La Ley de la Silla está vigente

Son muchas las cajeras, dependientas, empleadas de farmacia y peluquerías que permanecen de pie durante toda la jornada, aunque sea innecesario. Es obligatorio que los empleados tengan un asiento para las horas en las que no hay actividad

GUADALUPE MUÑOZ ÁLVAREZAcadémica correspondiente de la Real Academiade Jurisprudencia y Legislación

Como es sabido durante todo el siglo XIX la intervención del Estado en las relaciones laborales fue excepcional. Los contratos se regían por las normas del Código Civil. Solo estuvo presente estableciendo la prohibición del trabajo a los menores de 10 años y la ley que no permitía a los niños realizar actividades insalubres o peligrosas tales como torero, domador de fieras o buzo antes de cumplir los 15 años.

En el siglo XX se inician en Europa las primeras leyes de protección laboral, entre ellas, las de higiene y seguridad en el trabajo. En 1900 se aprobó en España la Ley de Accidentes de Trabajo; con posterioridad, la del descanso dominical. Un gran avance fue la aprobación de la jornada de ocho horas y la prohibición del trabajo nocturno en talleres y fábricas a las mujeres. Hay que destacar también la conocida vulgarmente como la Ley de la Silla promulgada en el año 1912, que obligaba al empresario a facilitar una silla a las trabajadoras en los establecimientos no fabriles.

Su finalidad era otorgar protección a las mujeres por la incidencia de la postura corporal en su salud, como era la congestión en los ovarios, deformidades en los pies y en la pelvis que sufrían las que trabajaban de pie en comercios, almacenes, oficinas y otras empresas.

Los médicos de la época habían llamado la atención sobre la cantidad de abortos distócicos advertidos en las mujeres que realizaban su trabajo sin disponer de un asiento. Fue una de las leyes más revolucionarias que convirtieron al presidente de Gobierno, José Canalejas, en un destacado reformador social. En su presidencia se introdujeron, entre otras mejoras, el contrato de aprendizaje, la protección en las minas, se instauró la Inspección de Trabajo para conseguir «la función tutelar del Estado», y se suprimieron los impuestos al consumo que se aplicaban a productos de primera necesidad perjudicando gravemente a la clase trabajadora.

Hubo muchas críticas a la Ley de la Silla. Consideraban que era paternalista y discriminatoria por aplicarse solo a las mujeres. Ante este clamor, se dictó en 1918 un Real Decreto extendiendo el beneficio a los varones que gozaron de la misma protección. Sabemos que durante mucho tiempo no existió la igualdad de sexos. La mujer no alcanzaba la mayoría de edad hasta los 25 años, necesitaba permiso del padre o marido para firmar un contrato, no podía abrir una cuenta corriente en el banco, ni aceptar o renunciar a su herencia.

Años más tarde se creó el Ministerio de Trabajo y se promulgaron normas de regulación muy concretas. Entre ellas, la citada Ley de la Silla que fue importante.

Lo triste es que, en la actualidad, aunque no ha sido derogada, apenas se aplica, como podemos advertir fácilmente. Son muchas las cajeras, dependientas, empleadas de farmacia y peluquerías que permanecen de pie durante toda la jornada aunque sea innecesario. Los clientes no van a quejarse de desatención si acuden a un establecimiento y advierten que un trabajador está sentado. Es obligatorio que se disponga de un asiento para las horas en las que no hay actividad. Afortunadamente algunos grandes almacenes aplican esta ley, sobre todo en las áreas dedicadas a la venta de comestibles. Las cajeras permanecen sentadas, salvo para la preparación de encargos. De esta forma, se evitan enfermedades circulatorias y deformidades óseas tanto en jóvenes como en mayores y, en cuanto a las trabajadoras embarazadas, alivia muchos dolores y evita trastornos graves que pueden perjudicar al feto.

La ergonomía es la ciencia que estudia la calidad en la realización del trabajo y ha diseñado las características que tienen que tener los asientos de los que trabajan sentados, los tipos de sillas, los respaldos y la forma del asiento en el trabajo.

Las normas de higiene y seguridad en el trabajo tienen que aplicarse con el máximo rigor. Realizar un trabajo no tiene que ser una tortura, ni ocasionar enfermedades evitables. Los clientes de algunas empresas han presentado reclamaciones o sugerencias para que se ofrezca asiento a los trabajadores, y es cierto que sus peticiones se admiten con relativa frecuencia.

Sin embargo, en ocasiones no son aceptadas, parece que puede resultar antiestético. No se sabe bien por qué. La Inspección de Trabajo es el organismo competente para exigir el cumplimiento de la ley. No es un gasto inútil facilitar un asiento a cada trabajador. Se ha constatado que disminuyen las bajas por enfermedad y la incapacidad laboral.