El lavado 'verde' de los plásticos

La estatua de un dragón lanza una 'llamarada' de plásticos como protesta ante la Comisión Europea por la proliferación de este material. :: afp/
La estatua de un dragón lanza una 'llamarada' de plásticos como protesta ante la Comisión Europea por la proliferación de este material. :: afp

La industria fabricará un 40% más en 10 años. «Son los mismos que promueven la alianza global contra esta plaga», les critican

ANTONIO CORBILLÓN

El 2018 fue el año de inflexión en la conciencia colectiva sobre el exceso de plásticos. Frente a la visión real, pero todavía lejana y demasiado apocalíptica del cambio climático y sus plazos, la lucha contra la contaminación por los plásticos se ha instalado en nuestro día a día. Estar rodeados de plásticos era, y todavía es, la inevitable consecuencia de ser consumidores.

Hasta no hace mucho lo veíamos como una molestia y no como una amenaza. Pero penetran en nuestra piel por la ropa de poliéster y nailon que ha sustituido al algodón o la lana. Los coches y los aviones de hoy son un 50% de este material. Un estudio de la Fundación Ocean Clean Up (Limpieza del Océano) calculó que los desechos que flotan en el Pacífico ocupan ya tres veces la superficie de Francia (país ligeramente más grande que España). Por cada cinco kilos de pescado, 'pescamos' en el mar uno de plástico. «En 2030 la proporción «será uno a uno», avisan desde el proyecto de reciclaje Mares Circulares. Cada año, el mundo produce 350 millones de toneladas, cifra suficiente para llenar el volumen de todos los rascacielos de Manhattan.

Desde el 1 de julio de 2018 en Europa nos cobran por las bolsas del súper. No solo nadie se ha quejado sino que las encuestas muestran la aceptación popular de esta tasa. Además, la UE ha instado a sus países a prohibir los envases de uso único (platos, cubiertos, vasos...) antes de la cita electoral del próximo 26 de mayo. Por si fuera poco, 'microplástico' fue declarada palabra del año por la Fundación para el Español Urgente.

«La industria inventó el reciclaje y se lo arrojó a los consumidores»

En el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), que se clausuró hace unos días, pasó casi desapercibido en 2016 un informe que predecía que para 2050, el 20% de todo el petróleo extraído en el mundo se destinaría en realidad a la fabricación de plástico. Ese mismo foro alpino insistió este 2019 en el cambio climático como eje de todos los debates sobre el futuro económico.

Alertados, los propios fabricantes de plástico decidieron encabezar la batalla contra su disminución. El pasado 16 de enero, 28 grandes multinacionales lanzaron al mundo su Alianza contra la Basura Plástica (AEPW, en inglés). Anunciaron la inversión de mil millones de euros en una lucha coordinada, una cifra que se elevará hasta 1.500 millones en cinco años. «Es el esfuerzo más completo hasta la fecha para eliminar los desechos plásticos en el medio ambiente», explicó su presidente, que también lo es de la multinacional americana P&G, David Taylor. Entre sus socios hay grandes empresas de todo el mundo pero con mayoría de petroquímicas como Chevron, Exxon Mobil, Shell o Total.

Grandes inversiones

Solo unos días después, un contrainforme de la red ecologista belga-holandesa Recycling Netwerk (Red de Reciclaje) advierte de que esas firmas no solo no practican lo que predican sino que planean una gran expansión de sus plantas de producción de derivados plásticos. «En realidad es una operación de 'lavado verde' bestial», advierte el responsable de la Campaña de Plásticos de Greenpeace España, Julio Barea.

Recycling Netwerk analiza uno a uno los planes industriales de estas 28 grandes empresas (los ha colgado en su web) y denuncia que tienen comprometidos decenas de miles de millones de euros en el aumento de la producción mundial para la próxima década.

Una parte de ellos están vinculados al apoyo del gobierno de Donald Trump (ausente a última hora en Davos) a la práctica del 'fracking': inyecciones subterráneas para obtener gas de esquisto barato. De ahí saldrá la materia prima para plásticos de uso cotidiano (botellas, cartón, bandejas) que podría impulsar un aumento de hasta el 40% en la fabricación en los próximos diez años.

Reemplazar «puede hacer más daño que beneficio», afirma la gran industria

Así, la estadounidense Shell construye una planta en Pensilvania (este de EE UU) para producir 1,6 millones de polietileno, rey de los derivados plásticos. Exxon Mobil prepara una fábrica similar en Mont Belvieu (Texas) que alcanzará las 2,5 millones de toneladas del mismo material. En el otro confín del mundo, Saudi Aramco (petrolera estatal de Arabia Saudí) construye la petroquímica más grande del mundo para tratar combustibles fósiles que le permitan alejarse de la dependencia de los ingresos del crudo. Siete de los mayores productores del sector del mundo son petroleras.

En la presentación de su informe, el director de Recycling Netwerk, Rob Buurman, avisó de que estas campañas de lucha que lanza la gran industria solo «quieren curar la imagen del plástico. Pero estos productos no tienen un problema de imagen, sino de uso exagerado y con una vida útil corta».

Julio Barea, de Greenpeace, completa esta apreciación. «Hay que empezar por acabar con el material de usar y tirar. Alcanza el 39,9% de la producción total y la Unión Europea es el segundo productor mundial después de China». No hay avances de que los socios europeos vayan a desterrarlos tal y como reclaman desde Estrasburgo.

En materia de reciclaje hay lugares más expeditivos. En Kenia han fletado estos días el primer barco hecho enteramente de plástico. Sus 10 toneladas de peso salieron de los residuos recogidos en sus playas. Recorrerá el Pacífico para denunciar la contaminación. En este país están prohibidas las bolsas desde hace año y medio. En Seattle (noroeste de EE UU) están desterradas las pajitas.

La cadena Starbucks (30.000 locales en el mundo) eliminará mil millones de estos tubitos plásticos al año. El gigante de los juegos Lego busca alternativas al plástico, que hasta ahora suponen el 100% de sus creaciones educativas.

A pesar de los programas de reutilización y reciclaje, apenas el 9% de lo que sale de las fábricas alcanza una segunda vida. Por eso, el volumen del problema no deja de aumentar. Hace 30 años, la industria que ahora firma alianzas 'inventó' el reciclaje doméstico sobre la base de que la responsabilidad es del consumidor. «Como el avance del plástico es imposible de ocultar, han decidido echar la culpa al usuario. Pero quienes no están dando ninguna alternativa son las empresas», reflexiona Julio Barea, que advierte de que se ha llegado al punto de no retorno: «La única política posible es cortar el flujo. Incluso eso empieza a no ser suficiente».

Ante las críticas por la necesidad de cambiar el rumbo, desde la Alianza empresarial justifican que «el plástico brinda muchos beneficios críticos para la salud y la sostenibilidad» y que reemplazarlos de golpe «podría hacer más daño que beneficio». «No es lo uno o lo otro. Con un enfoque integral podremos hacer ambas cosas», resume un portavoz. Desde el otro lado, les insisten en que los plazos se acaban. «Ni siendo vegetariano te libras hoy de consumir plásticos en la sal o, incluso, en el agua mineral», lamentan desde Greenpeace.