El fascismo ya no es lo que era

Botellas de vino a la venta en un establecimiento romano recuerdan en sus etiquetas al fundador del fascismo italiano, Benito Mussolini, con mensajes insultantes. :: reuters/
Botellas de vino a la venta en un establecimiento romano recuerdan en sus etiquetas al fundador del fascismo italiano, Benito Mussolini, con mensajes insultantes. :: reuters

Un siglo después de que Mussolini creara los 'fasci di combattimento', Italia sigue sin ajustar cuentas con aquella ideología que, para algunos, está hoy tan en boga

DARÍO MENOR

Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, ha sido el último en caer en un lugar tan común como equivocado a la hora de hablar de Benito Mussolini. «Antes de que le declarara la guerra al mundo entero siguiendo a Hitler y promoviera las leyes raciales hizo cosas positivas. Construyó puentes, carreteras y rehabilitó zonas pantanosas de Italia», comentó en una entrevista en Radio24 la semana pasada. La polémica suscitada por aquellas palabras le obligó a pedir perdón y a asegurar que es un «convencido antifascista» que considera que los años de Mussolini fueron «la página más oscura de la historia en el siglo pasado». En realidad, Tajani no hizo más que repetir en público una idea muy generalizada entre los italianos: el 'Duce' también hizo cosas buenas. Es un discurso similar al que se sigue oyendo en España sobre lo agradecidos que hay que estar al general Franco por construir tantos pantanos.

Aunque hoy se cumplen cien años de la creación en Milán de los 'Fasci Italiani di Combattimento', el embrión de lo que luego se convertiría en el Partido Nacional Fascista, Italia sigue sin ajustar del todo las cuentas con aquel período. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se optó por pasar página lo antes posible para centrarse en la reconstrucción y tratar de superar el trauma. «Hay un problema de memoria y de cultura histórica, pues en 1945 no se abrió un verdadero debate sobre lo que habían sido los veinte años anteriores. Se permitió una desviación en la que se podía ser antifascista aunque se reconociera que el régimen hizo cosas buenas. Es un problema que ha llegado hasta nuestros días, como se ha visto con las declaraciones de Tajani», explica el historiador Francesco Filippi, presidente de la asociación Deina, que organiza recorridos culturales por escenarios significativos del siglo XX. Filippi acaba de publicar un libro en Italia con el que trata de acabar con los mitos positivos y erróneos que se suelen asociar a esta ideología totalitarista. Se titula 'Mussolini también hizo cosas buenas: las idioteces que continúan circulando sobre el fascismo'.

Los lugares comunes siguen repitiéndose hoy aunque fueron creados por el propio régimen, que fue «el primer productor de bulos sobre sí mismo». Filippi pone el ejemplo de la quimera de que cuando gobernaba el 'Duce' los trenes eran siempre puntuales. «Los fascistas prometieron que los trenes iban a llegar a su hora, pero cuando no lo lograron optaron por aprobar un decreto de censura en 1926 que prohibía informar sobre los retrasos. El bulo sobre la puntualidad empezó a circular primero como broma, pero se quedó en el imaginario colectivo de la gente y se sigue escuchando hoy como si fuera verdad». Otro mito muy escuchado es el de que Mussolini consiguió acabar con la mafia siciliana. La demostración de que la criminalidad organizada siguió existiendo, con algunos capos incluso colaborando con el régimen, fue el papel clave desempeñado por la Cosa Nostra a la hora de facilitar el desembarco de las fuerzas aliadas en Sicilia en julio de 1943.

«El régimen fue el primer productor de bulos sobre sí mismo» Francesco Filippi, Historiador

«Confundir fenómenos nuevos con otros del pasadopuede ser peligroso» Emilio Gentile, Historiador

El 'pecado original'

La prevalencia del gen fascista en el imaginario colectivo de los italianos es algo que el propio Mussolini situaba antes incluso del nacimiento de los 'Fasci Italiani di Combattimento'. En su última entrevista, realizada el 20 de marzo de 1945, cuando faltaba poco más de un mes para su asesinato, aseguró que no había sido él quien creó el fascismo, sino que lo encontró «en el subconsciente de los italianos». Para Emilio Gentile, profesor emérito de la universidad La Sapienza de Roma y autor del libro '¿Quién es fascista?', el 'Duce' sólo trataba con aquella frase de exculparse como responsable del nacimiento del régimen. «Tras el desastre de la Primera Guerra Mundial y los cuatro años de clima de guerra civil, la población estaba muy cansada de la situación y confió en un hombre que proponía orden y disciplina, no el totalitarismo que llevó luego a cabo», sostiene Gentile, que recuerda el 'pecado original' del fascismo: a diferencia de nazismo, no fue nunca capaz de ganar unas elecciones libres y sólo logró el poder utilizando a su antojo los «instrumentos coercitivos del Estado» y sirviéndose de una «milicia armada». Es por ello que este historiador, uno de los mayores especialistas en la materia, prefiere situar el inicio del fascismo en el 10 de noviembre de 1921, cuando surge el Partido Nacional Fascista, ya que hasta entonces Mussolini había desempeñado un papel «secundario».

El aniversario, sea hoy o dentro de dos años, llega cuando son cada vez más las voces que denuncian el renacimiento de esta ideología, una postura con la que no está del todo de acuerdo Gentile: «Si el fascismo significa todavía algo históricamente concreto, es decir, partido único, ideología del jefe, culto al presidente supremo y evocación bélica, hay que incluir a Corea del Norte entre los regímenes fascistas. Y China tampoco podría excluirse. Nos encontramos al inicio del siglo XXI reconociendo que casi la totalidad del mundo está infectado por el fascismo. Esto no ayuda a entender lo que está pasando».

El experto aprecia que existe una incapacidad para comprender los fenómenos nuevos y se tiende a confundirlos con otros del pasado, lo que acaba suponiendo que «se ignoren peligros reales». A su juicio, la clave está en que el movimiento o partido que se analice respete la soberanía popular y las elecciones libres. «Si lo hace no es fascista, aunque puede ser nacionalista o racista», explica, advirtiendo de que el riesgo estriba en que estas fuerzas políticas utilicen el sistema democrático para corromperlo desde dentro. «Siempre hay un peligro de que el método democrático cree democracias iliberales», subraya.

Para Filippi es una buena señal que 'fascista' siga aún interpretándose como un insulto, aunque el hecho de que se recurra a este término con tanta facilidad muestra «una escasa atención al discurso» y una falta de «conciencia histórica». Al igual que Gentile, tampoco cree que haya hoy un renacimiento de esta ideología. «En Italia fue un movimiento tan personalista que muere con Mussolini. Este tipo de fascismo no puede volver, aunque las democracias deben estar atentas a su memoria para no permitir discursos políticos en los que parece que vale a todo».