Señora Sherlock Holmes

Señora Sherlock Holmes

Grace Humiston esclareció varios casos perdidos para la Policía de Nueva York, y la prensa la convirtió en la versión femenina del detective novelesco

ISABEL IBÁÑEZ

Uno de los mayores placeres de ir detrás de una historia es darse de bruces durante el rastreo con una mucho mejor; algo que le ocurrió al escritor estadounidense Brad Ricca. Lo cuenta para este periódico: «Yo estaba investigando otro tema, la organización criminal conocida como la Mano Negra. Encontré una noticia en un periódico de 1917, la leí, pero no me inspiró demasiado. Luego, sin ninguna razón en particular, hice clic en 'Página siguiente' y había un enorme artículo que decía 'La Señora Sherlock Holmes lo hace de nuevo'. Amo a Sherlock Holmes y nunca había oído hablar de una 'Señora', así que me lo devoré, y no me lo podía creer. La vida de Grace -así la llama el autor, con cariño- sonaba como una novela de aventuras. Una vez que me di cuenta de que era cierto y que solo había unos pocos artículos escritos sobre ella, supe que tenía que averiguar más».

Lo hizo tanto como para poder escribir un libro sobre las andanzas de esta extraordinaria mujer, Grace Humiston, quien hace ahora un siglo esclareció algunos de los casos que la Policía neoyorquina había dado por perdidos, convirtiéndose en una leyenda de la época y granjeándose ese apodo por parte de los periódicos después de que arrojara luz sobre lo que había pasado con Ruth Cruger, una joven de 18 años desaparecida en 1917 en medio de la nieve. Su padre contrató a Humiston para que averiguara la verdad una vez que los investigadores oficiales registraran los alrededores sin éxito y cerraran el caso arguyendo que se había fugado con un hombre. Entre los lugares que visitaron estaba una tienda de motos a la que la chica había ido a afilar las cuchillas de sus patines y cuyo dueño estaba en paradero desconocido tras abandonar a su familia, pero los agentes pensaban que, al ser italiano, había huido para que no le cayera el muerto encima por su condición de inmigrante.

A Humiston, sin embargo, algo le daba en la nariz que aquella tienda era la clave de todo y pretendió registrarla, pero la esposa del italiano se negó. Después quiso construir un túnel subterráneo para llegar hasta el interior, e incluso envió a un amigo que se hizo pasar por mecánico encargado de dar con alguna pista, pero todo fue en vano. Finalmente, consiguió permiso de la Policía para acceder al sótano, y sus sospechas quedaron confirmadas; allí estaba el cadáver de la chica, enterrado. A partir de aquello, los periódicos, que habían seguido la búsqueda pertinaz de la mujer, crearon la leyenda de la 'Señora Sherlock Holmes'.

Fue la primera mujer asistente especial del fiscal de EE UU, un alto cargoInfiltrada

Se puso en grave riesgo para destapar una trama de esclavitud

Es en los diarios de aquellos años donde Ricca ha encontrado la mayor fuente de información para escribir la biografía de esta mujer, nacida en el seno de una familia acomodada. Aunque en un principio estudió para maestra y se casó pronto con un doctor, más tarde se divorció y se puso a aprender leyes para abrir un gabinete destinado a ayudar a los más pobres, que le pagaban con prendas de vestir, comida o simplemente nada. 'Justicia para personas con recursos limitados a tarifas moderadas', lo llamó, y se hizo conocida y apreciada entre los más desfavorecidos. «Mi idea es demostrar que una oficina legal para la ayuda de los pobres podría operarse a una escala de precios a su alcance y para su gran beneficio, y creo que esto lo hemos logrado», explicó ella misma a 'The New York Times'. «Grace se volcó en ayudar a las mujeres, pero aceptó a todos los clientes, especialmente a inmigrantes, a los acusados injustamente, y los casos de niñas desaparecidas. En aquella época, a menudo se prejuzgaba a las mujeres por ser 'malas' o cómplices en los delitos en los que se enredaban», recuerda Ricca.

Salvada de la horca

Y a aquel bufete solidario llegó su primer caso relevante: la joven italiana Antoinette Tolla, que apenas hablaba inglés. Había disparado a bocajarro en la cabeza a un hombre que había intentado violarla. Ella alegaba que había sido en defensa propia pero, al no encontrársele arma alguna al agresor -al parecer, eso era determinante-, decidieron declararla culpable de asesinato y la condenaron a morir en la horca. Humiston aceptó el caso sin cobrar y emprendió una desesperada labor detectivesca en pos de la pistola, que apareció 'olvidada' en un cajón de la vivienda del forense. Con ella, consiguió rebajar la pena a siete años de cárcel.

Pero la historia favorita de Ricca es, sin duda, la que la sitúa en una isla en Arkansas llamada Sunny Side, adonde Humiston acudió para investigar una serie de desapariciones de hombres. Estaban allí recluidos en una plantación de algodón en régimen de peonaje, casi de esclavitud, aunque con contratos. «Se trataba de inmigrantes italianos endeudados por la crisis financiera 40 años después del final de la Guerra Civil. Es sorprendente para mí que los dueños de las plantaciones tuvieran el descaro y la maldad de hacer aquello, y sorprendente que Grace se infiltrara y expusiera de aquella manera».

Porque llegó a disfrazarse de vieja vendedora para poder entrar en un campamento, se coló en un vagón que llevaba provisiones y se hizo pasar por periodista que pretendía escribir un artículo sobre la vida en los campos. Incluso viajó hasta Italia y otros países europeos para hallar el origen de aquella red de tráfico de esclavos, y la encontró. Con todo esto, logró que las autoridades estadounidenses se interesasen por el caso y la enviaran a investigar la trama junto al fiscal general, convirtiéndose así en la primera mujer abogada especial de Estados Unidos, como asistente del fiscal; un alto cargo en el departamento de Justicia.

Y finalmente, se esfumó

Con todo, la Policía de Nueva York, en evidencia por la solvencia y la eficacia de aquella Sherlock Holmes femenina, tuvo que intentar congraciarse con la opinión pública y la contrató como detective para que les ayudase en los casos de chicas desaparecidas, a lo que se entregó con pasión. Pero su intento de desentrañar un caso de tráfico sexual en una base del Ejército estadounidense la acabó metiendo de lleno en un lodazal: «Ella estaba convencida de que algo así estaba pasando, pero pillaron a uno de sus agentes que intentaba investigar».

Aquello se produjo en un momento complicado, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, con los jóvenes a punto de alistarse para ir al frente. Por ello, la prensa que la había encumbrado se volvió en su contra. El escritor especula con que la misma Policía a la que había dejado en vergüenza pudo haberle puesto una trampa, «aunque es difícil decirlo con seguridad. Tal vez, simplemente, Grace fue demasiado lejos en este caso. Después, siguió buscando niñas desaparecidas y creó hogares para chicas 'descarriadas'. Sobrevivió a un intento de asesinato y tuvo un accidente que pudo o no haber sido a propósito. Y ya prácticamente desapareció de la vida pública, separada de su marido y viviendo en un bonito edificio con un amigo. No dejó documentos personales ni testamento, y esto es sospechoso. Hay indicios en el libro de por qué ella pudo haber desaparecido de la historia de aquella manera, pero dejaré que el lector los encuentre por su cuenta».