La muerte reptante

Ejemplar de mamba negra, habitual en el sur y este de África. :: r. c./
Ejemplar de mamba negra, habitual en el sur y este de África. :: r. c.

Las serpientes matan o incapacitan a 500.000 personas al año. A menudo, campesinos pobres.La OMS hoy un plan para atajar la «epidemia»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Arop Magut, un campesino sudanés de 49 años, se dirigió como cada mañana a su modesto terreno donde cultiva sorgo, un cereal muy común en África oriental, que lo mismo sirve para saciar el hambre de humanos y de animales, que para hacer escobas. Las lluvias torrenciales de la noche anterior habían anegado la zona y no pudo verla, ni siquiera presagiarla. De repente, el agua se rasgó y «sentí un dolor muy fuerte. Cada vez era más intenso y decidí volver a casa. Me acosté y enseguida me subió la fiebre. Tomé paracetamol y la temperatura bajó. Pero el dolor continuó y la pierna seguía inflamándose. No podía moverme. Temía por mi vida. No hay más casas cerca de la mía, así que no podía pedir ayuda». Arop agonizó durante tres días. Al cuarto, su madre decidió partir en busca ayuda. Volvió con unos vecinos que le llevaron en su propio camastro hasta la carretera. Un coche le trasladó hasta un hospital de Médicos sin Fronteras (MSF) en la localidad de Agok. Desde una habitación que comparte con otros enfermos, el hombre cuenta que ya ha sufrido cinco operaciones y que los doctores creen que habrá que volverle a abrir.

Unas camas más allá se restablece Aluk Manut, seis añitos y una sonrisa tímida sobre su pierna vendada. Lleva veinte días ingresada. Pero ya no llora. Empezaba a anochecer cuando estaba fuera de su casa jugando sentada y una serpiente le mordió en el pie. Su madre la mató a palos. De los diminutos orificios que el áspid perforó con sus colmillos empezó a brotar sangre y el pie de Aluk comenzó a hincharse, luego su rodilla, a continuación su muslo, hasta alcanzar la cadera. Su llanto era inconsolable. Su madre tardó toda una noche en trasladarla al hospital. Allí le administraron el antídoto y la intervinieron.

Arop y Aluk no han tenido tan mala suerte. Les llevará algún tiempo, pero se recuperarán. En España, las historias de mordeduras de ofidios venenos -casi siempre, víboras- son tan excepcionales que suelen salir en los periódicos. Apenas se registran 130 casos de media al año. Prácticamente todos, de víboras. Sin embargo, en muchos otros países constituyen una auténtica «epidemia oculta», asegura Gabriel Alcoba, asesor de Medicina Tropical de MSF.

La hora de los gobiernos

Las estadísticas oficiales abruman: 5,4 millones de individuos son mordidos por alguno de estos reptiles en algún lugar del mundo cada año; de ellos, 2,7 millones sufren envenenamiento, con el resultado de 100.000 fallecimientos; otras 400.000 personas quedan desfiguradas o discapacitadas de por vida. En la penosa lista de Enfermedades Tropicales Desatendidas de la Organización Mundial de la Salud -integrada mayormente por patologías parasitarias transmitidas por insectos-, ninguna genera tantas pérdidas humanas como la llamada ofidiasis.

El organismo de las Naciones Unidas especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención en salud ha decidido tomar cartas en el asunto para tratar de rebajar ese índide de mortalidad a la mitad antes de 2030. Ese es el horizonte que se ha marcado la OMS a través del plan de choque que presentó ayer, en el marco de la 72 Asamblea Mundial de la Salud que se celebra estos días en Ginebra, para sofocar una crisis que afecta de lleno a la población rural pobre. La estrategia contempla incrementar los programas de educación y la atención sanitaria en las zonas más afectadas, pero también involucrar a gobiernos e institituciones donantes. Para ello, les pide que incrementen su respuesta y reaccionen con urgencia a esta crisis de salud pública olvidada. Además, incluye una recomendación clara para que los sueros antiofídicos sean seguros y accesibles.

En la mayor parte de los casos, las víctimas de esta lacra son campesinos sin recursos que, o no tiene a su alcance un antídoto efectivo, o deben endeudarse para pagar por ellos «cientos de dólares», que pueden equivaler a sus ingresos anuales. «La mordedura de serpiente es curable. El problema reside en que las víctimas no pueden acceder a un tratamiento», exponen desde la ONG, que aplaude con cautela la iniciativa emprendida por la OMS.

«Es el momento de que las administraciones y el resto de agentes implicados brinden su respaldo político y financiero concreto a este programa. Solo así se garantizará su éxito», advierte la organización, que defiende la importancia de propiciar la distribución gratuita de los antídotos para los casos en los que su administración resulte de vida o muerte.