El padre de la contraseña del ordenador dice adiós

Fernando José Corbató./C.C.
Fernando José Corbató. / C.C.

Fernando José Corbató un reputado físico estadounidense con pasado español creó en los sesenta el uso compartido de computadoras

JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZMadrid

«Password», «qwerty», «123456» o «abc123» son cuatro de las contraseñas más utiizadas en 2018. Mucho antes de que Facebook, Twitter, Gmail o Netflix pidieran crear una combinación segura de letras y números, ya existían claves que protegían la información. Su origen está en Roma y años más tarde, ya en la década de los 60, un estadounidense trasladó esa protección a los ordenadores.

Hace cinco décadas, Fernando Corbató, científico de la computación, creó las contraseñas para ordenadores y sentó las bases de la seguridad en informática. Esta semana, el mundo de la ciberseguridad ha perdido a uno de sus padres y cuyo concepto de cuentas de usuario protegidas por las contraseñas sigue vigente.

Nacido a pocos kilómetros de Silicon Valley, las raíces de Corbató se encuentran en el levante español. Hace 215 años, Hermenegildo Corbató, catedrático valenciano, nació en Villarreal (Castellón) y desarrolló sus primeros años profesionales como docente de literatura española.

En el siglo XX, Corbató padre abandonó el sol castellonense por el prestigio californiano. En la década de los 30, el español ya trabajaba para UCLA donde dejó como legado 24 obras en 48 publicaciones en 2 idiomas y 233 artículos.

En 1926, el apellido Corbató recibió a un miembro más Fernando José. Este joven de nombre español, pero de nacionalidad estadounidense. En 1943 ingresó en la Universidad de UCLA, lugar donde trabajaba su padre, y a los siete meses de su primer año, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por la Armada para entrenarse como técnico electrónico. Allí, según reconoció en varias en entrevistas, nació «su interés de por vida en localizar errores y depurar sistemas».

Su primer título llegó en UCLA en 1950, el primer escalón para doctorarse seis años más tarde en el MIT, en física. Allí consiguió plaza de profesor en 1965. Antes de hablar de la nube y de ciberseguridad, Corbató creó el CTSS, por sus siglas en inglés. En castellano llano, compartir ordenador.

El ya doctor en física creó un sistema que permitió el uso compartido de un ordenador al mismo tiempo gracias a su «sistema de tiempo compartido compatible».

«Una vez que un usuario se acostumbra a la respuesta de la computadora [inmediata], los retrasos de hasta una fracción de un minuto son exasperantemente largos», escribió en su artículo de 1962. Este sistema aumentó la velocidad de trabajo de los programadores e inspiró a sistemas operativos como Linux.

El CTSS originó el bloqueo del dispositivo compartido. Sin embargo en la década de los 60, la seguridad y los regateadores de la misma no eran tan sofisticados ni preparados como los de ahora. «Poner una contraseña para cada usuario individual como un bloqueo parecía una solución muy sencilla», señalaba Corbató en 2012 a Wired.

Ahora, casi sesenta años después el sistema ideado por Corbató está obsoleto. La escasa preocupación de los usuarios por la fortaleza de las claves de seguridad para sus dispositivos y cuentas online ha provocado filtraciones y suplantaciones de identidad.

La nueva ola en ciberseguridad se centra en huellas, reconocimiento facial o de iris. La ciencia ficción al servicio de la seguridad.