Y el mar llegó a Castilla

Y el mar llegó a Castilla

En 1936 prometió a sus alumnos que les llevaría a la playa. Su escuela de Burgos revive el legado del maestro Benaiges

ANTONIO CORBILLÓN

Ochenta y dos años después de que las balas segaran la vida de Antoni Benaiges, el maestro que llevó la inmensidad del mar a la imaginación de los niños de Castilla que nunca lo habían visto, su legado recobra nueva vida. A finales de 2018 ha visto la luz la edición de un facsímil con los cuadernillos que los niños de Bañuelos de Bureba (norte de Burgos) editaron entre 1934 y 1936 gracias a los novedosos métodos pedagógicos del maestro Benaiges.

El único océano que conocía la gente humilde de La Bureba eran los campos de cereal, cuyas mieses se mecían a finales de la primavera como si fueran olas secas. En 1934, Bañuelos tenía 200 vecinos, 58 casas y 32 niños. Pocos o ninguno sabían cómo era una playa. La riqueza agrícola aún no daba para que hubiera agua o luz en las casas. Se llegaba a aquellos parajes por caminos de tierra.

Formado en las corrientes pedagógicas más innovadoras, Antoni Benaiges (Mont-roig del Camp, Tarragona, 1903) llegó de maestro en 1934. En su primer curso pagó de su bolsillo una prensa, tipos y material para que sus alumnos elaboraran su propio material didáctico. «Los niños no pueden ser lo que uno quiera. No son cosas. Deben ser según los valores que esconden. Que piensen, que sientan y que quieran. Dejémosles ser niños. Respetémosles en todos sus momentos». Así dejó escrito su propio manual. Para entonces avanzaban por Europa los métodos del pedagogo francés, protector de Antoni, Célestin Freinet, impulsor de la imprenta escolar.

En un pueblo sin agua ni luz llevó imprentas para que los niños relataran su aprendizaje

Ya en su primer curso, Benaiges revolucionó algo más que la enseñanza en Bañuelos. Sustituyó la jerárquica mesa del maestro por las cajas de la imprenta con las que sus estudiantes publicaban sus propios escritos. Los niños le visitaban fuera del horario escolar. Desterró la regla y los castigos. Les trajo un gramófono para que bailaran en la escuela los domingos. Pero la orientación laica de sus clases (imbuido por la Institución Libre de Enseñanza) y su implicación en la vida republicana de la comarca le granjearon la desconfianza de las fuerzas conservadoras y la Iglesia católica.

En el verano de 1935, el docente regresó a la casa familiar de Mont-roig del Camp, hoy Costa Dorada tarraconense. Será la penúltima vez que vea el mar. Al menos de forma física. Antoni tuvo la oportunidad de lograr una buena plaza docente en el curso siguiente, pero renunció. «Este pueblo (por Bañuelos) no tiene agua, no tiene luz, no tiene caminos y, sin embargo, aquí me quedo. Veo claro, claro cómo me voy haciendo luz en los cerebros de cada uno de estos chiquillos y chiquillas, y me hago luz también en el pueblo», le escribe a Patricio Redondo, otro docente aventajado de las técnicas Freinet.

El mar posible

Con el nuevo curso 1935-1936 redobla su implicación educativa. Adquiere para su escuelita burgalesa nuevo material editor con tipos de mayor tamaño que le permiten diversificar las publicaciones. Editan la revista 'Recreo' y arrancan unas 'publicaciones especiales'. Tal vez con el recuerdo fresco y la añoranza del hogar materno, la primera será en enero de 1936 y versará sobre el mar.

Se tituló 'El mar. Visión de unos niños que no lo han visto nunca'. Benaiges invitó a sus alumnos a que definieran lo desconocido. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. Dice Fernando que será como de Vallejopablo al cerro de Quebrantalinos de ancho», escribió Antonio García. «La gente irá allí a bañarse. Yo no he visto el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos», apuntó la niña Florentina Sáez. «El mar será...», «el mar será...», todos los textos empezaban igual. Conmovido, Benaiges les prometió que aquel verano de 1936 irían a Mont-roig del Camp, a su casa familiar, a conocerlo. Así podrían escribir a la vuelta «el mar es...».

La segunda 'publicación' será 'El Retratista', con la visita de un fotógrafo al pueblo. Maestro y alumnos posan delante de la escuela. Su cabeza de adulto mezclada entre la chavalería. No hay jerarquías ni distancias. Toda una declaración de intenciones de su forma de concebir la educación.

Desde la minúscula atalaya rural, su fama crece. Benaiges se implica con la vida política y cultural de Briviesca, capital de la comarca, cuyo alcalde es uno de los muchos suscriptores de sus ediciones escolares (también el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora). Antoni se relaciona con militantes socialistas y hasta pronuncia (dicen que en verso) el mitin del 1º de Mayo de 1936 desde el balcón del Ayuntamiento.

Al finalizar el curso, avisa a su familia de la multitudinaria visita y empieza los preparativos para fletar un autobús y llevar a sus niños a la orilla del Mediterráneo. Regresa a Castilla en los días previos al levantamiento del 18 de julio. Al día siguiente fue detenido, torturado y fusilado una semana después en el no muy lejano paraje de La Pedraja. Su escuela fue asaltada y su obra, quemada.

Testimonio de una fosa

Junto a otros 600 cadáveres, los restos de Benaiges permanecieron en el olvido. Pero la voz del docente despertó casi 75 años después. La mala fortuna de su destino le devolvió un requiebro de justicia. Durante la gran exhumación de La Pedraja en 2010, el fotógrafo Sergi Bernal pasa diez días documentando aquello. Horas después de su marcha, un anciano de la zona se acerca a ver la fosa. «Aquí está el maestro del pueblo», le dice a uno de los investigadores. Le invita a ir a Bañuelos, donde guarda mucho material de la escuela. También los cuadernos que editaban con el maestro.

«A partir de ahí inicié una obsesiva investigación. Me dije que entre todos esos huesos acababa de encontrar una historia increíble», recuerda aún Sergi Bernal, que ha recorrido todos los puntos vitales de Benaiges. Entre ellos, localizar a su familia en Tarragona, únicos depositarios de la colección de sus publicaciones escolares.

En estos ocho años se han publicado libros, documentales, una novela ( 'El mar será...') y hasta se ultima un cómic. La figura del maestro que quiso llevar el océano a Castilla no ha dejado de crecer. En el Museo Marítimo de Barcelona sigue abierta la exposición que recrea su aula burgalesa.

A Benaiges le comparan con don Gregorio, el maestro de 'La lengua de las mariposas' (1999), el maravilloso papel crepuscular de Fernando Fernán Gómez en la película que José Luis Cuerda hizo de la novela de Manuel Rivas.

Hoy Bañuelos tiene diez veces menos población que entonces. Apenas supera los 30 vecinos. Pero llevan años entregados a devolver a su pueblo la esperanza que trazó su querido maestro. «Dad luz a los pueblos, a las aldeas. No luz de ciudad, sol artificial sino luz de su luz, luz que sea también calor, sabor, alma. Luz y alma», redactó en sus escritos.

«Queremos que su legado sea un grito del esfuerzo de los pueblos por no desaparecer»

Desde hace un mes, la vieja aula de don Antoni reluce como cuando él la llenaba de ideas. También la parte de la casa que era su vivienda. Incluso disponen de una imprenta como la que él usó. A plazos y con esfuerzo, el Ayuntamiento lleva invertido el doble de su presupuesto anual (no pasa de 60.000 euros). «Queremos que sea un museo pedagógico en el que organizar talleres. Pero también un grito del esfuerzo de estos pueblos de la España deshabitada para no desaparecer», avanza el secretario de la Asociación Escuela Benaiges, Javier González. Ninguna institución les ha ayudado. Todo lo que 'huela' a memoria histórica aún es tabú en muchos lugares y, sobre todo, cabezas.

Estos días no dan abasto a cubrir las peticiones para obtener una copia restaurada de las obras editadas en el viejo caserón. Sus mentores sueñan con atraer a colegios que repitan aquella experiencia con sus alumnos. «Continuar regando la semilla que hace tantos años nuestro maestro plantó con tanto mimo».

Benaiges hizo ediciones como la del mar (arriba) con la pedagogía Freinet. Bañuelos celebra en mayo el 50 aniversario de la muerte de este maestro francés. Docenas de expertos analizarán los postulados que practican muchos colegios españoles.

visitas ha recibido 'Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar', en el el Museo Marítimo de Barcelona. La exposición se ha prorrogado hasta mayo.

 

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