Pura provocación

Katy Perry, con un estrambótico vestido-lámpara de araña firmada por Moschino. :: ap

La gala MET, dedicada este año a la estética 'camp', se supera a sí misma. Los 'looks' más extravagantes se pasearon por la alfombra rosa neoyorquina

IRMA CUESTA

Cuando parecía imposible superar el nivel de extravagancia de ediciones anteriores, los asistentes a la gala MET de este año se han encargado de obrar el milagro. Siguiendo al pie de la letra las indicaciones de los anfitriones, que sugirieron al ejército de ricos y famosos invitados que se inspiraran en la estética 'camp', la fiesta benéfica que marca la inauguración de la exposición anual del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET) se llenó este lunes de creaciones únicas en las que las plumas, las telas doradas, las enormes plataformas y los tocados más arriesgados se convirtieron en protagonistas. Por la alfombra rosa desfilaron los famosos rendidos a la estética 'camp' y pugnando por hacer historia. Jared Leto, Lupita Nyong'o, Florence Welch, Saoirse Ronan, Katy Perry, Cara Delevingne y, por supuesto, Lady Gaga se enfundaron los más increíbles atuendos proclamándose los astros de la noche. Se trataba de sorprender, divertir y, sobre todo, recaudar dinero para que el famoso Instituto del Vestido consiga sobrevivir holgadamente un año más.

Quizá por eso, porque el fin justifica los medios, Katy Perry no tuvo ningún inconveniente en convertirse en lámpara de lágrimas por obra y gracia de Moschino; Cara Delevingne instaló sobre su cabeza un sorprendente tocado que parecía un maxibodegón de chucherías y Jared Leto, ganador de un Oscar por su trabajo en 'Dallas Buyers Club', se presentó con un 'look' de Gucci que incluía una réplica de su propia cabeza, emulando los últimos desfiles de la firma francesa. Como un San Juan postmoderno o el fantasma de un rey francés camino del cadalso, Leto subió majestuoso los escalones de acceso al museo, en donde, cada año, cerca de 250 personas trabajan durante meses para que nada falte en la gran fiesta de la moda. Pero Leto no fue el único que perdió la cabeza.

Como manda la tradición, la organizadora del evento desde 1995, Anna Wintour, editora de la revista 'Vogue' en Estados Unidos, eligió su equipo de coanfitriones. Escogidos por su relevancia actual o por considerarse los reyes de ese estilo 'camp' con el que pretendía vestirse la noche, la 71 edición de la Gala MET contó con el cantante Harry Styles, la tenista Serena Williams, Lady Gaga y Alessandro Michele, director creativo de Gucci, como invitados de honor. Ellos fueron los encargados de recibir a los 615 invitados llamados a brindar por la moda (se estima que se descorcharon 325 botellas de champaña) hasta bien entrada la madrugada de ayer.

La indomable Lady Gaga

Como cabía esperar, Lady Gaga fue, además de una perfecta coanfitriona, la invitada que apostó por uno de los 'looks' más originales. La cantante, que acaba de encandilar al mundo con su papel en 'Ha nacido una estrella', se presentó en el Metropolitano de la mano de Brandon Maxwell, artífice de su extravagante vestimenta: una inmensa capa rosa de enorme volumen, bajo la cual se escondía un discreto vestido negro con escote palabra de honor que a su vez ocultaba un 'slip dress' tan rosa como la capa. Uno a uno, Lady Gaga fue despojándose de sus ropajes hasta terminar mostrándose ante las decenas de focos apostados al pié de la escalinata... en braga y sujetador.

Tampoco se contuvo el actor Billy Porter, que regaló a los presentes una entrada triunfal, al alcance de muy pocos. Popularizado por la serie 'Pose', Porter se presentó en la gala recostado sobre una suerte de cama faraónica sostenida por seis forzudos con pantalones y botas doradas y torso descubierto. Por si eso no fuera suficiente, el máximo exponente de la cultura 'queer' superó cualquier expectativa al bajarse de su trono y desplegar unas alas doradas. Su estilismo, que habría hecho las delicias de la mismísima Cleopatra, estaba firmado por The Blonds, y los expertos lo han encumbrado como el gran vencedor de la noche por versionar tan magistralmente esa cultura del exceso tan 'camp', y a la vez tan 'drag'. «Otros asistentes han nadado exclusivamente en la superficie, pero Porter se ha sumergido en la estética para destacar otros matices igual de importantes del intrincado concepto 'camp'», aseguraba ayer el portavoz del comité de expertos de 'Vogue' encargado de analizar la gala y poner nota a sus egregios asistentes.

Y es que hay que ser alguien para poder acceder al selecto club de asistentes a la gala. Ni el dinero ni el poder son garantía de conseguirlo. Aunque los invitados más famosos e importantes no pagan por entrar en la fiesta más original y divertida de cuantas hay vinculadas a la moda, se puede conseguir una entrada por 30.000 euros (275.000 si se aspira a tener una mesa) siempre que la organizadora, Anna Wintour, dé el visto bueno. Todo el mundo sabe que es la mítica editora quien confecciona personalmente la lista de invitados. En ella abundan los profesionales más prestigiosos del sector, pero también millonarios de cualquier rincón del planeta, actores y estrellas de la música, la cultura, el deporte, los medios de comunicación y la política. Ni siquiera cuando una determinada empresa paga el precio de una mesa, como si de un palco de Roland Garros se tratara, tiene la libertad de llevar a quien quiera. Año tras año, es Wintour quien decide quién puede estar y quien no estará nunca, por más que lo intente. Así se asegura, por ejemplo, de que Donald Trump no aparezca de improviso, una pesadilla que le quita el sueño.

Cada año, un tema

Después de que el año pasado se rindiera tributo a la influencia de las creencias religiosas en la historia de la moda, y se bautizara la gala con el sugerente nombre de 'Cuerpos celestes, la moda y la imaginación católica', en esta edición los organizadores han apostado por el concepto 'camp', tal como lo definía la escritora norteamericana Susan Sontag en su ensayo de 1964: 'Notes on Camp'. Sontag lo vinculaba con lo antinatural, el artificio, la extravagancia, la ironía, la teatralidad, la exageración, el humor, el pastiche.«El 'camp' está viviendo uno de sus mejores momentos, y nos pareció muy importante para el diálogo cultural rendir homenaje a una estética que, en ocasiones, se cataloga como una frivolidad vacía, pero que en realidad puede ser una herramienta política muy poderosa y sofisticada, especialmente para las culturas marginadas» explicó el británico Andrew Bolton, comisario del Costume Institute, cuando le preguntaron la razón de que este año la fiesta se inspirara en ese concepto sin traducción al castellano.

Acabada la gala y cumplido su objetivo, las puertas de la exposición han quedado abiertas al público hasta el próximo 8 de septiembre. Diseñada por el escenógrafo teatral Jan Versweyveld, que ha colaborado en producciones como 'Network', en ella se muestran 175 obras de arte. Esculturas, pinturas, dibujos y otras creaciones de figuras como Cristóbal Balenciaga, Thom Browne, Gucci, Marc Jacobs, Christian Lacroix, Karl Lagerfeld, Prada... y Palomo Spain. El diseñador español ha entrado en el olimpo de los dioses de la moda por la puerta grande, aportando uno de sus modelos míticos: un vestido con forma de túnica hecho de seda transparente y plumas blancas, al más puro estilo del creador cordobés, que perfectamente podría haber lucido cualquier de los invitados.