El tesoro de Penouta

Dos operarios, ante la planta donde separa el tantalio del coltán en la mina de Penouta. :: Miguel Muñiz/
Dos operarios, ante la planta donde separa el tantalio del coltán en la mina de Penouta. :: Miguel Muñiz

La única explotación en Europa de coltán, un material escaso y muy necesario para la industria tecnológica, está en una aldea al este de Orense. Se encuentra entre los residuos de una antigua mina de estaño

FERNANDO MIÑANA

La expropiación de Rumasa supuso la muerte de un imperio que dejó algunos 'cadáveres' repartidos por España. Al este de la provincia de Orense, en el municipio de Viana do Bolo, a tiro de piedra de Castilla y León y del lago de Sanabria, está Penouta, una de esas aldeas españolas que se van marchitando lentamente. Pueblos sin futuro cuya historia pareció detenerse años atrás. Muy cerca de allí, en lo alto de un monte, a 1.316 metros sobre el nivel del mar, estaban los restos de una explotación minera que quedó abandonada cuando Rumasa fue decapitada.

Por aquella hendidura en la montaña ya solo iban los caminantes en busca de algún cristal de casiterita para llevarse de recuerdo. Mucho más intangibles eran los recuerdos de los ancianos de Penouta, que rememoraban con morriña los años boyantes, con todo el pueblo empleado en la mina, varios bares rebosantes de agitación y el dinero corriendo alegre de mano en mano.

Pero se fue la empresa minera Hornos de Vizcaya e inmediatamente familias enteras se marcharon a otras comunidades en busca del sustento. El dinero dejó de moverse, los bares se silenciaron y al final cerraron como quien le pega un portazo a una época. Pero en la montaña que muestra su esmalte, entre esas paredes blancas y mordidas donde se extrajo cuarzo y estaño en el siglo pasado, quedaron toneladas de residuos donde se escondía un tesoro, el coltán.

El 80% de los empleados son gallegos: la mitad, de Viana do Bolo y un 15% de Orense

No es un mineral, sino la abreviatura de la combinación de dos de ellos, colombita y tantalita, que, a su vez, contienen tantalio y niobio, dos elementos muy apreciados por la industria tecnológica. El tantalio es un superconductor de la electricidad (un 80% mejor que el cobre) muy resistente a la corrosión química y dúctil. Pero su mayor virtud es que el tantalio metálico, en combinación con óxido de tantalio, tiene la propiedad de almacenar carga eléctrica temporal y liberarla cuando es necesario. Es decir, como un condensador eléctrico. Así que el tantalio procedente del coltán está presente en la mayoría de los objetos tecnológicos que nos rodean, desde las cámaras digitales a las consolas de los videojuegos. Un teléfono móvil que pesa cien gramos llegaría a un kilo, o incluso dos, si los condensadores no estuvieran hechos con tantalio.

Eso significa que multinacionales como Apple, Nokia, Motorola, IBM o Canon necesitan mucho coltán. Pero hay un problema, escasea. Al menos de momento. «Es un elemento raro. Su concentración media en la corteza es muy baja. Aunque también puede deberse a que hace muy poco no tenía aplicaciones de forma generalizada. Para entendernos, no llevamos utilizándolo tanto tiempo como el cobre o el hierro», aclara Roberto Martínez, jefe de área de Recursos Minerales del Instituto Geológico y Minero de España.

Pero llegó Strategic Mineral Spain -un conglomerado de empresas de capital español y americano-, realizó algunas prospecciones en la antigua mina de Penouta y descubrió que allí, en las balsas y las escombreras, había coltán en cantidades industriales. Para dimensionar el valor de este hallazgo hay que saber que esta explotación «es la única que hay en toda Europa», según Martínez.

Sin explosivos ni químicos

La antigua mina de estaño fue clausurada en 1985. Aquello fue la ruina para Penouta, pero un alivio para los defensores del medio ambiente que protestaban por lo que la empresa calificó recientemente como «un área ecológicamente degradada». Así que la noticia de su reapertura hizo que muchas orejas se pusieran de punta. Pero Strategic Mineral Spain logró en 2013 una declaración de impacto ambiental positiva de la Xunta de Galicia. Y a partir de ese momento se concentró en tener contenta a la gente de la región.

Lo primero que hizo fue aclarar que el coltán proviene de los residuos y no hay que perforar la roca. Luego recibieron cerca de 8.000 currículos y plantearon un sistema de economía circular que deja muchos beneficios en esta tierra, al fin revitalizada. El 80% de los empleados son gallegos, la mitad de Viana do Bolo, un 15% de Ourense y el 15% restante de las otres tres provincias gallegas. Y para rematar la estrategia de popularización de su proyecto, en diciembre de 2016 promovieron una misa en honor de Santa Bárbara, la patrona de los mineros, y luego organizaron una comida popular. Se habían metido el pueblo en el bolsillo. Apenas se oía ya alguna voz en contra de la mina.

Ramón Martínez enumera los argumentos que han apagado las alarmas medioambientales: «Tiene a favor que es lo que en minería se cataloga como una Sección B, un depósito de origen natural: no se explota, sino que se aprovechan los residuos de una explotación anterior, así que van a dejar el terreno muy parecido a como está. Además, de todo el material, unos nueve millones de toneladas, el 85% se va a aprovechar y el 15% se quedará allí. El motivo de que vayan a aprovechar un porcentaje tan alto es que, además del coltán y del estaño, tienen previsto aprovechar otros minerales industriales presentes en la escombrera (micas, feldespatos.)».

El representante del Instituto Geológico y Minero de España también subraya que el coltán no se extrae por un sistema invasivo. «El proceso de tratamiento está basado en métodos mecánicos o magnéticos, aprovechando la fuerza de la gravedad y dándole sacudidas, con lo que no usan productos químicos. Y, por último, al ser la recuperación de un material que estaba en la escombrera y no compactado, no necesitan explosivos ni métodos agresivos para su extracción».

Aunque este conglomerado de empresas, con sede en Madrid, no descarta buscar más coltán en la montaña dentro de 15 o 20 años, cuando haya agotado el que hay en las balsas y las escombreras. «La empresa también está explorando contar luego con una Sección C, extracción de materiales metálicos con usos tradicionales de minería, pero eso ya requeriría de una autorización posterior», puntualiza Roberto Martínez.

El coltán le ha devuelto la vida a Viana do Bolo. Las casas vuelven a subir las persianas, la risa de los niños se escucha de nuevo por las calles y el bullicio ha vuelto a instalarse en los bares, el termómetro que toma la temperatura de un pueblo. Y, de paso, Penouta se convierte en un ejemplo, en la demostración de que el coltán no siempre está manchado de sangre, no siempre va unido a las armas y a la explotación de pobres trabajadores obligados a extraer esta fuente de riqueza para unos pocos. Su futuro, quizá, pasa por reutilizar el material de los cachivaches que desechamos tan rápidamente. O, directamente, por encontrar un material alternativo, como el polímero de aluminio. Es más caro, pero lo que puede hacerse con cuatro condensadores de tantalio se podría hacer con uno de polímero.

 

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