«El problema del deporte de élite es el después»

El 7 de agosto de 1996, una joven de 16 años posó para la portada de HOY acompañada de su madre. Ambas estaban muy sonrientes y no era para menos, ya que esa niña acababa de volver de los Juegos Olímpicos de Atlanta con una medalla de oro en su cuello

NATALIA REIGADAS
La portada de 1996 cuando Cabanillas llegó de Atlanta. ::                             HOY/
La portada de 1996 cuando Cabanillas llegó de Atlanta. :: HOY

El 7 de agosto de 1996, una joven de 16 años posó para la portada de HOY acompañada de su madre. Ambas estaban muy sonrientes y no era para menos, ya que esa niña acababa de volver de los Juegos Olímpicos de Atlanta con una medalla de oro en su cuello. La instantánea, captada en el aeropuerto de Barajas, muestra la alegría de la pacense Nuria Cabanillas cuando cumplió su sueño y llegó a lo más alto en el mundo del deporte. Catorce años después, recuerda con satisfacción esos momentos, pero también los malos, ya que se retiró a los 20 años y tuvo que empezar una nueva vida.

Actualmente, esta deportista tiene 29 años, pero la historia de su vida parece propia de alguien mucho mayor. Es normal, ya que se enganchó a la gimnasia rítmica con sólo 8 años. «Mi madre hacía gimnasia de mantenimiento y me apuntó a rítmica porque a mi me gustaba mucho bailar y la música», recuerda Nuria. Lo que empezó como un juego infantil, se puso serio enseguida, ya que la primera entrenadora de esta niña, Raquel Gallardo, se dio cuenta de que se había topado con una alumna con cualidades y la apuntó a un club, donde empezó a practicar más horas. La corazonada de la entrenadora era buena y con 13 años Nuria Cabanillas ya era miembro del equipo nacional junior. Un año después tuvo que mudarse sola a Madrid para entrenar con la selección.

«Es algo complicado, pero no lo pase mal. Primero, estamos muy acompañadas y además, era mi sueño, algo que tenía muy claro», explica. En Madrid iba al colegio y entrenaba. No había tiempo para más. Cuando se acercaba una competición dejaba de ir al centro escolar. «Tenía profesores particulares y nos centrábamos más en los entrenamientos».

Al fin llegó su recompensa con medallas en los europeos, en los mundiales y el gran triunfo, el oro por equipos en Atlanta 96. «El mejor momento fue cuando esperábamos para subir al podio rodeados de equipos de otros países y luego, me emocioné cuando nos pusieron la medalla y sonó el himno nacional». Otro momento inolvidable fue su vuelta a España, ya que al llegar al aeropuerto había cientos de extremeños. «Fue increíble porque la medalla la habíamos conseguido seis y había muchos más deportistas, pero Extremadura me sorprendió. Había pancartas, tambores y muchos aficionados».

Ese fue el despliegue que captó HOY en su portada y que había sido organizado por familiares de Nuria junto a los de Juancho Pérez, que también logró el bronce en balonmano. «Nuestras familias se conocían y los compañeros pusieron autobuses para que viniesen a recibirnos a Madrid. Fue impactante».

Cuatro años después, esta joven se retiró del deporte de élite y comenzó una etapa mucho más complicada. «En otros países, como Rusia, si destacas en un deporte, tienes la vida resuelta. Aquí cuando se acaba, se acaba. Pasas de tener psicólogos, médicos y preparadores a nada. Vuelves a tu casa y no sabes hacia dónde tirar».

«Yo pensaba: lo he dado todo por mi país y ahora tengo que empezar de cero. Sólo tenía el apoyo de mi familia», añade Nuria. Afortunadamente, su mejor cualidad, la fuerza de voluntad, no la abandonó y esta gimnasta salió adelante. Comenzó a dar clases en el mismo club en el que empezó y hoy es entrenadora profesional, estudia un máster en dirección de empresas deportivas y tiene su propia escuela con niñas que compiten a nivel nacional. En verano organiza un campus en Badajoz que atrae a figuras internacionales. Su objetivo para el futuro es hacer crecer esta escuela y que la pasión por la gimnasia rítmica permanezca en Badajoz.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos