Sólo sí es sí

Existe un creciente consenso social contra la impunidad de la agresión sexual aunque la reforma de la ley plantea problemas jurídicos

La vicepresidenta Carmen Calvo avanzó ayer, ante la Comisión de Igualdad del Congreso, el deseo del Gobierno de que el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal sean modificadas para considerar agresión sexual toda relación íntima que no cuente con la voluntad expresa de sus protagonistas. El feminismo viene advirtiendo, con razón, de que el lema 'no es no' induce –tanto desde el punto de vista jurídico como en cuanto a los valores de convivencia– que la víctima deba dar muestras expresas y hasta físicas de resistencia para merecer tal consideración. La propia idea de 'consentimiento' sugiere una relación en la que alguien asumiría un rol pasivo frente a la iniciativa de otra persona; estereotipando así la versión más tradicional y machista del vínculo sexual. El 'solo sí es sí' por el que se inclinan los legisladores suecos –en línea con la normativa explorada en Reino Unido, Alemania, Bélgica e Islandia– constituye una guía ineludible para que la ley española, y el creciente consenso social frente a la impunidad de la agresión y la permisividad hacia el acoso, den otra vuelta a la tuerca de la dignidad humana contra la posesión, tanto en las relaciones heterosexuales como en las homosexuales. Es evidente que la tipificación penal de la agresión sexual –violación– como toda acción que no cuente con un sí expreso por parte de la otra persona plantea problemas a la hora de articular tal propósito en el plano jurídico. Pero se trataría de limitar el margen de interpretación que la legislación actual concede a fiscales y –por lo visto– a jueces. De manera que la magistratura no pueda alegar que unos mismos hechos son susceptibles de reproches penales muy diversos; y, eventualmente, de una 'absolución' previa a cualquier juicio. Aunque sobre todo se trataría de consagrar en la legislación penal y procesal un mensaje preventivo y aleccionador, que comprometa al conjunto de la sociedad. Sería importante también que la reforma legislativa anunciada hiciera hincapié en que los delitos 'contra la libertad sexual' lo son, también, contra la integridad de la persona acosada o agredida. La violación o el abuso en ningún caso pueden juzgarse como situaciones puntuales o circunstanciales, ni en cuanto a su naturaleza ni en cuanto a sus consecuencias. Porque el daño que causan en la víctima afecta a su equilibrio personal, a su autoestima y dignidad, y a sus posibilidades de crecer en la vida.

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