Una jubilación entre flores

Pilar Comes, cogiendo caléndulas. :: R. C./
Pilar Comes, cogiendo caléndulas. :: R. C.

Pilar Comes dejó su trabajo para crear el Parc de les olors, un jardín de plantas aromáticas y medicinales rentable y divulgativo

FERNANDO MIÑANA

La primera semilla fue un trauma infantil. Pilar Comes nació en la Seu d'Urgell (1957), en el Pirineo catalán, en un entorno rural. Sus padres eran 'pagesos', humildes campesinos que vivían del campo y los animales. Un día su padre sufrió un accidente con la yegua y el carro y esto le forzó a tener que dejar su trabajo en el agro. La familia tuvo que mudarse a un piso de 60 metros cuadrados en la gran ciudad, en Barcelona, de la noche a la mañana y dejar atrás esa vida idílica en plena naturaleza. «Aquello me marcó y desarrollé un gran amor por el campo».

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Pilar estudió Geografía y Paisajismo y, con 29 años, empezó a trabajar como profesora en la Universidad Autónoma de Barcelona. En la frontera de los 50 comenzó a darle vueltas a una cuestión: «¿Cómo iba a querer pasar mi jubilación?». Un ejercicio de previsión que le devolvió, impulsada por esa desazón de la niñez, a la naturaleza el día que la docencia dejó de estimularla. «Este nuevo proyecto se iba a convertir en mi plan de jubilación», explica ahora, rebosante de satisfacción.

Dos décadas antes, impresionada por la belleza paisajística deSant Miquel del Fai, en la comarca del Vallés Oriental (Barcelona), se compró una pequeña finca de hectárea y media. «Es un lugar muy bonito, como un pequeño paraíso, conocido como el Cadaqués del Vallés Oriental, y en ese rinconcito, en el Valle del Tena, es donde empecé a vivir. Allí también me regalé, cumplidos los 60, el plan de jubilación, un jardín visitable diseñado por mí, hecho por mí y explicado por mí. Fue el origen del Parc de les olors (Parque de los olores)».

«La gente empezó a venir a decirme que quería un parc de les olors y así nació la red»

La gente comenzó a visitar ese edén, que tuvo una gran aceptación. Tanta que aquello pegó un giro inesperado. «Empezaron a venir los campesinos y otras personas a decirme que ellos querían hacerse un parc de les olors en sus fincas. Así empezó la red de los parques y, uno tras otro, ya somos veinte por toda Cataluña. Y, de la idea inicial de ONG, pasamos a montar un equipo técnico con una arquitecta, una paisajista botánica y yo, y lo pautamos todo hasta convertirlo en una franquicia social».

De perfumes a cervezas

La bucólica idea de aguardar la vejez rodeada de flores al lado de su marido terminó convirtiéndose en un negocio. Y un negocio «totalmente rentable» después de que comenzaran a procesar las plantas aromáticas y medicinales para hacer productos de todo tipo: perfumes, cervezas, cremas, jabones, infusiones... Aquel jardín se quedó pequeño y ahora cuenta con un parque central de doce hectáreas donde están empleadas cuatro personas, ella y su esposo, Miguel Torrecilla, además de otros contratos esporádicos. «Pagamos las nóminas, la hipoteca y encima sobrevivimos. Estoy muy feliz», asegura Pilar.

«Pagamos las nóminas, la hipoteca y encima sobrevivimos. Estoy muy feliz»

Los otros parques no están concebidos como un negocio puro y duro porque los llevan agricultores, dueños de casas rurales, alcaldes... Gente que no ha dejado su empleo original. «Es más un complemento de rentas. Aunque ahora estamos en una segunda fase en la que demostramos que puede ser una profesión perfectamente válida».

A Pilar Comes le gusta madrugar. Ahora, en pleno invierno, se levanta a las siete y media de la mañana, pero en verano adelanta el despertador una hora más. Al abrir la puerta de su hogar, si ha llovido, aspira el olor a tierra húmeda impregnado de pequeños matices de los abundantes geranios. Cuando llega al parque central se embriaga con un completo cóctel de aromas que cambia con el calendario. Cada mes huele a algo diferente. «Ahora estamos procesando el tomillo y esto parece una fábrica de Vicks Vaporub. En otras épocas hay un aroma más balsámico, otras que es más fresco, a lavanda...».

Su voz es la voz de una mujer realizada que vive una vida plena. Ajetreada, pero feliz. Su sueño es ahora una red de parques que se ha extendido por los cuatro puntos cardinales de Cataluña. La idea va calando y hace meses recibió la llamada de unos jóvenes de Baza (Granada). «Nosotros no buscamos la exportación, pero nos buscan. Estos chicos, muy formados, producen aceites esenciales y van a hacer el primer Parque de los olores de Andalucía. Nosotros les formamos, pero yo no tengo ningún interés en estar yendo al sur cada dos por tres. Ellos van a ser el proyecto piloto de la red andaluza y después de formarles, ya les dejamos para que la lleven y la coordinen ellos».

El Parc de les olors cultiva entre ochenta y cien especies diferentes. Quieren plantar en su territorio todas las plantas aromáticas y medicinales que crecen en España. O en la Península Ibérica, como dice ella. Y exprimir las virtudes de todas. Tanto que a veces sorprenden hasta los que tienen al lado brotes que son casi desconocidos para ellos, como le sucedió hace poco. «El otro día fui a una zona de Andalucía, a Puebla de Don Fadrique (Granada), muy cerca de Murcia, donde se inició la cultura del destilado de las plantas aromáticas en la Península Ibérica. Allí tienen de forma espontánea una especie de tomillo y se pusieron a llorar cuando les regalé algunos productos, como colonia o cerveza, hechos con ese tomillo. No se podían imaginar lo que se podía hacer con su mejorana, como lo llaman ellos».

Pilar tiene 61 años, un carro de ilusión y 20 parques que tiran de ella. No tiene muy definido el futuro, pero sí una idea de cómo recorrerlo, a bordo de una autocaravana. «Hemos comprado una con la que vamos de parque en parque como una abejita que va de flor en flor. Es más cómodo para nosotros que un hotel y nuestra ilusión es poder despistarnos lo máximo posible para ir viajando. También colaboramos con gente de Suiza o Eslovenia y apetece ir tranquilamente a verles. Así que nuestro futuro será eso, viajar a nuestro aire y colaborar con este sector que es muy oportuno para nuestro país».

Según los científicos, hay alrededor de 298.000 especies de plantas en el mundo. Según la revista 'Ethic', más de 31.000 tienen uso documentado, de las que casi 18.000 se emplean con fines medicinales; 11.000, como fibras textiles y materiales de construcción; 8.000 con aplicaciones medioambientales; 6.000 para la alimentación; 4.000 como nutriente para herbívoros; 2.500 como veneno; 1.600 como fuente de energía; 1.300 con fines sociales, incluida la religión...

especies diferentes, aproximadamente, se cultivan en el Parc de les olors, que hace un esfuerzo por recuperar y revalorizar aquellas plantas autóctonas de la Península Ibérica que estaban totalmente abandonadas.

Según un estudio de la Universidad Rockefeller, el ser humano es capaz de diferenciar hasta un billón de olores, contradiciendo la creencia, hasta 2014, de que solo podía distinguir unos 10.000 aromas. El oído diferencia 340.000 sonidos y el ojo, más de dos millones de colores.

20 jardines forman la red de los Parcs de les olors en las cuatro provincias de Cataluña. También está en proyecto el primero de Andalucía en Baza (Granada), uno en Portugal y otro en Búger (Mallorca).

 

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