Vacaciones, pero con tarea de por medio

TERESIANO RODRÍGUEZ NÚÑEZ

Cuando ayer mañana salí de casa, dos cosas me llamaron la atención: hacía fresco tirando a frío y había numerosas plazas libres en el aparcamiento que hay delante de los bloques de viviendas. Me dio pie para pensar que bastantes pacenses han ido cogiendo el camino de las vacaciones, aunque el tiempo siga estando más loco que una pandereta; de otro lado y según me ha comentado un amigo que está viviendo la experiencia, las playas onubenses, destino de tantos pacenses, padecen las graves consecuencias de los recientes temporales, que las han dejado gravemente heridas. Como a tantas otras. Hace cuatro días, un amigo que mantiene la devoción o costumbre de perderse por la Antilla o sus alrededores, me comentaba que había un aire triste en el ambiente. Supongo que muchos están esperando a ver si el tiempo asienta y julio se comporta como el mes caluroso que fue siempre por estas latitudes extremeñas… y deja estos vaivenes de acostarse uno sin saber cómo amanecerá mañana.

El caso es que a la vista de las ventoleras atmosféricas que vivimos, me pregunto si no estará alcanzando el nublado a otros ámbitos que creíamos inmunes o al menos no tan gravemente afectados por nubes y tormentas. Por ejemplo, el político. Mal que bien, nos hemos ido apañando con elecciones nacionales, autonómicas o municipales, sujetas a los respectivos calendarios, con resultados más o menos previsibles, pero siempre aproximados a lo que se esperaba. Hasta que la situación se fue haciendo cada día más compleja: los catalanes llevaron sus pretensiones independentistas a una situación límite, de la que todavía no hemos salido; el inmovilismo de Mariano Rajoy, impasible el ademán –sí, ya sé que a muchos mayores les suena la música, aunque esta no va por ahí– empeñado en no ver lo que venía ocurriendo en su propio partido, mientras unos y otros ¿discurrían? cómo salir del laberinto… Y en esto llegó Pedro, que a estas alturas de la historia ya ni necesita el 'Sánchez'. Aprovechando el malestar –¿o habría que decir cabreo?– generalizado, sin pensárselo dos veces, pues según cuentan ya había sido convenientemente asesorado por el 'rasputín' de turno, planteó una moción de censura, que fue aprobada por la mayoría de la cámara. Ya opinaba en un comentario anterior que el sistema de la «moción de censura» debería verse como 'fórmula extraordinaria' y puente para llegar a unas elecciones lo antes posible. No parece que esa sea la intención del nuevo presidente. En todo caso, la forma en que se llega al poder nunca puede ser usada como herramienta para pervertirlo. Item más: los movimientos y actitudes independentistas que viene exhibiendo una parte de los catalanes nunca pueden suponer un plus para conseguir ventajas frente al resto de los españoles. El derecho a decidir es de todos los españoles, no de los catalanes. Claro que ellos niegan este principio.

El secesionismo catalán nos está afectando a todos. A mí mismo, que no debiera haberme desviado por semejante vericueto, cuando tenemos aquí, tan a mano, temas y problemas importantes de los que ocuparnos, que no nos van a solucionar los catalanes y que no debería perder de vista Pedro Sánchez, ahora que ya ostenta su tan deseada presidencia del Gobierno. Día sí, día también, se sigue hablando de las comunicaciones en Extremadura, un desastre por donde quiera que se mire. Treinta años vengo escuchando la misma canción y yo le he dedicado más de una letra. Pero como quien oye llover. No ha habido gobernante que no haya hecho promesas y no hace falta referirse al grado de cumplimiento: la estampa de unos viajeros caminando por los rastrojos a pleno sol, tras descender de un tren averiado en medio del campo, debería avergonzar a cuantos han manoseado el problema de las comunicaciones –¿o de las incomunicaciones?– en Extremadura durante tantos años. Y ya ven cómo estamos.

Hay un tema que está dando que hablar en los últimos tiempos: la despoblación de Extremadura. Recientemente ha circulado por las redes sociales un listado de pueblos extremeños –el mío entre ellos– en los que el número de niños se cuentan con los dedos de una mano, en el supuesto de que haya alguno. Sin llegar a tales extremos y aunque haya que utilizar ambas manos y hasta los pies para el cómputo, no deja de ser un drama. Claro que la explicación no es difícil. Todos esos pueblos y aun otros en los que la circunstancia no es tan extrema han dependido y aún siguen dependiendo de la agricultura y alguna ganadería, agricultura de montaña en no pocos casos, agravada con un minifundismo esterilizante: tanto una como otra apenas si daban más que para subsistir. En la década de los 60, Francia, Alemania, Suiza fueron destino de miles de trabajadores de Extremadura. Y cuando arrancó o se potenció un notable desarrollo industrial en zonas como Cataluña y el País Vasco, muchos jóvenes emigraron… y muy pocos volvieron. ¿Se ha intentado hacer algo en estas zonas deprimidas? El que lo sepa que lo diga.

Hay otro factor que no se debe olvidar. Una de las actuaciones más importantes que se hayan llevado a cabo en Extremadura fue la construcción de pantanos y la puesta en regadío de miles de hectáreas a lo largo de las décadas de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Nadie puede negar el cambio que supuso semejante transformación. Pero tampoco nadie puede comprender que aquel cambio primario no fuera acompañado de otro aún más importante: la transformación de tanta materia prima, es decir, la industrialización. Es cierto que hay algunas industrias agrarias importantes de transformación; pero son minoría. Mal que nos pese, Extremadura sigue pareciéndose todavía hoy a las antiguas colonias y a los países subdesarrollados, que proporcionan a los ricos materia prima y mano de obra barata. Duele decirlo, pero es así. Y eso explica que Extremadura siga siendo la región cuya renta por persona es la más baja, el índice de paro es el más alto y la población haya caído en determinadas zonas a niveles increíbles.

No es la mejor despedida para quien, como este escribidor, piensa irse de vacaciones a su semidespoblado pueblo, por poner remedio, aunque sea temporal, hasta que llegue septiembre. A ver si para entonces a quienes gobiernan ¿toda? España, Pedro Sánchez y sus ministros, pero también a quienes están llamados a desempeñar semejantes tareas en Extremadura, sea desde la Junta o desde el más pequeño ayuntamiento, se les ha encendido la bombilla para alumbrar nuevos caminos. Que buena falta nos hace.

 

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