«Somos de Hacienda, su boda está embargada»

La pareja afectada en el despacho de Eduardo Gil, su abogado. :: PAKOPÍ/
La pareja afectada en el despacho de Eduardo Gil, su abogado. :: PAKOPÍ

Una pareja que se casó en Badajoz reclama daños a la Agencia Tributaria por irrumpir en su banquete

NATALIA REIGADASBadajoz

Estaba pasando uno de los días más felices de su vida. Sus 100 invitados disfrutaban de la comida y le pidió a dos de sus primas que la acompañasen al baño. Su vestido de novia era muy voluminoso, por lo que necesitaba ayuda y decidió buscar intimidad en una habitación privada que la finca donde se celebraba su enlace le había preparado. Al entrar vio a dos hombres sentados en su cuarto con un ordenador portátil. Pensó que se habían equivocado, pero no. Uno de ellos le pidió que pasase, le enseñó una identificación y le dijo: «Somos de la Agencia Tributaria. Hemos venido a embargar su boda».

Así comenzó la pesadilla de dos novios que se casaron el pasado 1 de junio en Badajoz. Todo era perfecto hasta que Hacienda interrumpió su día. Al principio pensaron que los inspectores buscaban pagos en dinero negro o investigaban los regalos, pero no. No iban a por ellos. Según supieron después, tenían que embargar el pago de su boda porque su empresa de catering debe dinero a la Agencia Tributaria. El objetivo de los inspectores era averiguar cómo era su contrato con este negocio e interceptar el pago, es decir, que los novios le diesen el dinero a Hacienda para paliar la deuda fiscal del catering.

Sin embargo, aunque no iba contra ellos, el proceso hizo que su día fuese muy accidentado. Provocó que se quedasen sin cortar ni comer tarta, sin brindar con champán y sin aire acondicionado a 43 grados. El peor momento, sin embargo, fue cuando la guardia civil pidió a la novia saliese del baile para hablar con ella. «Estás a tope de felicidad y te ponen en el infierno», se lamenta el novio.

La empresa de catering tiene una deuda fiscal y la interrupción dejó a los novios sin tarta y con una visita de la Guardia Civil

Los novios alegan que se estropeó parte del evento y que sufrieron daños morales. Por ello han contratado al abogado pacense Eduardo Gil Mastro y van a presentar una reclamación de responsabilidad patrimonial a la Agencia Tributaria. «No entiendo la agresividad de ir a la boda, hablar con nosotros, llamar a la Guardia Civil... Podían notificarnos, como lo han hecho luego por escrito y por email, que no debíamos pagar a la empresa porque quieren que hagamos el pago directamente a Hacienda como acreedores. Perdimos servicios, por no hablar del daño moral», relata el novio.

Como cualquier pareja, eligieron fecha, sitio para la ceremonia y se pusieron a buscar un salón para el banquete y el baile. Encontraron una finca perfecta para lo que querían, firmaron un contrato y pagaron una señal a través de una transferencia bancaria. En ningún momento, explica la novia, les pidieron un pago en 'B'. «En el contrato pone que, tras el abono final, nos darían la factura, así que todo estaba bien».

Los contrayentes, de 39 y 43 años, llevan juntos diez años y tienen dos hijos pequeños. Hace más de un año decidieron casarse e invertir sus ahorros en una boda especial en la que reunir a sus familias. Ella es de Madrid, así que muchos invitados llegaron de la capital. También se desplazaron desde Inglaterra o Valencia.

«Pensé que era una broma»

Tras identificarse a la novia, los inspectores pidieron que viniese el novio. Cuando este llegó, le repitieron lo mismo. «Me senté y pensé que era una broma. Tenemos amigos que organizan eventos, conocen actores y estaba escuchando y pensando: me lo estoy creyendo, pero esto es una broma», explica el afectado.

«Solo les pedíamos arreglarlo el lunes, pero nos decían que no y nos repetían lo mismo de nuevo, lo de la empresa», dice la novia. Finalmente, el encargado del catering entró en la habitación, pidió a los inspectores que dejasen marcharse a los novios y se ofreció para quedarse respondiendo a sus preguntas. Los contrayentes volvieron al salón para descubrir que la comida, incluidos los postres, habían terminado. Sus invitados les esperaban para ponerles un vídeo con fotos de sus vidas. «Yo estaba en shock, desencajada. Estábamos mirando el vídeo y ni nos enterábamos de lo que pasaba», dice la novia.

Un rato después supieron, además, que al faltar los novios y el encargado, los camareros no habían servido la tarta. La Red Velvet que encargó esta pareja sigue a día de hoy congelada en las instalaciones de la empresa. Tampoco sirvieron champán a los invitados y, debido al susto, a los novios se les olvidó repartir los regalos de recuerdo que habían comprado a sus invitados.

La ausencia del encargado durante horas, además, provocó otros problemas. El novio recuerda que no funcionó bien el sistema de sonido para el vídeo, que no sabían cómo poner el aire acondicionado, por lo que hizo mucho calor (la temperatura exterior era de 43 grados) y que el grupo de música que contrataron no fue asistido. Sin embargo, trataron de disfrutar del resto del día. «Intentas recomponerte porque ha venido de todas partes y tienes que seguir adelante», recuerda el novio. «Aunque no dejas de darle vueltas. No sabíamos qué podía pasar», añade la novia.

Lo que no esperaban es que su encontronazo con Hacienda tuviese segunda parte. Acababa de empezar el baile cuando un camarero se acercó a la novia. «Me dijo que la Guardia Civil estaba fuera y que querían hablar conmigo para que el novio no se pusiese nervioso, que tenía que salir, que me iba a llevar por las cocinas para no llamar la atención. Le seguí y acabé en el aparcamiento con los inspectores y dos agentes de uniforme».

«La Guardia Civil me pidió mis datos y me preguntaban cosas, pero de verdad que no sabía qué pasaba, ni qué querían», recuerda la novia. El novio se percató de la ausencia de su mujer y la buscó. «Cuando la vi en el aparcamiento con los dos de Hacienda y dos guardia civiles, me enfadé. Estaba fuera de mí y les insulté», reconoce y añade que lamenta haber tratado mal a los agentes. «Porque creo que intentaban ayudarnos, tampoco entendían qué hacían allí, pero yo ya no podía más. Les dije que se largaran». «Entonces yo me vine abajo y empecé a llorar. Fue por verle así porque el nunca es así», dice su mujer.

El abogado de la pareja, Eduardo Gil, cree que los trabajadores de la Agencia Tributaria llamaron a los agentes de la Guardia Civil porque alguien se negó a darles datos y querían que levantasen acta. Lo que no comprenden los novios es que una vez más les colocasen a ellos en el centro de la investigación en un día tan delicado.

Dos días después de la boda, los novios acudieron de nuevo a la sala para recoger sus cosas e informar a la empresa de que no les pagarían. Ese mismo día dos agentes de la Agencia Tributaria fueron a su casa y hablaron con la madre de la novia. «Estuvimos a punto de no irnos de luna de miel porque estábamos preocupados. Finalmente nos animamos, pero no nos lo quitábamos de la cabeza. En Venecia nos llegó por email el requerimiento para que retuviésemos el pago y presentásemos los papeles del contrato y la transacción. Más adelante nos darán un número de cuenta para ingresárselo a Hacienda», dice la novia. «Eso lo entendemos. Es normal ¿Por qué no lo hicieron así. Una carta o un correo con el requerimiento en lugar de meterse en la boda», concluye el novio.