El Vaticano, en marcha

Una monja corre en la plaza de San Pedro. :: efe/
Una monja corre en la plaza de San Pedro. :: efe

La Santa Sede crea un club de atletismo con el que aspira a participar en los Juegos de los Pequeños Estados de Europa. Son curas, monjas, laicos...

DARÍO MENOR

Hay más de un sacerdote que trabaja en la Curia romana que cuando acaba su jornada laboral, se quita el alzacuellos, los zapatos y los pantalones oscuros, los cambia por un chándal y unas zapatillas y sale a correr por el 'lungotevere', el paseo que sigue el curso del río Tíber. No hay mejor forma de sacudirse el estrés, mantenerse en forma y quemar energías. Lo mismo hacen algunas religiosas, guardias suizos, gendarmes y empleados laicos de la Santa Sede. La pasión por las carreras que se vive en muchos países occidentales también ha llegado al Estado más pequeño del mundo, que cuenta desde principios de año con su primera sociedad deportiva constituida oficialmente.

Se llama Athletica Vaticana y fue presentada el pasado jueves por su flamante presidente, el sacerdote español Melchor Sánchez de Toca, subsecretario del Consejo Pontificio de la Cultura, el 'ministerio' de la Santa Sede donde se ha encuadrado esta iniciativa. Forman parte de ella unas 60 personas. Hay sacerdotes, monjas, laicos, hombres y mujeres que trabajan en los distintos organismos vaticanos, desde los dicasterios de la Curia romana a la Guardia Suiza, los Bomberos, la Gendarmería, la Biblioteca Apostólica o los carpinteros encargados del mantenimiento de la basílica de San Pedro. Hay incluso agricultores que cuidan la granja de la residencia estival de Castel Gandolfo.

Athletica Vaticana también cuenta con miembros honorarios, dos inmigrantes, uno procedente de Gambia y otro de Senegal, acogidos por la ONG Auxilium. «Es una señal del interés de la Iglesia por el deporte», asegura Sánchez de Toca. «Nuestro objetivo es promover la práctica deportiva por medio del atletismo, pero Athletica Vaticana», explica el presbítero español, «no se ha creado para correr y basta», pues pretende llevar «el testimonio de vida sencilla cristiana» al mundo del atletismo. Para hacerlo ha tenido primero que encontrar su encaje canónico y constituirse como asociación de fieles para establecer luego un acuerdo con el Comité Olímpico Italiano que le permita participar en competiciones oficiales.

«Un sueño que hemos tenido muchas veces es el de ver la bandera de la Santa Sede entre las que aparecen en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos», confiesa Sánchez de Toca, reconociendo que el sueño no se va a hacer realidad «a corto o a medio plazo». Lo que sí que consideró posible es que el Vaticano participe en otras citas deportivas, como los Juegos de los Pequeños Estados de Europa, en los que participan naciones de menos de un millón de habitantes como Liechtenstein, Andorra, Malta, Montenegro, San Marino o Mónaco. «No nos cerramos puertas. También podríamos formar parte de los Juegos Mediterráneos, que tienen un interesante componente cultural e interreligioso».

«Salgo a correr en chandal»

De momento sus competiciones serán más modestas y cercanas. La primera cita oficial que tiene en su agenda Athletica Vaticana es la carrera popular de 10 kilómetros de distancia que se celebra en Roma el próximo domingo 20 de enero para recordar a Miguel Sánchez, un corredor argentino desaparecido por el régimen militar en el país latinoamericano. Ese día será posible ver a los miembros del club de atletismo de la Santa Sede luciendo sus camisetas blancas y amarillas, los colores de la bandera del Estado pontificio. Nadie corre con alzacuellos ni con el hábito de monja.

«Mi identidad religiosa no depende de cómo voy vestida», respondió la religiosa Marie-Théo Puybareau Manaud a una pregunta sobre si había un código de vestimenta especial para los miembros de Athletica Vaticana. «Hay mucha elasticidad. Yo cuando salgo a correr voy en chándal o con una camiseta», contó con naturalidad. El Papa Francisco está encantado con el nacimiento de este club de atletismo dentro de los Muros Vaticanos. La imagen del deportista no es extraña en sus homilías. En una misa en Génova en 2017, dijo: «El cristiano no es un velocista que corre a lo loco. Es un peregrino, un misionero, un maratoneta esperanzado: suave pero decidido en el caminar». Y el pasado domingo, tras el Ángelus, animó a los jóvenes a ser «atletas de Jesús».