servicio al Estado que avalan su brillante trayectoria profesional, desde sus inicios en 1978 como juez en Don Benito, Mérida, San Sebastián, Badajoz, en las Audiencias Provinciales de Cáceres y Badajoz, como magistrado de Trabajo en Sevilla, letrado del Constitucional hasta la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo y desde hace un año la presidencia de la Audiencia Nacional. Defensor de la jurisdicción universal siempre que no colisionen el valor justicia y la no injerencia en los asuntos de otros países, cree que se trata de «un avance de la Humanidad» que hay que aplicar en casos de genocidio, delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra... pero siempre bajo los criterios de la Corte Penal Internacional e intentando que los delitos se juzguen, «preferentemente, en el lugar en que se han cometido».

Partidario de una justicia «humanizada», de auténtico servicio al ciudadano, cree que la imagen pública de la Justicia puede verse igual de erosionada por una huelga de jueces -«aunque no podemos olvidar que el número de jueces en España es de los menores de Europa y tienen una carga de trabajo superior a la media europea»- como por la falta de medios, a pesar de que él no asume «ese discurso victimista» de las carencias porque los avances durante los últimos años han sido más que considerables.

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