El kiri, sol y sombra de un árbol

La paulonia fue introducida en Europa en el siglo XIX como árbol ornamental por la belleza de sus flores. :: r. c./
La paulonia fue introducida en Europa en el siglo XIX como árbol ornamental por la belleza de sus flores. :: r. c.

La 'Paulownia tomentosa' es un árbol casi perfecto que purifica el aire y proporciona buena madera. Su único defecto es que en España está catalogado como especie invasora

JAVIER GUILLENEA

De la 'Paulownia tomentosa' se dicen maravillas. Purifica el suelo donde hunde sus raíces, es capaz de rebrotar hasta siete veces después de ser cortada, se desarrolla rapidísimamente, su madera es ligera, resistente y muy rentable, proporciona una gran cantidad de biomasa, soporta bien los incendios y, por si fuera poco, está llamada a salvar el planeta. Es todo un superárbol que crece con un rutilante marchamo de mesías ecológico en las plantaciones que han decidido apostar por su cultivo en España. Todo perfecto, al menos en apariencia, pero hay un pequeño problema. La paulonia está considerada como una especie invasora que puede causar serios problemas medioambientales si no se controla su población.

Además de su nombre científico, también se le conoce como kiri o árbol de la emperatriz. Fue importado a Europa por la Compañía de las Indias Orientales Holandesas en la década de 1830 y poco después, trasladado a Norteamérica como árbol ornamental. Siempre que se habla de su historia se recuerda su origen chino y se esgrimen unas cuantas leyendas para enfatizar su carácter oriental y milenario.

Sus grandes hojas, entre las que alguna vez se posará el ave Fénix, pueden llegar a capturar 21,7 kilos de dióxido de carbono al día y convertirlos en seis kilos de oxígeno. Su absorción de CO2, diez veces mayor que cualquier otra especie, convierte al kiri en una especie de aspiradora que atrapa el aire contaminado para devolverlo purificado a la atmósfera. De ahí a imaginar grandes extensiones de paulonias insuflando oxígeno al planeta no hay más que un paso que ya han dado varios países.

«Tira más la economía que el medioambiente» Laura Capdevilla Bióloga

Su segunda gran característica es la rapidez de crecimiento. En solo ocho años puede llegar a medir lo mismo que un roble de cuarenta, lo que lo hace muy apetecible para la explotación forestal. Su madera destaca por su ligereza, manejabilidad y resistencia. Con ella se pueden hacer tablas de surf y esquí, instrumentos musicales, persianas y elementos del sector de la automoción. Es una buena inversión siempre y cuando se tenga en cuenta que estos árboles necesitan una gran cantidad de agua para crecer.

Con tantas ventajas, algunos ven en el kiri la solución a los males del planeta, aunque no todos están de acuerdo. Hay quien cruza los dedos cuando escucha el nombre del superárbol y recuerda sus antecedentes. En 2008 se presentó en Estados Unidos un proyecto para plantar en Texas un millón de kiris para recuperar suelos muy contaminados y agotados por la explotación y los vertidos químicos. Diez años después, los árboles de la emperatriz están destruyendo los ecosistemas nativos de Maine a Florida y Texas, así como el Pacífico Noroeste. Esta especie se considera invasiva en doce estados y en uno de ellos, Connecticut, la venta de la planta está prohibida.

En Argentina la administración ha impulsado la plantación de 100.000 ejemplares en terrenos poco fértiles para aportar nutrientes a la tierra, prevenir la erosión, purificar el ambiente y proporcionar madera. Es un camino que ya transitó hace varios años Colombia, donde el árbol se puso de moda y comenzaron a proliferar las explotaciones madereras. En 2018 las autoridades colombianas prohibieron su siembra e importación después de que los científicos advirtieran de que su expansión podía causar estragos en la biodiversidad del país.

En España la 'Paulownia tomentosa' está incluida en la lista negra preliminar de especies exóticas invasoras elaborada por el Gobierno, pero eso no impide su comercialización. La lista que realmente vale es la que aparece en un Real Decreto aprobado en 2013, en el que se regula la prohibición de la posesión, transporte, tráfico y comercio de 190 especies entre las que no se hallan muchas de las que figuran en la relación preliminar. Como otros vegetales y animales, la paulonia se encuentra situada en una especie de limbo en el que se reconoce su peligrosidad para el ecosistema pero solo eso. Nada más.

«Lo de limpiar el aire con árboles está bien siempre que no los cortes» Javier Loidi UPV/EHU

«La lista negra se queda en nada, en un plano teórico; es algo contradictorio», se lamenta Laura Capdevilla, coordinadora del Grupo Especialista en Invasiones Biológicas (GEIB). Su organización ha intentado presionar al Gobierno para que amplíe el número de especies incluidas en el decreto, pero ha sido imposible; no ha podido ganar un pulso en el que se han impuesto los madereros. «Muchas especies invasoras tienen un rendimiento económico y eso tira más que las razones medioambientales», asegura Capdevilla.

Sin enemigos

Es que es difícil resistirse a un árbol que, además de dar dinero, promete paraísos ecológicos que quizá tampoco lo sean tanto. Es lo que piensa el catedrático de Botánica de la Universidad del País Vasco Javier Loidi sobre la publicitada capacidad del kiri para frenar el cambio climático, un reclamo al que acuden defensores de la naturaleza ansiosos por obtener semillas para sus jardines. «Mientras crecen, todas las plantas fijan más carbono que el que sueltan, por eso el balance es positivo, pero cuando dejan de crecer y alcanzan un tamaño estable, lo que fijan es igual que lo que sueltan. Cuando lo talan, todo ese carbono se va a devolver a la atmósfera. Lo de plantar árboles para limpiar el aire está muy bien siempre que no los cortes», explica el catedrático.

La asombrosa capacidad de crecimiento de la paulonia también tiene su lado sombrío, según Diana Colomina, coordinadora de restauración forestal de WWF España. «Las especies exóticas invasoras no tienen aquí enemigos naturales. Crecen rápido porque carecen de competidores y pasan por encima de otras especies; por eso lo que se vende como bueno es en realidad malo», advierte.

«Pasan por encima de otras especies, no tienen competidores» Diana Colomina WWF

Un solo árbol de paulonia puede producir hasta veinte millones de semillas cada año, que se dispersan fácilmente por el viento y el agua. «Hay bastantes plantados en jardines y aún no los he visto invadir nada», dice Javier Loidi. Otra cosa distinta, recalca, es su cultivo en grandes zonas de terreno, donde «tiene un impacto extendido».

Híbridos estériles

El biólogo Lorenzo García, el hombre que en 2002 introdujo la paulonia en España, está de acuerdo con las advertencias sobre la planta invasora, pero con una importante salvedad. «Nada es bueno ni malo, depende de cómo se use», sentencia. Y él ha desarrollado un híbrido de 'elongata' y 'fortunei', dos variedades de la 'Paulownia' cuyas semillas son estériles. Según acredita la Generalitat valenciana, el clon producido por Lorenzo García, director de investigación y desarrollo de Cotevisa, una empresa valenciana dedicada a la mejora genética de cultivos, «no supone ningún riesgo de colonización y desplazamiento de la flora autóctona».

«Hay 17 variedades. Unas, como la 'tomentosa', son invasivas, pero otras no», subraya García. «El problema -añade- es cuando cojo semillas que llegan de no sé dónde y las planto». Es el mismo argumento que utiliza Josep María Grau, responsable de la empresa In Vitro Paulownia 112, que comercializa un híbrido de desarrollo propio con «semillas que no son viables ni invasivas».

Grau está convencido de las bondades de la paulonia, un árbol del que destaca su capacidad de absorción de CO2 y la calidad de su madera, «fácil de trabajar y con muchas utilidades». «Su cultivo va a más en España», señala. Pero hay que tener cuidado. «Ayer estuve con clientes de Armenia y me mostraron unas semillas que habían comprado en Rusia. Cuando las vi les dije que arrancaran todas las plantas y las quemaran».

Laura Capdevilla se muestra escéptica con tantas precauciones. «Aunque haya semillas esterilizadas, está demostrado que a la larga eso no funciona. En algún momento se les puede colar una viable y comenzar la invasión. Ya ha sucedido otras veces», recuerda. ¿Y si ocurre lo peor? «Pueden competir, hibridarse, ocupar el espacio de las especies autóctonas y provocar su extinción», responde Diana Colomina.