'Little Italy' celtibérica

Andrea Salvini, vecino de Algorta, preparando un cóctel. :: FP.Urresti/
Andrea Salvini, vecino de Algorta, preparando un cóctel. :: FP.Urresti

Los italianos desplazan a los chinos de la tercera posición como mano de obra extranjera en España. La mayoría viene de Argentina

ANTONIO PANIAGUA

España va camino de convertirse en una suerte de 'Little Italy' celtibérica. El solar nacional vuelve a ser un país atractivo para los inmigrantes, incluidos los que vienen del país transalpino o muchos más lejos, de Argentina y Uruguay, estados rioplatenses con fuertes lazos con la península itálica. Para muchos será una sorpresa, pero los datos cantan: la colonia italiana ha desplazado a la china de la tercera posición en cuanto al número de trabajadores inmigrantes. Los oriundos de Rumanía y Marruecos siguen encabezando la clasificación de mano de obra extranjera. Andrea Salvini, un toscano de Livorno, es el primer sorprendido de que sus compatriotas hayan desbancado a la populosa comunidad china. «Me parece muy fuerte, no tenía ni idea. En mi caso he tenido la suerte de conocer personas muy buenas que me han apoyado. De hecho he aprendido el idioma en la calle, no he ido a ninguna escuela», admite este encargado del restaurante japonés Nikkou de Algorta (Vizcaya).

Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero.
Donatella Iannuzzi, editora de Gallo Nero.

No se sabe muy bien a qué obedece el hecho de que los italianos, un pueblo con larga tradición migratoria, hayan vuelto a hacer las maletas. La causa más plausible parece residir en que los argentinos y uruguayos con pasaporte italiano están huyendo a Europa y prefieren quedarse en España antes que en Italia, donde la situación económica es muy delicada. Por añadidura, trabajar en España les resulta más fácil porque conocen el idioma. «La mitad de los italianos que se quedan aquí son italoargentinos. La situación en Argentina, sin llegar al 'corralito' de 2001, es muy difícil», dice Pablo Vignati. La presidencia del liberal Mauricio Macri, que heredó una economía con fuertes desequilibrios, no ha podido evitar la recesión y está dejando un país con fuertes secuelas.

Pablo Vignati es un italoargentino nacido en Mercedes, ciudad de la provincia de Buenos Aires, que llegó a España en 2005. Fijó su residencia en Valencia por casualidad, ya que su aspiración original era asentarse en Rímini, en la costa adriática. «Mis abuelos por parte de padre son de Salerno, al sur de Nápoles, y por parte de madre de Asturias. En Valencia hemos armado la Asociación de Italoargentinos, más que nada para poder interceder ante el consulado por los argentinos que están con pasaporte italiano», explica Vignati

Andrea Salvini 'Barman' «Aprendí el idioma en la calle, aquí la gente me ha apoyado» Donatella Iannuzzi Editora «En Italia el carné de identidad sigue siendo de papel. Eso ya dice mucho» P. Vignati Asoc. Italoargentina «La mitad son italoargentinos con doble nacionalidad»

Muy distinta es la trayectoria de Donatella Iannuzzi, quien llegó a Madrid en 1999, procedente de Matera, gracias a una beca Erasmus. Le encandiló Madrid y se quedó. Aquí ha hecho su vida y fundado una pequeña editorial, Gallo Nero, cuyo catálogo evidencia su amor por la literatura italiana del siglo XX, especialmente por los escritores del llamado círculo de Turín, y por el manga. Frente al tópico que habla de que muchos extranjeros se quedan en España porque aquí encuentran el amor, Iannuzzi contradice el cliché. «En toda partes hay enchufados, claro, pero España es un país más meritocrático que Italia. Vosotros tenéis muchas críticas contra el sistema, pero aquí si te buscas la vida y haces las cosas bien parece que tienes premio. En Italia la cosa está mucho más bloqueada. Y en cuanto a la vida social, no hay comparación, sobre todo si hablamos de Madrid. En Italia la gente va a trabajar, vuelve a su casa y sale los fines de semana de manera muy programada. No es algo espontáneo, la gente no se mezcla en los bares con otras clases sociales. Porque la burguesía italiana es muy clasista y antigua», argumenta la editora.

El legado de Berlusconi

Algunos analistas atribuyen el éxodo a que Silvio Berlusconi dejó el país hecho unos zorros, ahondó la fractura norte-sur y trastocó los valores sociales. Hoy la tercera economía de la zona euro concita muchas incertidumbres en los mercados, hasta el punto de que su deuda cotiza tan cara como la griega.

Más allá del legado de Berlusconi, la responsable de Gallo Nero está convencida de que su tierra de acogida es en muchos aspectos más flexible que el país donde nació. «Muchos italianos se han quedado en España porque es un país familiar, pero es que además aquí mejoran su situación sociolaboral. Italia es un desastre en cuanto a las carreras universitarias, que se extienden durante muchísimos años. Al final acabas sacándote el título con 28 o 29 años. Por no hablar de la burocracia; en España os parecerá horrible, pero os aseguro que en Italia es algo kafkiano: el carné de identidad sigue siendo de papel. Eso dice mucho».

Si bien España no parece ahora el mejor país para encontrar trabajo, en Italia las expectativas laborales tampoco son muy halagüeñas. En contra de los habitantes de la que fue la cuna del Renacimiento juega el gremialismo y un cúmulo de enojosas reglamentaciones. Desempeñar cualquier oficio exige habilitaciones que son expedidas por los colegios profesionales.

Andrea Salvini tiene razones para no echar mucho de menos su terruño. «Vine a España en 2012 porque mi hermano mayor me destrozó un poco la vida: me robó el dinero y desapareció. El primer año y medio fue muy duro; no hablo bien el castellano, pero hubo una persona que me ayudó mucho, trató de buscarme un trabajo. Pasé una temporada compartiendo habitaciones. Pero con el tiempo encontré mi primer trabajo fijo y ahora mismo tengo cuatro premios en coctelería». Salvini -nada que ver con el vicepresidente y ministro del Interior italiano- es ahora embajador para la Toscana de una marca de ginebra. Regresa a Italia una o dos veces al año, aunque es más frecuente que su familia venga a verle a Algorta.