La perversión de la ignorancia

La incomprensible necedad de aquellos que hacen apología de la ignorancia está llevando al mundo a un retroceso vital, racional y social que amenaza con desembocar en nuevos totalitarismos, en nuevas tiranías o mesianismos que pueden alterar el rumbo de la humanidad

JOAQUÍN PAREDES SOLÍSFilósofo

Hoy vivimos tiempos revueltos y confusos provocados por múltiples factores que tienen que ver con la saturación, el cansancio, el desencanto y la sensación de una ausencia de nuevos horizontes que diseñen futuros habitables con ciertas garantías de estabilidad en el desarrollo y evolución de las mejoras conseguidas a lo largo del tiempo por la humanidad, mejoras que han redundado en un bienestar, una prosperidad y un progreso en los modos de convivencia basados en la igualdad, en el respeto y en la consideración de las personas y también en las condiciones de vida, tanto en las condiciones de salud, libertades y derechos, como en el incremento de los bienes materiales y espirituales que permiten una civilización de los comportamientos y la satisfacción que produce el gozo de una existencia digna.

La perversión de la ignorancia, que tergiversa y contamina lo real, y la incomprensible necedad de aquellos que hacen apología de la misma, despreciando el conocimiento y su verosimilitud, los datos, los hechos y las evidencias construidos a lo largo del tiempo en una titánica tarea metódica y epistémica por aquellos que no se conformaban con la inmediatez de los percibido o con las explicaciones mítico religiosas y las supersticiones y prejuicios que estas promueven y arrastran, están llevando al mundo a un retroceso vital, racional y social que amenaza con desembocar en nuevos totalitarismos, en nuevas tiranías o mesianismos que pueden alterar el rumbo de la humanidad y sumirla de nuevo en tiempos oscuros y dramáticos, de triste memoria. Desprestigiar el modo de vida democrático, despreciar el valor de las mujeres como un logro de la civilidad o ignorar el valor de las vacunas como una conquista de la medicina y del saber; jactarse, incluso en público, de no leer un solo libro, está propiciando la vuelta a planteamientos medievales, sectarios e intolerantes, como la afirmación de que la Teoría de la evolución o los Derechos Humanos son inventos malignos, que no existió el Holocausto o que la Tierra es plana, olvidando la historia y los descubrimientos, las respuestas y los hallazgos que se han producido en todos los ámbitos del saber. Estas actitudes forman parte de esa epidemia o estrategia que desdeña o niega incluso el valor del conocimiento, de la razón, de la ciencia y de la ética en la formación de un mundo mejor, que son los medios que utilizamos para ser capaces de sembrar dudas razonables en tanto despropósito y en tanto dogmatismo.

Los procedimientos, el compromiso y la participación de la ciudadanía también son andamios importantes que no podemos ignorar o rechazar en la construcción y conservación de sociedades saludablemente democráticas, por lo que el deterioro y la contaminación de este modo de convivencia, que tantas y tan positivas mejoras ha traído a los seres humanos, no es solo responsabilidad de políticos, medios de comunicación, empresarios, sindicalistas o intelectuales, sino de toda la ciudadanía, que con su desidia, su indiferencia o su falta de formación crítica y analítica está quizás permitiendo la pérdida de un modo de vida que tenemos la obligación de conservar y mejorar, como un legado fértil, para el futuro.