Isabel II hace inventario

Rodeado. Atrapan a los cisnes para medirlos, pesarlos y anillarlos antes de devolverlos a la libertad. :: Toby MelvilleReuters/ /
Rodeado. Atrapan a los cisnes para medirlos, pesarlos y anillarlos antes de devolverlos a la libertad. :: Toby MelvilleReuters / /

Desde hace 800 años, la corona inglesa realiza un recuento anual de los cisnes del Támesis. Todos son dela reina, que mantiene otros curiosos privilegios

FERNANDO MIÑANA

En cuanto atisban un bulto blanco en el horizonte, empiezan a mover los remos, se acercan hasta el cisne surcando las aguas del Támesis, lo rodean con sus seis esquifes y, al grito de «¡Todos arriba!», lo elevan hasta una de las barcas. Son los componentes del equipo que se dedica cada año, durante la tercera semana de julio, de lunes a viernes, a realizar un censo de los cisnes que hay en un tramo del río de unos 180 kilómetros. Son, en realidad, los cisnes reales, porque todos los que habitan allí pertenecen a la reina.

Son unos veinte hombres y todos van con un pantalón blanco y una camisa polo escarlata. Salvo David Barber, cuyo cargo podría traducirse como Soberano Marcador de Cisnes; en realidad, el jefe de la banda, que lleva también, más solemne, más regio, una chaqueta escarlata con botones dorados y una gorra de plato adornada con una gran pluma blanca.

PECULIARIDADES

Su equipaje para viajar

No es una costumbre reciente. Al contrario, es esta una tradición con más de 800 años. Porque este inventario anual se realiza desde el siglo XII, cuando el cisne era considerado un manjar y, para evitar la caza furtiva, se decretó que todos los cisnes pasaban a ser propiedad de la corona inglesa. Desde entonces, cada año se realiza el 'Swan Upping', un recuento de los cisnes que se ha mantenido hasta nuestros días. Ahora con un enfoque muy distinto al del siglo XII: ya nadie se come los cisnes, pero es conveniente conocer la evolución de la población de estos ejemplares de plumaje blanco y pico naranja, y, de paso, utilizarlo con fines docentes con los niños.

Isabel II, que goza de una larga y sorprendente lista de privilegios, no solo es la propietaria de los cisnes del Támesis, sino de todos los delfines y ballenas que habitan en aguas del territorio británico. Pero esta semana es la de los cisnes, que hay que extraer del agua y atarles las patas para que se dejen manejar dócilmente. Entonces se les pesa sosteniéndolos con una tela, se miden, se anillan y se comprueba que gozan de buena salud y no sufren daño alguno.

«Hay una población de cisnes que no ha variado mucho desde mediados del siglo XIX», advierte a la agencia 'Reuters' Barber, que lleva nada menos que 26 años haciendo este trabajo, tiempo suficiente para conocer las nuevas amenazas para este animal, que, ahora que ya no se sirve en platos de porcelana, sigue siendo un bocado suculento para los visones, sufre el ataque de humanos despiadados y perros, y que se hace daño con los aparejos de pesca que quedan abandonados en el río.

Los 'swan uppers' comenzaron su recuento el lunes en Sunbury y durante cinco días, hasta el próximo viernes, recorrerán Middlesex, Surrey, Buchinghamshire, Berkshire y Oxfordshire. Todos van en seis esquifes y llevan detrás una flotilla de curiosos a bordo de barcos de recreo clásicos restaurados con mimo y que esta semana surcan el Támesis celebrando esta antiquísima tradición. Solo fallan en contadas ocasiones. Como en 2012, cuando las lluvias torrenciales provocaron tal crecida del río que desaconsejó que salieran a por los cisnes.

Sin carné ni pasaporte

Que todos los cisnes, como todos los delfines, ballenas y esturiones, sean propiedad de la reina no es el único privilegio llamativo de Isabel II. La monarca, que ha visitado más de cien países, no necesita un pasaporte para viajar. Ni carné de conducir. Ella emite sus propias licencias de conducción y, además, tampoco tiene la obligación de colocarle una matrícula a sus vehículos. Por si fuera poco, la reina no tiene la obligación legal de respetar las señales de circulación, una concesión que no se hace extensiva a toda la familia real, como bien sabe su hija Ana, quien tuvo que apoquinar 400 libras en 2001 por pisar el acelerador más de la cuenta.

Además de las especies en propiedad, Isabel II ha recibido diferentes animales como obsequio, que van desde un perezoso hasta un jaguar de Brasil, pasando por un castor de Canadá. Todos ellos acabaron en el zoológico de Londres. Su cumpleaños se celebra dos veces: una, el día de su nacimiento, el 21 de abril; la otra, la oficial, un sábado de junio, una fecha más propicia, por el tiempo, para realizar festejos al aire libre. Esos días, si lo desea, puede hacerle un encargo al poeta real, un cargo histórico que ahora ostenta Carol Ann Duffy, recompensada con un salario y un barril de licor de cereza. Duffy, que ostenta el título de poetisa laureada desde 2009, es la primera mujer, la primera escocesa y la primera persona abiertamente homosexual en el cargo.

Isabel II no necesita mandar a ningún empleado a sacar dinero. Aunque habrá pocos sitios donde la reina tenga que pagar, dispone de un cajero automático en el palacio de Buckingham, su residencia habitual. Lo que sí que abona, pese a que está exenta de esta obligación, son impuestos. Desde 1992 se comprometió a desembolsar el 40% de sus ingresos privados.

Su influencia sobre la política británica es enorme. Cualquier ley aprobada en el Parlamento necesita su firma para salir adelante. Entre sus potestades se encuentra la de nombrar lores con derecho a un escaño en la Cámara a su libre albedrío, aunque es algo que solo acostumbra a ejercer por consejo de los ministros. Al ser la máxima autoridad podría, aunque nunca lo ha hecho, tomar una decisión en contra del Gobierno. Lo que sí que hizo fue, como jefa de Estado que es de Australia, destituir al primer ministro de este país en 1975. También es la jefa de la Commonwealth, formada por 53 estados. Todos, salvo Mozambique (antigua colonia portuguesa) y Ruanda (antiguo territorio belga), conforman el Imperio Británico. Isabel II es la monarca del Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Pakistán y Sri Lanka, aunque es una posición más simbólica que real.

Su poder es tal que tiene derecho a entrar en cualquier domicilio de Inglaterra, salvo en la Cámara de los Comunes. Goza de inmunidad en territorio británico: no puede ser juzgada ni acusada ante un tribunal. Y tampoco puede ser citada ante un juez en calidad de testigo. Por supuesto, tampoco entrar en la cárcel, aunque todas las órdenes de ingreso en prisión se hacen en su nombre.

También recibe singulares tributos. La parroquia de Hungerford paga a la reina una rosa roja a cambio de sus derechos de pesca y pastoreo; el dueño de Sauchlemuir debe entregar como renta tres vasos de oporto cada fin de año; y la ciudad de Gloucester ha de pagar por el uso de sus propiedades una renta consistente en un gran pastel de anguilas...

La muerte de su padre, Jorge VI, sorprendió a Isabel durante un viaje a Kenia el 6 de febrero de 1952. La heredera no tenía ropa de luto y, tras aterrizar en Londres, tuvo que cambiarse dentro del avión. Desde entonces, viaja siempre con un traje negro. Además, lleva bolsas con su propia sangre por si necesitara una transfusión, va acompañada de su médico particular y le preparan tres mudas diarias para estar siempre impecable. En los banquetes oficiales nunca le sirven ajo ni marisco. Y jamás viaja junto a su heredero.

Su título oficial

Isabel II, por la Gracia de Dios, del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de sus otros Reinos y Territorios, Reina, Jefa de la Mancomunidad de Naciones y Defensora de la Fe.

años lleva de reinado. En 2005 superó el récord de la reina Victoria, que alcanzó los 23.226 días, 16 horas y 23 minutos.

años tiene la cuadragésima soberana de Inglaterra desde Guillermo el Conquistador.