Cuando la multitud te deja solo

Soledad en una calle del popular barrio de Shinjuku, en Tokio./
Soledad en una calle del popular barrio de Shinjuku, en Tokio.

Ignacio Pereira 'vacía' las ciudades habitualmente abarrotadas y las inmortaliza con una sola persona. Soñaba con conocer a alguno de sus retratados. Uno le acaba de llamar

ISABEL IBÁÑEZ

Se ha levantado con una maravillosa sorpresa. Ignacio Pereira (Talavera de la Reina, 1980) lleva años recorriendo el centro de las grandes ciudades para inmortalizarlas vacías de la multitud que habitualmente abarrota sus calles. Y no solo eso; buscando en sus fotos siempre se encuentra una única persona, embebida en sus pensamientos, quién sabe si disfrutando o sufriendo la soledad... Sin darse cuenta de que el objetivo de Pereira acaba de congelarle para la eternidad. Siempre había querido el fotógrafo volver a coincidir con los protagonistas de sus obras, a los que suponía vidas, dramas... «Sí, me imaginaba sus historias, y deseaba que alguno se reconociera y contactara conmigo. Por ejemplo, el protagonista del Millenium Bridge en Londres. Le regalaría una foto firmada». Pues pasó el viernes.

«Hola Ignacio. Cuando mi familia me vio en tu reportaje no se lo creía. Menos aún yo. Unos días en Nueva York y aparezco en el telediario. Lo cierto es que prefiero hacer fotos a salir en ellas, y de repente ahí estoy yo, ¡solo!, en Times Square, con mi abrigo y mi mochila, haciendo fotos con mi móvil. Ese soy yo, Miguel Ángel Ramos». Es lo que Pereira estaba esperando. Al fin, uno de sus retratados... Un reportaje sobre su obra emitido en un informativo de televisión ha obrado el milagro. «Hoy por la mañana me ha contactado el protagonista de la foto de Times Square y me he quedado alucinado, estuvo de turismo en Nueva York con su mujer en las mismas fechas que yo, es de Madrid y se quedó de piedra cuando se vio en el reportaje», cuenta el artista. «He quedado con él para darle su foto después de Semana Santa», dice.

Nació
Trabaja
Recibió el premio
Prepara

Al principio, Pereira buscaba simplemente 'vaciar' las ciudades, aunque, evidentemente, a la vista de los lugares elegidos, es imposible encontrarlos desprovistos de las hordas de caminantes que llenan esos espacios a todas horas del día y casi de la noche. ¿Cuánto tiempo ha esperado para pillar ese vacío? ¿A qué hora está tomada la imagen? De ahí la sorpresa de Ramos cuando se vio solo en la foto de Nueva York. «El misterio de la técnica es lo que genera interés. No me parece importante el 'cómo', sino el 'qué'. Yo añado la cuarta dimensión a la fotografía, la dimensión del tiempo. Si se piensa, se llega a la solución».

«Una chica lloró ante la foto de la Castellana. Dijo que nunca querría sentirse tan sola»Fotografió la Gran Vía de Madrid desde el mismo edificio en el que la pintó Antonio López

Aun así, se anima a dar una pista sobre el proceso de obtención de estas composiciones: «Después de un estudio de iluminación, flujo de personas y meteorología, realizo una sesión de veinte minutos aproximadamente y finalmente selecciono entre veinte y treinta fotos, eligiendo de cada una el espacio en blanco (vacío) que me interesa». La edición digital, el montaje, hará el resto, retoques a pincel incluidos. Todo para embellecer esas imágenes, que a unos les parecen inquietantes, apocalípticas, producto de una invasión zombie o de una hecatombe química... y a otros, placenteras, atractivas, deseables.

Pensó que añadir una sola presencia humana le aportaría un toque distinto: «Esta persona es el fin de la fotografía, sin ella nada tiene sentido. La foto pasa de estar muerta a estar viva, nos transmite sensación de alegría o tristeza, y nos da la escala real del espacio. Por ejemplo, la estación Central de Nueva York sin la persona perdida leyendo un mapa sería solo un edificio cerrado». Sus propias obras le transmiten «mucha paz», aunque distingue bien entre dos tipos de soledades, «la elegida, absolutamente maravillosa, el momento de no hacer nada, pensar sin prisas, sin dar explicaciones a nadie... y la obligada, un sentimiento que nadie debería sufrir. Soy una persona a la que le gustan las ciudades, pero me agobian las aglomeraciones, así que esta era la solución perfecta para disfrutar de ambas cosas».

Desasosiego

- Y los espectadores, ¿qué le dicen, qué sienten?

- Pues todo lo contrario; me dicen que, sobre todo, les transmiten desasosiego. Pero eso es lo bueno, que cada uno saque su propia conclusión. Lo malo sería pasar indiferente ante una expresión artística. Uno de los momentos más emocionantes fue el que sucedió durante una exposición; una chica estuvo mirando la foto de Paseo de la Castellana durante un rato, me acerqué para presentarme y preguntarle qué le sugería. Con lágrimas en los ojos, me dijo: 'Nunca quiero estar tan sola como esa persona'.

Pereira se ha ocupado de retratar Madrid, donde vive. en diferentes puntos. La Gran Vía es una travesía abandonada en la que un trabajador de esas empresas de reparto en bicicleta que proliferan desde hace un tiempo en nuestras ciudades es el único humano a la vista. Si, ya de por sí, contemplar a uno de esos 'autónomos' que llevan paquetes contrarreloj para sacar mayor rendimiento, haga sol o nieve, nos arranca empatía, verle en medio de una calle absolutamente vacía, la acera mojada por la lluvia, hace este sentimiento aún más poderoso. «Esa foto con el repartidor es sobrecogedora en directo; la instalé en un despacho de abogados. Tenía casi tres metros y el cliente, cuando la vio, me dio un abrazo, literalmente», recuerda el artista.

Mucho en estas fotos madrileñas conduce automáticamente a la obra del gran pintor Antonio López: «Para fotografiar la Gran Vía tardé mucho en localizar al propietario del edificio, que estaba en Barcelona, aunque finalmente me facilitaron muchísimo el trabajo. Por cierto, es el mismo edificio donde estuvo trabajando López, al que no suelen dejar acceder porque se puede convertir en un paseo de fotógrafos en busca del encuadre perfecto». ¿Hay alguna foto que se le resista por culpa de algún propietario negado a abrirle su casa? «Sí, la foto de la Puerta de Alcalá, pero no voy a decir la empresa que no me deja acceder».

Otra de sus aportaciones muestra al diestro Talavante enfrentándose al toro completamente solo en Las Ventas. «Fue realizada en noviembre del año pasado, y un mes después la cerraron para remodelarla. Yo quería hacer un homenaje a esa impresionante plaza que data de 1939, y además retratar a uno de los toreros favoritos de Madrid, que estaba pasando por un momento de soledad. Y finalmente anunció su retirada, fíjate que esa fue precisamente su última corrida».

De lejos y de cerca

Al principio, lo realmente importante para este artista era el espacio, y la persona, una mera anécdota. Y lo que pasó es que el concepto de soledad fue poco a poco tomando relevancia hasta que se convirtió en el eje central: «Ha sido un proceso natural que se ha convertido en buscar la historia, ver quién tiene algo que contar. Ahora lo que hago es buscar un lugar singular y esperar a que pase mi protagonista para aislarlo».

- ¿No le gustaría ser protagonista de una de sus fotos?

- No, prefiero estar detrás. Sí que me gustaría hacer una foto de familia con mi mujer y mis hijas en la Plaza de San Marcos de Venecia.

Distingue dos tipos de fotos en su obra: las grandes producciones que retratan la Gran Vía madrileña, el edificio Flatiron neoyorquino, el cruce de Shibuya en Tokio... -«estas están realizadas desde gran altura y con gran producción, donde lo más importante es el espacio»-, y luego están las otras, las «historias de cerca», como las llama él, realizadas a pie de calle, desde el suelo, en las que la persona roba todo el interés de la escena. «A mí me gustan más estas», confiesa.

«Estuve trabajando en Nueva York un mes y todos los días pasaba por Times Square buscando el momento y el encuadre perfectos. Y no había manera, no me encontraba cómodo, estaba dispuesto a volverme a Madrid sin esta imagen. El último día, simplificando el encuadre, conseguí una de mis 'historias de cerca' preferidas». Sí, se refiere a la del turista español Miguel Ángel Ramos sacando fotos con su móvil, mochila a la espalda, sin saber que Pereira andaba cerca, a la caza del solitario.