Un pueblo con olfato

Arriba, la UCAS al completo. A la izquierda, vecinos de Grisaleña usan una gasa para impregnar su olor. Abajo, un operativo de rastreo. / FOTOS: RAFA GUTIÉRREZ / R. C.
Arriba, la UCAS al completo. A la izquierda, vecinos de Grisaleña usan una gasa para impregnar su olor. Abajo, un operativo de rastreo. / FOTOS: RAFA GUTIÉRREZ / R. C.

Grisaleña, en Burgos, se alía con una unidad canina de rescate para crear el primer banco de olor de España con el aroma corporal de sus 35 vecinos. Si alguno se extravía, «los perros lo localizarán enseguida»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Los habitantes de Grisaleña no son de presumir pero, si se les retara a sacar pecho por algo, tendrían un puñado de insospechados argumentos entre los que elegir. A la sombra de su imponente torre defensiva, que una noche belicosa allá por el siglo XIV, en plena guerra civil castellana, sirvió de refugio a todo un rey, Pedro I, se elaboran unos quesos de oveja cuya fama ha traspasado la mismísima Gran Muralla china. De hecho, se comercializan en ese país. Sin embargo, en esta localidad del corazón de La Bureba, una comarca encajonada entre serranías y montes al noreste de Burgos, se preparan para dar de qué hablar por otro asunto tal vez menos épico, pero sin duda de narices: su Ayuntamiento está a punto de alumbrar el primer banco de olor con las 'huellas' aromáticas de buena parte de su escueto padrón, 35 vecinos.

Se preguntarán, claro, qué motivos pueden mover a un Consistorio a efectuar semejante cosecha de fragancias personales entre sus contribuyentes. La respuesta es sencilla: «Acelerar la búsqueda» en el caso de que un día, a causa de un accidente, un despiste o cualquier otra causa, no se encuentre razón sobre el paradero de alguno de ellos y así localizarles «cuanto antes». Para ello, el alcalde debutante de esa localidad, Aitor Goikoetxea -un guarda forestal con apenas un mes de bagaje al frente de la Corporación, por Ciudadanos-, ha firmado un acuerdo de colaboración con la Unidad Canina de Rescate y Salvamento (UCAS) de Arrate, un servicio ubicado en la población vecina de Cubo de Bureba y sustentado por una decena de voluntarios y tres perros adiestrados para seguir el rastro de humanos. Juntos se han propuesto conformar un «eficaz» dispositivo de búsqueda de personas, único en un país que cada día registra cuatro casos de desapariciones.

Los grisaleños se acaban de enterar de que van a hacer historia. Hace apenas una semana, el regidor les convocó a una reunión informativa en la que les sorprendió con la presentación de un novedoso programa bautizado 'No te pierdas'. Aunque en un principio todo fueron ceños fruncidos y muecas de extrañeza, admite Goikoetxea a este periódico, «en cuanto se lo explicamos les pareció una idea estupenda y muchos se decidieron enseguida a participar ellos mismos o a inscribir a sus familiares. Están entusiasmados». «Por supuesto, la participación es absolutamente voluntaria», matiza.

«Un mayor se puede desorientar y un crío, caerse a una acequia» Aitor Goikoetxea, Alcalde de Grisaleña

«Algo falla cuando un país acumula más de 12.000 desaparecidos» Valentino de la Calle, Experto en rescate con perros de rastreo

Arriba, la UCAS al completo. Abajo a la izquierda, vecinos de Grisaleña con una gas para impregnar su olor; a la derecha, operativo de rastreo. / R. G / R. C.

Sin perder tiempo, el Consistorio procedió a distribuir gasas esterilizadas entre los interesados con el mandato de que las llevaran encima durante todo un día y que, en ese tiempo, las manosearan a discreción y las usaran para contener los sofocos estivales, como si se tratara del clásico pañuelo de algodón. «Es muy importante que no dejen a nadie más tocarlas para evitar contaminaciones. Confundirían al perro», enfatiza el alcalde. El objetivo es que los tejidos se impregnen bien de la fragancia corporal de cada cual.

El miércoles arrancó la operación para compilar y archivar las muestras con una pintoresca romería a la Casa Consistorial, en donde los interesados han ido haciendo entrega de las gasas aromatizadas, introducidas convenientemente en envases similares a los que se emplean para la recogida de orina. «Esos botes se depositan a su vez en el interior de otros contenedores que, a su cierre, quedan precintados. A continuación, se identifican con un código de seguridad, de manera que las identidades de los vecinos quedan protegidas. Por último, el titular de cada muestra firma una autorización de uso de ese material», detalla Goikoetxea.

Una llave con solo tres copias

Tan solo el alcalde, la teniente de alcalde y un concejal tienen copia de la llave del armario habilitado en dependencias municipales para custodiar el banco de olor de Grisaleña. El modo de empleo es simple. Un vecino da la voz de alarma por la desaparición de un paisano; se avisa a los responsables de la Corporación y a la UCAS de Arrate para que acudan de inmediato al Ayuntamiento. Allí procederán a la apertura del mueble de las esencias y a la selección del envase de la persona extraviada para darle a oler la gasa a uno de los perros del instructor Valeriano de la Calle. «Una vez que el animal lo registra, lo habitual es que utilicemos la casa del extraviado como punto de partida de la búsqueda o su coche, si es que ese fue el último lugar donde se cree que estuvo. El perro tomará el camino que siguió», asevera.

Un sabueso de la UCAS sigue un rastro.
Un sabueso de la UCAS sigue un rastro. / R. G.

El instructor, un transportista apasionado por el rescate que sustenta de forma altruista este servicio, confía ciegamente en el éxito del dispositivo que ha montado en colaboración con el Ayuntamiento de Grisaleña. «Cuando se trata de localizar a una persona desaparecida con perros de rastreo, el tiempo resulta crucial. Por eso, necesitamos ponernos a ello cuanto antes. Un día de 40 grados hace que se evapore el rastro sobre el asfalto y una tormenta fuerte barre los olores. En este caso, se nos va a avisar de inmediato, con lo que las posibilidades de dar con el vecino extraviado serán muy altas».

Desde que De la Calle puso en marcha la UCAS de Arrate, en 2011, el servicio participa en una media de quince búsquedas al año en toda España. Sin embargo, en la mayor parte de los casos «poco hemos podido hacer». «Siempre nos llaman los familiares, desesperados, a los dos, tres o cuatro días de la desaparición, cuando apenas quedan ya rastros detectables para nuestros perros. Para ser efectivos es imprescindible que entremos en acción desde el primer momento. Si es así, nuestros perros lo encontrarán» , reitera, al tiempo que reivindica la técnica canina frente a los «aparatosos» y «poco eficaces» protocolos de actuación de las administraciones. «Cuando un país tiene abiertos más de 12.000 expedientes por desaparición, parece evidente que algo falla».

El regidor de Grisaleña, un experto rastreador de huellas animales y humanas en su calidad de vigilante de varios cotos de caza de La Bureba, comparte esa visión desde que, hace un año, se unió como voluntario al operativo para localizar a una vecina de Briviesca y conoció el trabajo de la UCAS. «Sus perros siguieron su rastro hasta un punto en el que se perdía. Resultó que la mujer estaba a tan solo 400 metros de allí. Aunque apareció viva, falleció al día siguiente de hipotermia. Aquello me supo muy mal», evoca. Pensó en los vecinos de su pueblo. La mayoría, mayores que salen a diario a pasear por los alrededores y que fácilmente se pueden desorientar. Y en los niños, que en un día de juegos pueden acabar en una acequia. «Con esta iniciativa, queremos contagiar a otros pueblos, a las residencias de mayores... Es una herramienta sencilla y barata con la que podemos evitar muchos disgustos», publicita.