Hechizados por la Luna

Magia nocturna. Participantes en la 'full moon running' celebrado el martes en la Casa de Campo de Madrid ::Fernanda Carvalho/
Magia nocturna. Participantes en la 'full moon running' celebrado el martes en la Casa de Campo de Madrid ::Fernanda Carvalho

Correr a la luz del plenilunio se llama ahora 'full moon running'. Adeptos a esta tendencia mundial se citaron el martes por la noche en Madrid y otras 13 ciudades españolas

ANTONIO PANIAGUA

Son lunáticos, en el mejor sentido de la palabra. Superan con holgura el centenar de personas y han venido a la Casa de Campo de Madrid con el aliciente de correr bajo la luz de la Luna llena. Fueron convocados por medio de Facebook a dar zancadas el martes por la noche recorriendo el contorno del parque en una fecha prometedora: justo 50 años después del lanzamiento del cohete 'Apolo 11'. Por si fueran pocos los incentivos, ese mismo día acontecía un eclipse parcial de Luna. ¿Qué podía fallar? Los corredores no contaban con que las nubes les fueran a jugar una mala pasada. De hecho, los atletas no vieron ni un jirón de rayo lunar ni cosa que se le pareciera. Con todo, trotaron entre las sombras, dejaron atrás carreteras asfaltadas para adentrarse en terrenos escarpados y sus zapatillas se mancharon con el polvo del camino. La experiencia valió la pena para los participantes. Ver desde lo alto de un cerro el perfil de la ciudad es una buena recompensa. Además, hicieron nuevos amigos. Habrá otros plenilunios y nuevas citas para estos descubridores del 'full moon running'.

Son las nueve y media de la noche y quienes han respondido a la llamada de la Luna se arremolinan frente al bar El Urogallo para hacer estiramientos y calentar. Un chaval que ha venido con ropa deportiva reflectante para ser visto se preocupa por la atracción que ejerce sobre los insectos. «¿Hay muchos mosquitos?», pregunta uno. «Sí, y van sin dorsal», le contesta un miembro de la organización.

Desde hace 25 años, Javier García Monserrat aprovecha las noches de Luna llena para desfogarse por la trochas de la montaña. «Vivo en Navacerrada, en la sierra de Guadarrama, y siempre encuentro algo hipnótico y mágico en correr a la luz de la Luna. Pensé cuánta gente haría lo que yo hago en todo el mundo, porque la Luna sale para todos, da igual estar en el norte o en el sur. Una vez me dije: '¿y si hacemos una experiencia global?' Porque cuando corremos todos somos iguales, da igual el origen social, la edad, el sexo; no sabes si a quien está a tu lado le desbordan los ceros de la cuenta corriente o es un becario», dice García Monserrat, promotor de la iniciativa.

«Cuando corremos todos somos iguales; da igual el origen social, la edad o el sexo» J. García Monserrat, Organizador

«Liberar endorfinas me estimula mucho y luego no puedo dormir» Pilar Corredora

Al mismo tiempo que los seguidores del 'full moon running' empezaban a rodear el estanque del jardín madrileño, otros corredores hacían lo mismo en Mijas, Antequera, Cádiz, Melilla, Zaragoza, Barcelona y otras siete ciudades de España. «No son tanto carreras como quedadas. Es la tercera vez que lo hacemos este año. Un centro de la Cruz Roja de Madrid también ha organizado una carrera de inmigrantes sin techo de veinte nacionalidades distintas», asegura García.

En la anterior convocatoria, el llamamiento fue secundado en 14 países distintos. Como si se tratara de una carrera de relevos, diferentes Estados se iban cediendo el testigo bajo el hechizo del disco lunar. «En nuestra iniciativa no hay ganador ni perdedor. Se trata de disfrutar e hincharse a hacer fotos».

No está muy claro quién es el padre del invento. En previsión de que haya otros que quieran robarle la idea, García Monserrat inscribió el plan en la oficina de patentes en 2011. «Nunca se sabe. Esto para mí es un proyecto de vida y me apetece desarrollarlo. Hoy mismo en La Maliciosa (una montaña de la Comunidad de Madrid) está corriendo Gema Hassen-Bey, la atleta paralímpica española que ha coronado el Teide en silla de ruedas», apunta García, un publicitario que perdió el trabajo hace años y que ha hecho de fatigar los caminos en Luna llena el 'leitmotiv' de su existencia.

Los verdaderos pioneros en esto de correr sin tasa son los tarahumaras, una tribu indígena afincada en México cuyos miembros son capaces de apencar con una carrera que puede durar dos días enteros. Sale el Sol, le sustituye la Luna, amanece y los tarahumara siguen dando trabajo a sus pies alados. Salvan los desniveles rocosos y los terrenos escarpados con ropas pobres y un calzado espartano. Su dieta no tiene nada que ver con la de un deportista de élite. Beben como si fuera la boda de su mejor amigo y trasiegan tanta cerveza de maíz que nadie se explica cómo se libran de la resaca.

El placer del silencio

Entre los asistentes a la quedada hay quienes adoran dar trotes y calzarse las zapatillas pero aborrecen el sonido del despertador a horas intempestivas. Son quienes prefieren salir a correr por la noche. A los que soportan una larga jornada laboral, lo que menos les apetece es apechar con cuestas extenuantes antes de empezar el día. «Correr por la noche en silencio es la mejor manera de cerrar el día. Y qué mejor si puedes escuchar los grillos y sientes la compañía de la Luna. Me concentro mejor y hay menos distracciones», explica Lucía.

Son las diez de la noche y los cerca de 150 participantes se dividen en dos grupos, ambos bajo la tutela de cuatro guías. Los más dotados o en mejor forma culminarán un recorrido de once kilómetros, mientras que a los menos entrenados les espera una ruta de ocho kilómetros. La gran parada acontecerá en el cerro de Garabitas, escenario de diversas batallas durante la Guerra Civil y hoy mirador privilegiado desde el que contemplar la línea del horizonte de Madrid.

Según algunos estudios, correr por la noche modifica la percepción de la velocidad. Los objetos situados en la lejanía no son visibles, de modo que la única referencia son los cercanos, como árboles o señales de tráfico. Al combinarse todas circunstancias se crea una mayor sensación de ritmo y esfuerzo que durante el día. Para Pilar, correr en grupo es «mucho más divertido». «Aunque a veces lo que necesitas en cambio es ir sola para ordenar tus pensamientos. Lo malo es que liberar endorfinas me infunde muchos estímulos y estoy tan activada que luego no puedo dormir».

María acaba de terminar la carrera, jadea y suda copiosamente. Se da por satisfecha: «Ha sido una experiencia especial. Hemos visto un poquito el eclipse, pero la Luna nada». Su compañero ya está preparando con unos amigos la próxima quedada para corretear iluminados por el claro de Luna. La celebrarán en Campello (Alicante), aunque la idea es que los corredores se sumen a la iniciativa allí donde se encuentren. «Es una gozada, te juntas con gente que tiene la misma afición, vas a un ritmo tranquilo, puedes ir hablando y sin necesidad de salir a todo meter», apunta Agustín.

Cada vez más adeptos

No se sabe muy bien por qué correr por la noche, que hace años se antojaba un disparate, cada vez tiene más adeptos. «Si corres en la naturaleza, es un regalo poder escuchar los sonidos del bosque y la montaña. Eso sí, hay que tener buenos reflejos para esquivar las piedras, las ramas y los agujeros», argumenta Ángel, que empezó a aficionarse al deporte nocturno desde que participó en la San Silvestre vallecana, una carrera que se celebra siempre en Nochevieja.

Pero que nadie se llame a engaño. La proliferación de carreras populares está produciendo cierto hartazgo. Hay pruebas extenuantes y para primerizos, diurnas y nocturnas, empinadas y llanas como una tabla. En el mercado deportivo hay muchas opciones. Uno se puede decantar por el duatlón o el triatlón, las carreras de montaña y las de obstáculos, las rurales y las urbanas...

Toda esa inflación de carreras importa poco a García Monserrat. Lleva años saliendo a correr y no concibe la vida sin dar trancos. Lo suyo, más que un deporte, es una manera de estar en el mundo. Quiere exportar como sea el 'full moon running', que según dice es una realidad asentada en Chile, Panamá, Argentina y otras latitudes. Como una cosa lleva a otra, de participar en maratones ha pasado a ser un adicto a los ultramaratones, carreras que superan el centenar de kilómetros. «He llegado a correr 21 horas seguidas y al día siguiente he ido a trabajar sin problemas. Es una evolución natural», alega García Monserrat, quien vive la existencia como un puro trajín, un fin en el que no es preciso llegar el primero.

La moda de correr viene de Estados Unidos. Este país ha vivido tres épocas de esplendor de las carreras de larga distancia, casi siempre en periodos de crisis. Durante la Gran Depresión, en la Guerra Fría y después de los atentados del 11-S. Para Christopher McDouglas, autor del libro 'Nacidos para correr', la carrera es una respuesta de la psique que activa nuestra capacidad de supervivencia. Aflora cuando sentimos cerca el peligro.