«Mi marido me pega lo normal»

Todos deben responder ante las agresiones a las mujeres. Vecinos, amigos, familia, policías, médicos, toda la sociedad. A ver si acaban estos horrores que minan, destruyen el colectivo social

GUADALUPE MUÑOZ ÁLVAREZACADÉMICA CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE JURISPRUDENCIA Y LEGISLACIÓN

Mi marido me pega lo normal». Así tituló el profesor Lorente Acosta, médico forense, que ha dedicado grandes esfuerzos a analizar y rechazar la violencia doméstica, un libro muy divulgado que estudia el comportamiento social de los sexos con gran profundidad y conocimiento. Ha sido éxito al igual que otro de este extraordinario profesional: 'Tú haz la comida que yo cuelgo los cuadros'. Estas dos obras describen la agresión que sufre la mujer en la realidad cotidiana y la aceptación del sistema, el conformismo. El que pega es porque te quiere. Los hijos son también víctimas, como se produce en la tragedia de padres que asesinan a sus hijos para dañar a su pareja.

Recordamos el Día de la Mujer trabajadora para que no se olvide lo que sucedió en una empresa textil de Nueva York en la que prendieron fuego a una fábrica con más de 100 mujeres que protestaban por las condiciones infrahumanas en las que desarrollaban su trabajo. También el despido que sufrieron en 1938 las limpiadoras de la Universidad de Harvard por reclamar un salario igual al de los hombres.

Cada vez es más frecuente la noticia de una mujer asesinada por su pareja. Unos minutos de silencio ante algún organismo oficial, y a esperar la siguiente. Parece cruel esta aseveración, pero es cierta. Las manifestaciones masivas clamando con la violencia apenas duran una jornada.

La igualdad de todos los ciudadanos está reconocida en la normativa social de todos los países occidentales. Tanto el Tratado de la Unión Europea como las directivas comunitarias, las convenciones internacionales, las constituciones y las normas ordinarias de estos países prohiben cualquier discriminación por razón de sexo, pero lo cierto es que sigue existiendo la retribución inferior por igual trabajo, que no se erradica, según manifiesta la Organización Internacional de Trabajo y además sufren importantes problemas en el ámbito laboral por las obligaciones familiares.

Lo más grave: los asesinatos, ahí están. Hay que reclamar sin descanso. Parece que son quejas reiteradas. No son plañideras, las quejas son justificadas.

El filósofo Fernando Savater ha manifestado hace unos días que estamos ante «una dictadura del puritanismo feminista» pero ¿hasta cuándo van a abusar de nuestra paciencia? con una asesinada cada semana a manos de su marido o pareja. ¿Qué se hace? Llevamos un año terrible de crímenes. Si no se puede prevenir, hay que proteger.

Muchas muertes podían haberse evitado ante las denuncias insistentes de la víctima. Toda la sociedad debe estremecerse con estos datos tan preocupantes. Y otra cosa importante: el maltratador no tiene derecho a la custodia de los menores ni siquiera a las visitas. Sin excepciones, el miedo está justificado. Hay cientos de casos que siguen el llamado complejo de Medea. Un horror que encierra enfermedad mental pero que sufren con frecuencia los menores inocentes.

Es cierto que los tribunales son muy estrictos en el cumplimiento de la normativa y dictan sentencias contra cualquier tipo de desigualdad. Es muy interesante la doctrina sentada por la jurisprudencia europea. En numerosas sentencias ha resuelto con total contundencia incluso sobre las discriminaciones indirectas que, con frecuencia son casi imperceptibles, pero hieren y destruyen la propia confianza y el principio fundamental de la igualdad.

Las mujeres desempeñan un relevante papel en la sociedad. Intervienen casi exclusivamente en la educación de los niños, en el cuidado de enfermos, organizan los presupuestos familiares, colaboran en los trabajos más variados. Solo hay que fijarse. En la puerta de un colegio para esperar a los escolares, casi todas son mujeres. En los hospitales también hay mayoría de encargadas de los enfermos y aunque así no fuera, algo prioritario es la protección necesaria en caso de malos tratos de género, un rechazo social a los maltratadores, que las denuncias sean atendidas con la máxima rapidez y todas las garantías. Interesarse con celeridad ante las denuncias y considerar que el maltratador está muy lejos del afecto y cerca del odio práctico. Comunicar cualquier ofensa y pedir ayuda. Todos deben responder. Vecinos, amigos, familia, policías, médicos, toda la sociedad. A ver si se acaban estos horrores que minan, destruyen el colectivo social.

 

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