La guerra del agua mineral

La guerra del agua mineral

El acuífero del que Nestlé extrae el preciado líquido que comercializa como uno de sus productos más lucrativos se agota. Los vecinos de Vittel, el pueblo francés que da nombre a su marca, le acusan de dejarles secos

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Corría el año 1854 cuando un tal Louis Bouloumié, un rico letrado de Occitania afectado de continuos cólicos renales, buscó tratamiento en un manantial propiedad de un granjero de Vittel, una localidad paupérrima emplazada en las faldas del Vosgo, una sierra del noreste de Francia que ejerce de frontera natural entre Alsacia y Lorena. Las friegas con aquel agua límpida que brotaba en medio de un prado le aliviaron tanto que compró el campo y levantó en torno a él una ciudad balneario. Décadas más tarde, con su hijo a los mandos de los balsámicos 'grifos', el pueblo se convirtió en el 'spa' de referencia para la alta burquesía del momento, que acudía allí a tratarse sus ataques de gota o su hipertensión. En paralelo, los propietarios comercializaban el precioso líquido. Primero, en envases de cerámica; luego, en botellas de vidrio (de las que vendieron un millón) y, a partir de 1968, en las primeras botella de plástico de agua mineral que conoció el mundo. Advertido del 'boom' del negocio, Nestlé se apresuró a adquirir el 30% de la compañía. Veinticuatro años más tarde, se hacía con el 70% restante. Ahora, la armonía en la que parecían convivir la multinacional suiza, líder mundial en el sector de alimentos y bebidas, y los 5.000 habitantes de Vittel ha estallado por los aires.

¿La razón? Que la fuente del oro líquido se seca. Según la Oficina Geológica de Francia, el manto freático de la localidad -es decir, el nivel por el que discurre el agua en el subsuelo- ha disminuido diez metros en las últimas cuatro décadas. «Desde 1990 cae a razón de treinta centímetros cada año», alertan los responsables de esa entidad. Para las organizaciones ambientalistas y para muchos vecinos de Vittel, la causa de la crisis acuífera está vinculada a un emporio, Nestlé. Le acusan de una «sobreexplotación» que, denuncian, no solo pone en riesgo el abastecimiento humano, sino también el de ríos y lagos y la supervivencia de las especies que habitan en ellos.

La multinacional, que comercializa múltiples productos como el café Nescafé o las salsas Maggi, si bien el agua mineral constituye uno de sus pilares, niega en redondo ser responsable del desastre. «Donde quiera que embotellamos agua efectuamos antes estudios hídricos y supervisamos de manera constante nuestras extracciones para asegurarnos de no afectar a las cuencas», responden sus altos ejecutivos, que se han apresurado a incluir un párrafo en su web en donde afirman que han reducido un 25% sus niveles de extracción «para ayudar a garantizar la sostenibilidad a largo plazo de los recursos hídricos en la zona».

Ante el temor de que esté próximo el día en que el agua deje de ser un bien corriente en las casas de Vittel, las autoridades locales estudian construir una tubería para 'importar' suministro desde otra comuna gala. El proyecto tendría un coste de cerca de 50 millones de euros. Nestlé, por su parte, se ha comprometido ya a hacer una contribución económica para evitar que el coste del agua se incremente para los vecinos afectados.

Derecho humano reconocido

La poderosa compañía es titular de 10.000 hectáreas en los alrededores de Vittel, cuyo uso cede de forma gratuita a los agricultores locales a condición de que no utilicen pesticidas en sus cultivos para así proteger el acuífero. Gracias a ese aljibe natural obtiene unas ganancias anuales que superan los 78 millones de euros. Y es que en torno al 9% de sus ingresos totales proceden del agua mineral embotellada, que exporta a otros países de Europa y también a naciones pobres cuyos habitantes carecen de suministro de agua potable en sus hogares.

Naciones Unidas reconoció el 28 de julio de 2010 el derecho humano al agua potable y al saneamiento. Un bien esencial que en Vittel comienza a escasear.