«Se llevaron a mi padre a comisaría y nunca volvió»

Mohammed Mayara, en su casa. :: Twitter/
Mohammed Mayara, en su casa. :: Twitter

Pese a sus méritos, Mohammed Mayara engrosa la lista de parados saharauis desde hace diez años. A sus 44, es uno de los activistas más acosados por las autoridades marroquíes. Desde que era joven, motivado por el asesinato de su padre durante la Marcha Verde (la invasión marroquí del Sahara español), se convirtió en un diligente defensor de los derechos humanos. A su progenitor se lo llevaron a comisaría en su ciudad natal, Tan Tan, y no regresó. Está oficialmente desaparecido, porque no se ha encontrado su cuerpo.

Fue profesor de Historia en aulas de secundaria a finales de los 90. Perdió su puesto seis años más tarde porque no explicaba «la propaganda marroquí». Una de las consignas que el régimen de Rabat enseña en sus libros de texto y que justifica la ocupación es que el Sahara Occidental tenía conexiones históricas y geográficas con Marruecos. Como historiador, Mayara asegura que no es cierto y lanza una simple pregunta: «Si el Sahara fuese o hubiese sido en algún tiempo de Marruecos, ¿por qué en un primer momento se dividió el pastel con Mauritania?». La soberanía marroquí no es reconocida por ningún Estado ni organización internacional. Sin embargo, la ONU tampoco considera la región como país. El resultado es que el Sahara es el último territorio de África por descolonizar.

Con serenidad y dulzura, la voz de Mayara atrapa al espectador en el cortometraje 'Tres cámaras robadas'. Las imágenes muestran protestas pacíficas en El Aaiún y su disolución por las autoridades marroquíes. La fuerza bruta es la protagonista. La mayor parte de los participantes son mujeres, pues, gracias al movimiento feminista, la detención de una de ellas genera más controversia que la de un hombre. Todas las tomas están grabadas desde las azoteas de las casas. También denuncia que la seguridad marroquí requisa las cámaras en las manifestaciones y las usa para filmar a sus dueños en otras revueltas. Cuando era niño tuvo que enfrentarse a insultos y burlas en la escuela. Como adulto, encara palizas y detenciones. La última fue en el aeropuerto de la capital, al regresar de los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia. La agresión ha sido denunciada por la Organización Mundial Contra la Tortura.