Partir sin dejar huella

Un niño escribe mensajes de despedida en un ataúd de cartón de la firma Resistible. :: r. c./
Un niño escribe mensajes de despedida en un ataúd de cartón de la firma Resistible. :: r. c.

El escándalo de los ataúdes de quita y pon ha avivado las voces que claman por un cambio legislativo que los haga más ecológicos. Ya se fabrican desde féretros 100% biodegradables a urnas de cáscara de coco

IRMA CUESTA

No es que en Játiva les dé menos pereza morirse, o que hagan el viaje al otro mundo con más alegría que el resto de los mortales, pero sin duda están mucho más familiarizados con la muerte. En este municipio valenciano de alrededor de 30.000 habitantes, cinco empresas llevan décadas dedicadas a fabricar féretros, entre ellos la famosa e inmensa (su fábrica ocupa 17.000 metros cuadrados) Cooperativa Divina Aurora. La mayor productora de ataúdes de España -y la tercera de Europa- coloca cada año en el mercado no menos de 68.000 cajas en las que uno puede realizar cómodamente el tránsito a la otra vida. Un negocio tan próspero como seguro, que lleva días en el punto de mira.

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Desde que se destapó la 'Operación Ignis', y quince personas esperan entre rejas a que los jueces confirmen que quemaron cadáveres a los que previamente habían sacado del ataúd para reutilizar las cajas las veces que hiciera falta, fabricantes y empresas dedicadas a ofrecer servicios funerarios se esfuerzan en llamar a la calma. Un sector que no conoce la crisis (un ataúd medio cuesta cerca de mil euros) y que evoluciona conforme lo hacen sus clientes, cada día más dispuestos a optar por las incineraciones y las despedidas respetuosas con el medio ambiente.

En Divina Aurora, con clientes tan conocidos como Francisco Franco, Camilo José Cela o Fernando Martín, en cuyo ataúd trabajaron a destajo toda una noche para enviar a Madrid una caja de más de dos metros en la que pudieran descansar los restos de la malograda estrella del baloncesto, el 45% de los féretros que fabrican ya son ecológicos. Pero, ¿qué es un ataúd ecológico? La realidad es que parece haber muchas respuestas. «Según las normas vigentes, se considera ecológico si está realizado con madera que proviene de cultivos renovables; si en su confección se han utilizado tintes y barnices con base acuosa, y los elementos textiles del interior son naturales, fundamentalmente algodón», explica Rafael Palacín, director comercial de Divina Aurora y portavoz de Iberataúd, una organización que defiende y promociona el producto autóctono. Este organismo, creado para proteger el mercado nacional de la invasión de féretros 'made in China', asegura que en estos últimos años las empresas españolas se han hecho más competitivas, y que la prueba está en que prácticamente todas las cajas que se utilizan en España son de fabricación patria. «El objetivo es ofrecer calidad y garantías, y eso los fabricantes españoles lo hacen», explica Palacín.

«Un ataúd es de las pocas cosas que todos llegaremos a utilizar» Manuel Revilla Fundador de Resistible

«Os vais a morir»

El día que el responsable de la empresa Resistible presentó su proyecto, se dirigió solemne a sus interlocutores y les dijo: «Hola, me llamo Manuel Revilla... y os vais a morir». Era, o al menos eso pensó este emprendedor burgalés que ha apostado por la fabricación de ataúdes con materiales 100% sostenibles, la mejor manera de explicar el inmenso 'target' al que va dirigido el invento que se trae entre manos. «A lo largo de la vida, uno puede optar por prescindir de lo que quiera, pero esto es lo único que en algún momento vamos a tener que utilizar», afirma, convencido de que han ideado la mejor manera de despedirse: un ataúd ecológico en el que la familia del fallecido puede escribir cuantos mensajes de cariño se le ocurran, porque la parte superior está acabada en un material parecido a la pizarra para que la familia del finado, tiza en mano, dé rienda suelta a la creatividad.

Revilla cuenta que su aventura comenzó tomando un café con unos amigos y preguntándoles cómo les gustaría que fuese su funeral. «De ahí nació nuestro ataúd: personalizado y respetuoso con el medio ambiente. ¿El problema? Que llevamos en esto desde 2013 y ha quedado claro lo difícil que es meter la cabeza en el sector, una especie de 'lobby' que maneja muchísimo dinero y que no quiere que cambien las cosas. La prueba está en que un par de veces al mes recibimos una llamada de alguien que quiere uno de nuestros ataúdes. Cuando les decimos que no hay problema y que se lo enviamos a su funeraria, comienzan las pegas, y el cliente, en un momento en el que uno no está para dar muchas vueltas a las cosas, termina desistiendo».

Como Revilla, cuyos ataúdes se venden por unos 1.500 euros, otras empresas españolas llevan años tratando de introducirse en un mercado que mueve 1.505 millones anuales. Algunos, como Rest Green, que desde 2009 pretende ofrecer la opción por la que han optado muchas personas en otros países, la utilización de resistentes cajas de cartón que cuestan poco más de cien euros, están a punto de tirar la toalla. «En este mundo no entra nadie que ellos no quieran. Nada que ellos no controlen», lamenta Javier Ferrándiz, que señala a las empresas funerarias como responsables de que su empresa solo haya vendido una caja en los últimos tres años y llama a los poderes públicos a «liberalizar el sector».

«Un cementerio tradicional es un vertedero de residuos humanos» Félix García Pedroche Director general de Funeco

Cadáveres deshidratados

Frente al desánimo de Ferrándiz choca la perseverancia de Funeco, una empresa fundada en 2011 por Félix García Pedroche, que está decidida a cambiar nuestra idea de cómo debemos decirle adiós a la vida. Funeco, que según explica Félix acaba de ser homologada por la Comunidad de Madrid para la organización de entierros ecológicos, plantea la creación de cementerios en los que no haya lápidas ni mausoleos sino árboles, y frente a los ataúdes de ébano se impongan los fabricados con madera reciclable.

Aunque dicho así puede parecer suficiente hasta para el capitán del mítico 'Rainbow Warrior', el buque insignia de Greenpeace, a los fundadores de Funeco les parece poco. «Estamos trabajando en una máquina de deshidratación de cadáveres porque los fluidos humanos son altamente contaminantes. Nosotros consideramos un cementerio convencional un vertedero de residuos humanos y, por supuesto, estamos en contra de la incineración», explica García Pedroche. Su idea, precisa, es enterrar los cadáveres verticalmente y, sobre ellos, plantar un árbol. «A algunos les puede resultar extraño, pero no lo es. Y, desde luego, las nuevas generaciones tienen muy claro que el futuro pasa por un entierro sostenible. Incluso la Iglesia católica está de acuerdo. Al fin y al cabo, estamos hablando de proteger la obra de Dios».

Hay propuestas de todo tipo, como la de Urna Bio, otra opción imaginativa para desprenderse de las cenizas del ser querido: una vasija realizada por presos de cárceles catalanas con cáscara de coco, turba compactada y celulosa, y en ella una semilla de la que, con el tiempo, brotará un bonito arbusto.

Frente a semejante lluvia de soluciones alternativas a los tradicionales entierros y cremaciones, la patronal de las empresas funerarias tiene bastante estos días con templar los ánimos. «Claro que estamos sobresaltados. Es normal», afirma Alfredo Gosálvez, secretario general de Panasef, la Asociación Nacional de Servicios Funerarios, cuando le preguntan por el escándalo que ha colocado a la firma vallisoletana El Salvador en el centro de todas las miradas. «El sector lleva años trabajando para ofrecer el mejor servicio y evitar casos como este. El mensaje que ahora debe calar es que el 99,9% de las personas que trabajan en esto son profesionales».

Gosálvez tampoco cree que una mano negra esté tratando de cerrar la puerta a nuevos productos u opciones de negocio relacionadas con su sector. «Debe tenerse en cuenta que los reglamentos están en manos de ayuntamientos y comunidades autónomas. Si consiguen que les homologuen, pues perfecto. Pero somos prudentes y no vamos a entrar en ninguna polémica ni a hablar de ataúdes».