El carnaval de Badajoz y el plagio

PEDRO ANTONIO GUILLÉN MORÁN

VOLVEMOS a encontrarnos con acusaciones de plagio en el concurso de murgas del carnaval de Badajoz. Ahora a una murga de Almendralejo. Se está utilizando alegremente el término 'plagio'. Las bases del concurso de murgas del carnaval pacense no son muy respetuosas con el marco legal de la Ley de Propiedad Intelectual e Industrial que está en vigor en nuestro país. En el apartado 1.6 de tales bases, sobre la inscripción de las murgas, dice: «En caso de que se inscriban dos o más murgas con nombres iguales o que puedan confundirse, podrá mantener su nombre la que haya participado con ese nombre en la edición más antigua del concurso de Badajoz». Para mayor escarnio sigue diciendo: «En caso de coincidencia en la antigüedad de participación podrá mantener el nombre aquella que se haya inscrito en cualquier registro público con mayor antigüedad».

Los autores de tales bases desconocen por completo las funciones de la Oficina Central de Patentes y Marcas, que es la única que regula y autoriza la utilización de nombres comerciales en España, la única que puede dar la autorización para usar un determinado nombre y no como se pretende en las bases en función de la antigüedad, sino por haber pasado por los filtros que regulan el funcionamiento de la Oficina de Patentes y Marcas. Dicho de otro modo, no puede prevalecer la opinión privada de unos señores, por muy carnavalescos que sean, en contra de lo establecido legalmente.

En el apartado 2.7 se ve lo que los organizadores del concurso entienden sibilinamente por 'plagio'. Los grupos están obligados a introducir en su repertorio dos pasodobles, los cuales serán originales en cuanto a letra y música, y tendrán una duración mínima de un minuto cada uno; y dos cuplés con su respectivo estribillo, los cuales también han de ser originales, considerando como tal aquellos que no hayan sido utilizados en ningún otro concurso de carnaval, excepto si es original del grupo aunque lo hayan utilizado en convocatorias anteriores».

Pues bien, una vez leído el citado punto y sin poder superar el bochorno que me produce, voy a intentar realizar algunas puntualizaciones. La originalidad no quiere decir otra cosa sino que la obra pertenezca efectivamente a su autor; que sea obra suya y no copia de la obra de otro. Como bien indica Baylos Corroza en el Tratado de Derecho Industrial de 1993 «en la propiedad intelectual, la creación es objeto de protección, por ser una manifestación de la personalidad del autor».

Sin embargo, los 'creadores de las bases' vuelven a saltarse a la torera la Ley de Propiedad Intelectual y ellos, por su cuenta, deciden qué es lo original y qué no lo es. Entienden que su originalidad se limita a lo que haya ocurrido en anteriores concursos de carnaval; sin ni siquiera especificar el territorio; es decir, que, según ellos, las murgas deberían de haber investigado si su letra o música es coincidente con algunas que se hayan expuesto en algún carnaval del mundo.

En ninguna de las nueve páginas de las bases aparece la palabra plagio. ¿Cómo es posible que el jurado dictamine que la murga de Almendralejo ha cometido plagio? ¿Cómo es posible que el capítulo 9 de las bases, denominado 'sanciones', se despache con una sola y lacónica frase: «Los grupos inscritos que incumplan en todo o en parte las presentes bases quedarán automáticamente descalificados». Brilla por su ausencia un reglamento que regule las faltas y sanciones.

Las tristes y dichosas bases de este concurso de murgas no van en consonancia con la importancia que tiene el Carnaval de Badajoz. En primer lugar, deberían adaptarse a la legislación actual y, en segundo, crear los mecanismos de defensa necesarios para garantizar la libertad y pureza mínimas que requiere un evento de esta categoría.

Para la Real Academia de la Lengua, el plagio consiste en «copiar en lo substancial obras ajenas, dándolas como propias». Por lo que podemos llegar a la conclusión de que el plagio es tan antiguo como la existencia misma del ser humano, ya que como dijo Antonio Chávez en las memorias del I Congreso Internacional sobre protección de los Derechos Intelectuales «.nos cuenta la Biblia que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. El Creador pudo, en su infinita sabiduría, haber elegido una figura diferente; al no hacerlo conecta la propia historia de la humanidad a un divino auto-plagio».

Por el año 64 d.C., el poeta latino Marco Valerio Marcial, en una carta dirigida a su colega Fidentino, le dice: «Corre el rumor, Fidentino, de que recitas en público mis versos, como si fueras tú su autor. Si quieres que pasen por míos, te los mando gratis. Si quieres que los tengan por tuyos, cómpralos, para que dejen de pertenecerme». El mismo poeta en otro momento de su vida y acusando a un supuesto plagiario le dijo: «El que desea adquirir la gloria recitando versos de otro, debe comprar, no el libro, sino el silencio del autor».

En España, la Ley de Propiedad Intelectual protege contra el plagio las creaciones intelectuales y los derechos del autor desde el mismo momento de su creación y durante un tiempo determinado.

Quiero creer y creo que la murga almendralejense 'La Mascarada' no ha cometido plagio, a no ser que por parte de los organizadores hagan públicas las pruebas oportunas, entre otras, un dictamen pericial basado en la Ley de Propiedad Intelectual que demuestre tal hecho. Si no es así, deberían de realizar un acto de humildad y que las aguas vuelvan a su cauce natural.

Badajoz y Almendralejo siempre han sido ciudades amigas y respetuosas con la verdad y la honradez. Procuremos no perderlas.