«No pido permiso para innovar en el aula»

César Bona./
César Bona.

César Bona explica el método pedagógico que ha hecho de él uno de los 50 mejores maestros del mundo

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La educación es una de las armas arrojadizas que las formaciones políticas usan de manera interesada legislatura tras legislatura. Las leyes educativas cambian cada vez que lo hacen los gobiernos, unos bruscos vaivenes cuyos perniciosos efectos evidencia el informe PISA, que evalúa cada tres años el rendimiento de los estudiantes de varios países y de los que España no puede presumir. El exministro Ángel Gabilondo estuvo a punto de lograr un pacto de Estado educativo para revertir una realidad que perjudica sobre todo a los estudiantes.

César Bona, profesor en Zaragoza, decidió no esperar a que los legisladores se pusiesen de acuerdo y rubricaran ese acuerdo hoy por hoy utópico. Empezó a educar a sus estudiantes con unos originales y atípicos sistemas pedagógicos que le han convertido en uno de los cincuenta mejores maestros del mundo y de los que da cuenta en el libro 'La nueva educación' (Plaza y Janés). Opina Bona que la educación lleva bastante tiempo estancada y que debe adecuarse a las necesidades de los niños. "Los maestros nos sentíamos ahogados. Hay que respirar un poco de tanta programación. Parece que todo tiene que estar medido desde el primer día de clase hasta el último", lamenta el singular maestro.

"Quizás los responsables de la educación no han pisado jamás una clase. Para programar los temarios y los contenidos educativos hay que consultar a los profesionales, de la misma manera que cuando uno quiere hacer una casa llama a un arquitecto", reivindica este maestro de 42 años y que logra encandilar a sus alumnos sin usar apenas los libros de texto. "Son herramientas útiles, no un guión que haya que seguir al pie de la letra. A veces de tanto fijarnos en el libro se nos olvida mirar a los niños", asegura Bona, que fue nominado al Global Teacher Prize, un galardón considerado como el 'Premio Nobel' de la Educación, y en el que quedó entre los 50 primeros.

Piensa Bona que "el día que se cuente con los educadores para hacer las leyes esto cambiará a mejor". Entretanto, este revolucionario profesor no tiene ningún reparo en saltarse las normas si eso redunda en un claro beneficio para sus alumnos. "Me da igual que toque Lengua o Matemáticas, si surge una cuestión que considero importante en la vida, la tratamos", asegura. Reconoce que sus métodos son poco ortodoxos, pero sabe que nadie podrá decir que no son efectivos. El maestro aragonés parafrasea a su colega Nancie Atwell, que se hizo con el premio de la edición de este año. "Innové sin pedir permiso", afirma Atwell.

Ninguno de los proyectos que Bona y sus alumnos han desarrollado estaba escrito ni reglado en los programas educativos, "pero son -afirma- los que han ilusionado y enseñado de verdad a los niños". Uno de los destinos de Bona fue el pueblo zaragozano de Muel, una pequeña localidad de 1.400 habitantes. Allí daba clase a doce niños de cuarto de Primaria que se alegraron muchísimo cuando supieron que un circo con animales llegaría a su pueblo. Les invitó a investigar por sí mismos las prácticas de este tipo de espectáculos. Al descubrir que jaulas y carpas no eran el hábitat natural de esos animales, que eran maltratados para lograr que hicieran todo tipo de excentricidades, los alumnos se formaron una opinión propia.

Ansiosos por ayudar a los animales cautivos, los críos se reunieron con el alcalde de su pueblo y le expusieron sus inquietudes. Muel es hoy una población libre de circos con animales.

Pero la cosa no quedó ahí. Al ver que eran capaces de cambiar lo que consideraban injusto, la ambición de los alumnos creció y fundaron una protectora de animales virtual, 'El cuarto hocico', que a base de compartir su experiencia ha conseguido contagiar su entusiasmo y su entrega. "El planteamiento de que los niños son los adultos del futuro es erróneo -expone Bona-, los críos están aquí ahora y son capaces de hacer grandes cosas si les invitamos a participar en la sociedad".

"Castigué a niños en el pasado pero con los años me di cuenta de que no sirvió para nada. Lo que de verdad es útil es la motivación positiva. Hay que hacer de la escuela un lugar a donde los niños estén deseando ir", concluye Bona que con su libro quiere impulsar proyectos de profesores dispuestos a innovar, tarea en la que colaborará con el Gobierno de Aragón.