«Muy señor mío....

... es muy posible que le extrañe a Vd. esta carta, pero en conciencia creo que es absolutamente necesario que le comunique a Vd los datos que conozco, al objeto de cortar por todos los medios el que se lleve a cabo un nuevo magnicidio, que no haría otra cosa que enfangar completamente al pueblo vasco y hacer una vez más víctimas inocentes e innecesarias para el buen entendimiento de nuestros pueblos. Por esta razón le ruego que a la mayor brevedad, tiene que ser antes del día 28, me indique fecha, lugar y hora en que me pueda entrevistar con un enviado de usted para ponernos de acuerdo en la forma de abortar dicha acción. Le agradecería, si ello fuera posible, que la entrevista sea con el Sr. Inspector que me interrogó a raíz de mi detención el 26 de enero de 1972; era rubio y algunas veces usaba gafas ahumadas. Creo que se llamaba Miguel Ángel.

Fue conmigo una persona sumamente correcta y me inspiró una gran confianza. Al mismo tiempo, creo que dicho señor recordará que le dije al despedirme que si algún día sabía algo que iba contra mi conciencia se lo comunicaría, y creo que ha llegado el momento. Le ruego que todo ello sea hecho con la máxima discreción, al objeto de que nadie en absoluto de la Organización de ETA pueda suponer ni sospechar de que yo tenga el más mínimo contacto con ustedes, dado que es la forma de que las cosas se puedan llevar a cabo. Le remito esta carta por medio del sr. Cónsul de Bayona. La contestación me la pueden mandar por medio del mismo o bien directamente a mi casa...».

 

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