Solución final para el pintor nazi

La mandataria alemana, ante el lienzo 'Brecher' (Ola) del maestro expresionista, que decoraba su despacho como préstamo. :: r. c./
La mandataria alemana, ante el lienzo 'Brecher' (Ola) del maestro expresionista, que decoraba su despacho como préstamo. :: r. c.

Angela Merkel descuelga los cuadros de Emil Nolde de su despacho para evitar la polémica. La obra más lograda del artista fue blanquear su propio pasado

INÉS GALLASTEGUI

Emil Nolde era un maestro del color. Y del disfraz. Representante del expresionismo alemán y miembro del movimiento vanguardista Die Brücke (El Puente), es uno de los pintores favoritos de Angela Merkel y desde 2006 dos de sus lienzos decoraban el despacho de la canciller. Pero los cuadros, propiedad de la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, han resultado ser un préstamo envenenado, porque la obra cumbre de Nolde, aquella en la que echó el resto de su talento, fue su propia biografía: miembro del Partido Nazi desde 1934 y antisemita declarado, tras la derrota de Hitler logró presentarse como una víctima del Tercer Reich y toda Alemania le creyó. Hasta hace poco. La revisión crítica de su vida ha obligado a Merkel a deshacerse de tan incómodos adornos y, una vez que se clausure este domingo la exposición para la que había prestado uno de ellos en abril, los dos regresarán a la pinacoteca propietaria. Los colores de 'Blumengarten Alsen' (Jardín floral en Alsen'), de 1915, y 'Brecher' (Ola), de 1936, no volverán a alegrarle la vista en estos últimos meses de mandato.

Tras la caída del nazismo, Nolde se reinventó. Descolgó la esvástica del balcón, quemó algunos recuerdos incómodos e inició un minucioso blanqueo de su currículum. Para ello aprovechó un hecho real: dos de sus obras habían formado parte de la exposición 'Arte degenerado', con la que el régimen nazi enseñó a los pintores que, si no querían ser señalados como enemigos de la patria -con consecuencias que entonces ya resultaban bastante evidentes-, debían dejarse de moderneces de influencia foránea y limitarse a representar las glorias de la pura raza aria con las sencillas técnicas pictóricas de toda la vida.

Archivo y museo

Lo cierto es que Adolf Hitler no tragaba a Nolde, a quien alguna vez tildó de «cerdo», y despreciaba su obra. Como militante con conexiones en las altas esferas del partido, el pintor logró que sus piezas fueran excluidas de la muestra itinerante que, a partir de 1939, recorrió el país para exhibir las 'extravagancias' en que el régimen de Weimar se había gastado el dinero de un pueblo hambriento. En cambio, en 1941 no pudo evitar que la Cámara de Bellas Artes le obligase a pedir permiso para vender sus obras, un castigo que, terminada la guerra, él exageró en sus memorias, en las que relataba terroríficas visitas de la Gestapo a su casa. Cargar las tintas era necesario porque, mientras él sufría ligeros contratiempos en su actividad profesional, miles de artistas e intelectuales tuvieron que exiliarse -caso de Paul Klee- o fueron gaseados, como Felix Nussbaum. La novela de Siegfried Lenz 'La lección de alemán', de 1969, sobre un artista represaliado al que todo el mundo identificó con Nolde, engrandeció su leyenda.

Revisar el pasado

Todo cambió en 2013 cuando Christian Ring llegó a la dirección de la Fundación Ada y Emil Nolde e impulsó una revisión crítica de su figura. Entre los 25.000 documentos del archivo, los expertos independientes encontraron pruebas claras de su antisemitismo. «Esta espantosa guerra fue iniciada y financiada por un puñado de judíos sonrientes escondidos detrás de los gobiernos y los bancos del mundo», escribió a su mujer en 1943. También hallaron el rastro de sus denuncias al Ministerio de Propaganda contra judíos como el pintor Max Liebermann y el galerista Bruno Cassirer, o su 'chivatazo' sobre el origen semita de su colega Max Pechstein, que era mentira pero contribuyó a su caída en desgracia.

Tras estas revelaciones, algunas voces empezaron a cuestionar que en el despacho de la máxima autoridad del país luciese la obra de un colaborador de Hitler. «Es importante que los cuadros estén en los museos y nos hagan conscientes de nuestra historia -reflexionaba en la prensa el historiador Felix Krämer-. Pero no estoy seguro de que sea una buena elección recibir a mandatarios extranjeros, en ocasiones de países a los que Alemania arrasó, bajo un cuadro de un nazi convencido». Para Christian Ring, Alemania debe abordar el debate sobre la belleza que nació de aquel régimen monstruoso: «¿Cómo lidiamos con la música, con los edificios de la época?».

En el marco de su nueva política de transparencia, la fundación inauguró en abril en Berlín la exposición 'Emil Nolde: el artista durante el régimen nazi' y le dio a la canciller la excusa perfecta para librarse de unos cuadros que empezaban a estorbar. De 'Ola', una colorista representación del rompiente marino en un atardecer rojo, Merkel dijo hace unos años que el artista había logrado crear «una maravillosa representación de un espectáculo natural». Ahora prefiere su pared desnuda.

es el año de nacimiento de Hans Emil Hansen en una familia campesina de Nolde von Buhrkall, el pueblo de Schleswig-Holstein que entonces era Alemania y hoy, tras el referéndum de 1920, es Dinamarca. Adoptó el topónimo como apellido.

La Fundación Ada y Emil Nolde es la encargada de gestionar el archivo y el museo del pintor desde su muerte en 1956.