«La ley obliga a mi madre a vivir en contra de su voluntad pero no le permite morir con dignidad»

Entrega de las firmas para pedir la despenalización de la eutanasia en el Congreso de los Diputados. / Foto: José Ramón Ladra / Vídeo: Atlas

Familiares de los que se «quieren marchar» presentan miles de firmas a favor de la eutanasia y el suicidio asistido en el Congreso

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Cuando le diagnosticaron alzhéimer, hace 12 años, Maribel Tellaetxe tenía 63 años y habló con su familia. Quería morir cuando perdiera la conciencia y su cuerpo dejara de responder. En mente tenía a su madre. «Mi ama fue hija de una mujer con la misma enfermedad y fue su cuidadora», dice su hijo Danel que lleva a cabo una campaña ciudadana para la aprobación de la ley de eutanasia en el Congreso. «Mi ama tenía muy claro cuál era el estado degenerativo al que llevaba el alzhéimer, porque mi abuela estuvo vegetal en una cama. La levantaban con grúa para limpiarla. Ella me dijo: yo voy a luchar todo lo que pueda contra esta enfermedad pero el día que me gane la batalla, yo me quiero marchar».

Maribel, ahora de 75 años y sin «lucidez ni conciencia», vive en Portugalete, en la casa familiar junto a su marido, Txema. La enfermedad venció el pulso hace un año. Antes, ella logró retrasar sus efectos al agilizar la mente. Retomó los estudios de euskera, empezó clases de inglés, hizo sudokus.

Durante ese tiempo repitió su determinación a morir cuando perdiera todas sus facultades. Primero, lo habló con ellos. En 2006 les escribió una carta y una década más tarde, cuando notaba que la invasión imparable del alzhéimer, redactó y firmó un documento de 'últimas voluntades'. Siempre pedía lo mismo. «Me dijo: no quiero vivir desprovista de dignidad», recuerda Danel, de de 42 años. «En estos momentos hay una ley que la obliga a vivir en contra de su voluntad. Mientras esté el Código Penal, a los ciudadanos se les obliga a vivir con sufrimiento. Hace un año que pegó un bajón, que no nos conoce y no es autónoma».

Apoyo de la sociedad

Con 273.000 firmas en varias cajas de cartón se reunieron los familiares de Maribel Tellaetxe y de Luis de Marcos, otra persona que también había manifestado su voluntad de morir antes que la enfermedad le consumiera. A las puertas del Congreso de los Diputados de Madrid, Asun Gómez –viuda de Luis– y el cónyuge de Maribel y sus hijos reclamaron la despenalización de la eutanasia y el suicidio asistido. Un deseo manifestado en dos largas campaña promovidas por la plataforma Change.org. La de Luis, empezó en mayo de 2017, año en que él falleció, y la de Maribel en noviembre de 2018.

Antes de la entrega de las firmas, en la puerta del Congreso de Diputados, Danel aseguraba ante los micrófonos que la mayoría de los españoles estaban a favor de la legalización de la eutanasia. Bajo la «saturación mediática» a la que ha estado expuesta la familia de Maribel, sienten que en su entorno el respaldo es unánime. «Sólo me he encontrado con una persona que me ha dicho que no está a favor de la eutanasia, que él no la aplicaría, pero que la respeta».

Danel Lorente, atiende a los medios de comunicación a la puerta del Congreso de los Diputados.
Danel Lorente, atiende a los medios de comunicación a la puerta del Congreso de los Diputados. / José Ramón Ladra

En efecto, el 85% de la población española apoya su regularización, según la encuesta Ipsos de finales del año pasado. Incluso entre los médicos existe ese apoyo. En uno de los pocos informes que sondea a los médicos, realizado por el Colegio de Médicos de Bizkaia (CMB), mostró que 86% está a favor de la regulación y un 6,2% se opone «con total seguridad. Cuando se trata del suicidio asistido, el fervor disminuye al 71%. Los porcentajes de la 'Encuesta eutanasia y suicidio médicamente asistido' de 2018 son similares a la hora de permitir que el médico se niegue a llevarla a cabo.

Padecer la cotidianidad

Mientras Maribel aguarda aún en la neblina del alzhéimer, Luis murió afectado por los dolores de la esclerosis múltiple. Sus familias entraron a las once de la mañana, acompañados del diputado Patxi López. Cincuenta minutos después, salían a seguir su lucha a pie de calle. «Hemos tenido el respaldo político de la mayoría de la representación de la Cámara», aseguró Danel. «Nosotros venimos como familia. No a representar a ningún partido».

Maribel tiene asistencia paliativa, que mitiga sus dolores físicos. Sin embargo, ya no reconoce a los suyos ni puede valerse por sí misma. «No tiene recuerdos; hay que alimentarla, ducharla», dice Danel. «Al final qué estamos haciendo. ¿Mitigar el dolor, y mantener un cuerpo sin vida tumbado en una cama? Qué sentido tiene. No criticamos a la gente que quiere vivir así. Lo único que estamos pidiendo es que se nos respete a nosotros y a mi madre. Que se respete hasta dónde quería vivir».