Pensar con la barriga

Más de 480 socios pusieron en marcha en diciembre de 2017 el súper Labore de Bilbao. :: labore/
Más de 480 socios pusieron en marcha en diciembre de 2017 el súper Labore de Bilbao. :: labore

Miles de familias crean supermercados cooperativos. Sus socios defienden cestas ecológicas, de cercanía y con precios justos. «Hay mucha gente a la que llegar», insisten

ANTONIO CORBILLÓN

Se cumplen sesenta años de la llegada de los supermercados. Fue una réplica del modelo norteamericano que aterrizó en la España de 1959 que trataba de salir de la autarquía franquista y se mostraba dispuesta a abrazar el avance del consumo. Cuajaron porque nos hicieron más fácil la vida: comprar de todo a la vez y en horarios muy amplios. Las tiendas de barrio empezaron ya a mirar de reojo a esos 'abusones' en espacio, ofertas y precios. Seis décadas después, casi no hay calle de una gran ciudad que no tenga un súper. O dos. Pero la supuesta diversidad de siglas y marcas esconde su lógica económica. La mitad de los alimentos que compramos los europeos se los reparten entre diez cadenas. Si abrimos el foco, apenas medio centenar de firmas llenan las cestas y estómagos del mundo.

El incipiente ecologismo que arrancó en los años noventa también se acabó colando en la cesta de la compra. En muchas ciudades españolas, grupos de autoconsumo en complicidad con productores locales siguen tratando de poner conciencia y parámetros ecológicos en la leche, la fruta o en sus jabones bio. «Tras décadas de trabajo en penumbra, el movimiento va ganando la batalla sobre la necesaria transformación del modelo alimentario», resume el sociólogo y experto en Seguridad Alimentaria José Luis Fernández 'Kois', referente teórico en la materia en España.

Son colectivos y cadenas humanas, siempre a pequeña escala, que en los últimos años están dando un salto más en su defensa de que otra forma de comprar es posible. Así, se han abierto en el país una docena de tiendas y supermercados cooperativos gestionados por los propios consumidores. Si el súper llegó de Estados Unidos, su réplica también. El documental 'Food Coop' cuenta el día a día de los 17.000 socios que han convertido Park Sloope Food, abierto en Brooklyn (Nueva York) en 1973, en el modelo a imitar. El director de la cinta, Thomas Boothe, fue ademas fundador del súper La Louve en París (6.000 socios), referencia en Europa.

«Saber de dónde viene y cómo se gestiona la comida es un debate necesario»

Hasta la capital francesa se fueron los gestores de La Osa. El próximo enero abrirán el primer supermercado cooperativo de Madrid, en el distrito de Tetuán. Tres años de maduración y el apoyo del programa europeo MARES les permitirán abrir un espacio de 900 metros cuadrados, financiado con banca ética. «Somos una cooperativa sin ánimo de lucro y de ahorro directo; el margen que conseguimos por la venta de los productos se reinvierte en abaratar los mismos», explica su presidente, Tomás Fuentes.

Ni carritos, ni trucos de venta

Como el resto de aventuras de consumo cooperativo, se gestionará de forma mixta: habrá trabajadores que atiendan 'in situ' y el día a día se completará con el esfuerzo voluntario de varias horas semanales de cada socio. «Ese compromiso ayuda a abaratar costes de los distribuidores», argumenta Fernández 'Kois'. En Madrid llevan camino de alcanzar los mil socios, la 'masa crítica' que hará viable económicamente el proyecto, aunque esperan superarlos con creces antes de que culmine el año. «Como las personas que consumen en estos supermercados son copropietarios y toman decisiones en el día a día, se crea una implicación real», asegura Fuentes.

Lo saben bien los que ya abrieron sus puertas. Som Alimentació cumple estos días un año de su aventura en Valencia. Labore, en Bilbao, alcanzará los dos en diciembre. En sus pasillos reina un ambiente familiar. Nada de música de continuidad para que la gente empuje el carrito rápido, ni megafonía con ofertas para engordar la lista de la compra. Las bolsas de plástico están desterradas.«Teníamos claro que queríamos crear un espacio de consumo con criterios propios: precios justos, productos de proximidad y ecológicos», resume desde el local valenciano Fernando Navalón. En sus 260 metros cuadrados, ofertan mil referencias, el 90% de producción levantina o nacional. Frutas y verduras relucen con orgulloso origen de agricultores de la tierra.

Casi la mitad de sus quinientos socios aportan cuatro horas de trabajo voluntario al mes. «Así logramos abaratar algo los costes», aclara Navalón. La experiencia valenciana tiene como novedad que no es necesario ser socio para entrar en su local. Pero sí obtienen un descuento del 20%. El aniversario llega con aires de optimismo. «Hay un nicho muy grande de personas a las que llegar. Es cuestión de juntar gente y hacer las cosas bien. Queremos replicar este proyecto en otros barrios de Valencia», avanza Navalón.

Competir no es el modelo

Si hay un barrio atestado de súper convencionales en Bilbao es el populoso Santutxu. Y allí ha abierto sus puertas Labore. «Nuestro modelo no es competir con los demás, sino apostar por un cambio de mentalidad», apunta Joseba Martín, del grupo promotor. En sus 300 metros cuadrados, estanterías con 900 productos de casi un centenar de proveedores. Desde huerta de temporada, a carnes de ganaderos vizcaínos. «El 80% de los distribuidores son vascos o navarros, algunos también socios», aclara Martín, que insiste en que «hemos logrado unos precios muy ajustados y con poca diferencia respecto al resto». No faltan conservas, aceites o vino, higiene... Y siempre, con la filosofía de origen por delante: proximidad, criterios sostenibles en la elaboración y precios justos para el que produce y el que compra. «En algo tan importante como la alimentación, saber de dónde viene y cómo se gestiona cada producto nos parece un debate necesario», enfatiza Joseba Martín.

En Labore tampoco se escucha el tintineo de la caja registradora. Su medio millar de familias asociadas pagan con tarjeta o con un sistema de bonos, abierto a que cualquier interesado pueda usarlo un par de veces y probar. «Es una manera de fidelizar a la gente», esgrimen desde Labore. Aunque quieren ir «de forma pausada», esperan duplicar socios para consolidar aún más su proyecto.

Landare (Pamplona), Bio Alai (Vitoria), El Encinar (Granada), El Rodal y La Egarense (Barcelona) son otros comercios cooperativos que ya funcionan. Y hay grupos a punto de dar el paso en varias localidades vascas o Zaragoza. Todos han hecho realidad la parábola de 'la tortuga solidaria que hace frente a la liebre capitalista'. No tratan de cambiar las normas de la competencia mercantil, pero las miles de familias implicadas defienden que, en algo tan serio como la comida, «se puede y se debe plantear la necesidad de democratizar la forma de acceder a ella. Es imposible ser coherente al 100% con todos los parámetros ambientales, pero, al menos, hay que sumar esfuerzos para acercarnos», defiende Fernández 'Kois'.