Mamá no podía faltar a la boda

Mamá no podía faltar a la boda

Antes de morir, dejó a su hija un mensaje en la suela de sus zapatos de novia.«Será mi regalo»

S. ZAMORA

Ella nunca perdió la esperanza. Confió en la medicina y hasta se agarró a un milagro para ver cumplido su deseo. Rezó para que su madre la viera casarse, para que ambas disfrutaran juntas de ese día tan especial. Pero no podrá ser. Emma llevará en su boda, como manda la tradición, un detalle azul y otro prestado, también algo viejo y algo nuevo y, para su sorpresa, un regalo imprevisto de su madre. No la acompañará físicamente, pero 'caminará' con ella hasta el altar, porque antes de morir dejó encargado el calzado que luciría ese día.

Emma todavía se emociona al recordar la emotiva dedicatoria que su madre le dejó escrita en las suelas. «Quería que tuvieras un regalo mío el día de tu boda. Son estos zapatos de novia. Espero que sea un día mágico. Mucho amor y un fuerte abrazo. Mamá», rezaba el entrañable mensaje. «Cuando me llegaron por correo casi me da un infarto. Al sacarlos de la caja, vi escrita una parte del mensaje y me hizo mucha ilusión, pero cuando me percaté de que era mi madre quien lo había escrito, rompí a llorar. Me quedé sin palabras y absolutamente destrozada», confiesa.

Emma, de 38 años y natural de Kibworth Beauchamp, en el condado inglés de Leicestershire, contraerá matrimonio con Richard el próximo agosto. Se comprometieron en 2016, pero solo un mes después diagnosticaron a su madre un cáncer terminal de pulmón. Le dieron entre uno y dos años de vida, pero finalmente falleció en 2017. «Todo ha ido demasiado rápido. Ha muerto mucho antes de lo que hubiésemos deseado. Ha sido muy difícil organizar esta boda sin tenerla a mi lado», lamenta Emma entre lágrimas.

Su madre, consciente de que quizá no llegaría nunca a aquella ceremonia, dedicó su preciado tiempo a mandar cartas a sus conocidos. «No recibí ninguna de ella a tiempo. Por eso, este detalle es tan especial para mí», admite su hija. Lo calculó todo para que su plan, aunque ella faltase, resultase redondo: contactó con Amanda Weise, la propietaria de Lace and Love, la tienda donde su hija había hecho la reserva inicial de los zapatos, para que accediera a personalizarlos con la dedicatoria. «Me explicó que tenía cáncer y que seguramente no llegaría a la boda. Cuando le dije que Emma ya había pagado la mitad del pedido, me pidió que le dejara abonarlo entero y que después acordase con Emma la devolución del dinero dado a cuenta. Probablemente sea el par de zapatos más emotivo que voy a hacer. Ojalá sean un bálsamo para su tristeza ese día», declara Weise.