Siberia es una inmensa hoguera

La ciudad de Novosibirsk envuelta en humo. /Efe
La ciudad de Novosibirsk envuelta en humo. / Efe

Una superficie de bosques similar a la de Croacia se ha quemado este verano. El humo ocupa un área equivalente al tamaño de la Unión Europea

ANTONIO PANIAGUA

Siberia arde como una tea. Tanto que a veces el humo impide ver el Sol. Una inmensa nube blanca preñada de hollín y más grande ya que la superficie de la UE cubre el territorio de la vasta región rusa. Desde finales de junio la Rusia asiática, que normalmente está cubierta por el hielo en las estaciones frías, se consume en brasas y libera toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, agravando aún más la emergencia climática. Los incendios se propagan por las tierras de Krasnoyarsk, Yakutia, Irkutsk y la península de Yamal, mientras que el humo se extiende por territorios que abarcan seis husos horarios. Los damnificados se quejan de que la reacción de la Administración ha sido tardía. De hecho, la humareda roza ya la costa norte de Alaska, aunque el Gobierno niega que el enorme hongo haya traspasado las fronteras de Rusia.

En la aparición de las llamas tienen mucha culpa las altas temperaturas registradas en junio y julio. Por ahora 5,4 millones de hectáreas de bosque -equivalentes a la superficie de Croacia-han quedado reducidas a cenizas en apenas dos meses. La nube de humo es de tal calibre que Greenpeace estima que las llamas están despidiendo tanto anhídrido carbónico como el expulsado por 36 millones de automóviles en un año.

Lo malo no es solo que arda Siberia. Lo terrible es que los incendios están asolando este verano todo el Ártico. Las imágenes por satélite ofrecen un panorama pavoroso de Alaska, Siberia, Groenlandia y Canadá, donde inmensas columnas de humo se yerguen hacia las alturas en un sobrecogedor espectáculo que pocas veces se había visto. Que el Ártico sea una descomunal brasa es muy peligroso para el planeta, por cuanto el carbono desprendido acelera el proceso de fusión de la nieve y el deshielo en la región.

Se ha emitido tanto CO2 como el liberado en un año por 36 millones de automóviles

Por desgracia Rusia está acostumbrada a devastaciones similares, como la infligida por los fuegos en 2012, una catástrofe que arruinó 18,1 millones de hectáreas. La cifra puede ser superada esta vez, según la organización ecologista Greenpeace. Las expectativas no son nada halagüeñas, hasta el punto de que el Gobierno de Putin fía para largo la extinción de los incendios y teme que el foco permanezca activo hasta febrero. Por el momento el daño a los ecosistemas es cuantioso. Unos 13.000 animales salvajes que habitan en la taiga siberiana han muerto o han huido hacia zonas lejos de las llamas.

En una muestra de dejadez que bordea la negligencia, el gobernador de Siberia, Alexander Uss, se rindió ante la fatalidad y dio a entender que los gastos para apagar las llamas eran tan elevados que no convenía hacer el mínimo esfuerzo. Aducía además que el peligro no acechaba a núcleos de población. Resignación. Las palabras del gobernador fueron interpretadas como una provocación y obtuvieron una airada respuesta en las redes, lo que obligó a intervenir al mismísimo Vladímir Putin. En un gesto de autoridad, el presidente ruso envió al Ejército para apagar los incendios. Fue una respuesta enérgica, pero tardía.

Incluso el mandatario estadounidense Donald Trump hizo una oferta de ayuda a su colega ruso para mandar efectivos a la región. Un gesto que Putin agradeció por teléfono al inquilino de la Casa Blanca, aunque por el momento no ha considerado necesario aceptar el ofrecimiento. Quizá el presidente ruso debiera cambiar de opinión, porque la intensidad de los fuegos «está muy por encima del promedio», según declaró a 'The Guardian' Mark Parrington, científico del Servicio de Vigilancia de la Atmósfera del programa europeo Copérnico.

Calentamiento acelerado

El avance de la formidable pira es tal que algunos científicos deslizan la hipótesis de que el Ártico, incluida Siberia, está experimentando un calentamiento que progresa dos veces más rápido que el del resto del planeta. El combate contra las llamas se complica por el hecho de que muchos de los focos se encuentran en zonas de difícil acceso, además de que los bomberos se enfrentan a cientos de incendios a la vez.

El temor de las autoridades estriba en que el fuego prenda la turba del subsuelo. Si así ocurriera, los incendios se volverían subterráneos, lo que dificultaría muchísimo su extinción. A causa de las altas temperaturas de los meses precedentes y de ahora, la vegetación se ha desecado muy rápido. Para colmo de males, la turba es un material orgánico rico en carbono y dotado de una masa esponjosa y ligera que si está seca arde como la paja.

Boguchani, población de 11.000 habitantes situada a 600 kilómetros de la ciudad de Krasnoyarsk, en una de las regiones más afectadas, lleva meses soportando espesas humaredas que varían según la dirección del viento. Los vecinos se encierran en sus casas a cal y canto y se mueven únicamente en automóvil. «No hay nadie en las calles. Los niños ya no juegan. Nadie sale en bicicleta», cuenta Dmitri Ajamadichin, de 37 años, a la AFP en su casa. «Estos dos o tres últimos días llegaron helicópteros para intentar apagar algo. Pero antes de eso no vimos nada de nada». Pese a los esfuerzos desplegados, la magnitud de las llamas es tal que solo se están atacando el 9% de los incendios. Una batalla más perdida.

Unidades militares

Vladímir Putin se ha visto obligado a enviar al Ejército para sofocar las llamas, una respuesta que, aunque enérgica, ha sido tildada de tardía. En media docena de territorios se ha declarado el estado de emergencia. Unos 13.000 animales salvajes han muerto o abandonado sus guaridas, según Greenpeace. La nube de humo ocupa una superficie equivalente a la UE y es tan densa que a veces impide ver el Sol.

millones de hectáreas es la superficie carbonizada por los incendios que asolan desde hace dos meses y medio Siberia. Son cientos los focos que arden. Los expertos creen que en Siberia, y por extensión en todo el Ártico, el calentamiento climático progresa dos veces más rápido.