La visita a una granja de Iowa

El líder soviético tenía un gran interés por visitar una granja de Iowa, un lugar que quedaba alejado de la ruta principal de su viaje. Pero tanto insistió que Washington lo incluyó en su 'tournée'. La razón del capricho era que el dueño de la instalación, Bob Garst, se había hecho millonario con un innovador sistema de cultivo de maíz. Su fama fue tal que las autoridades soviéticas lo habían invitado para que ayudara a mejorar la agricultura del país, maltrecha tras el estalinismo. Fue ahí donde Kruschev conoció a Garst, a quien decidió devolver la visita aprovechando su estancia en EE UU.