Un extremeño salva la vida con una operación de 40.000 euros y se queja por tener que compartir habitación

'/
'

Un cirujano vascular del Servicio Extremeño de Salud compartió un comentario de enfado por esta actitud en Facebook

INÉS GALLASTEGUI

El señor X llegó al Hospital Universitario de Badajoz en helicóptero, en estado crítico. Tenía la aorta destrozada y fue operado a vida o muerte. Diez días después, salía por su propio pie del complejo sanitario. Como nuevo. Cualquiera habría pensado que se marchaba feliz, agradecido al sistema de salud público y universal y al equipo de profesionales que le habían salvado, pero no. «Gracias, señores, pero con lo que pagamos en impuestos es vergonzoso que tengamos que compartir habitación con otros enfermos», dijo al despedirse. Uno de los médicos que le operó no pudo resistirse y recordó, a través de las redes sociales, el coste real de cada uno de los procedimientos que se aplicaron al desagradecido exmoribundo: desde la ambulancia aérea hasta la prótesis de alta tecnología con la que los cirujanos repararon su aneurisma, sin olvidar los costes de personal, fármacos, alimentación o lavandería de su estancia en la UCI y en planta, 40.000 euros como mínimo. «Nos vamos a cargar el sistema por ignorantes», lamentó el angiólogo Ángel Martínez Monsalve en un mensaje que se ha hecho viral.

Hace diez años, la decisión de varias regiones de enviar una factura informativa a los usuarios después de una consulta o un ingreso generó polémica. ¿Ha llegado la hora de volver a mandar la cuenta a los pacientes, aunque no la pidan? «Algunos vieron la 'factura sombra' como el inicio de un proceso de privatización, pero como fórmula para generar conciencia del gasto público en personas que han recibido una asistencia sanitaria sin tener que pagar quizá fuera útil», argumenta José Luis Navarro, subdirector económico del Hospital Virgen de las Nieves y profesor de Economía en la Universidad de Granada.

Factura sombra'. Ejemplar del hospital madrileño de La Paz.
Factura sombra'. Ejemplar del hospital madrileño de La Paz.

El cirujano vascular del Servicio Extremeño de Salud compartió el 19 de febrero el motivo de su enfado con sus amigos de Facebook: «Un paciente ingresa de urgencia a las 18.35 de la tarde con un aneurisma abdominal roto, 100% de mortalidad si no se trata inmediatamente. Viene en helicóptero porque su vida está en juego, con todo el personal de urgencias preparado para subirlo a quirófano en dos minutos de reloj, listo para ser intervenido. Es operado de urgencia; dos cirujanos vasculares, dos anestesistas, dos enfermeras, un auxiliar y un celador trabajan en quirófano. Se emplea para salvarlo una prótesis de alta tecnología que cuesta 21.000 euros, usando un arco radiológico y una mesa especial con un coste de 600.000. Pasa tres días en UCI, donde intensivistas y enfermería especializada siguen luchando por su vida (5.500 euros). La semana en planta requiere 21 turnos de enfermería, auxiliares y celadores, además de un cirujano pendiente 24 horas diarias (7.300 euros)», relata el facultativo, que olvidó mencionar que el transporte aéreo medicalizado salió a 7.828 del ala.

«La sanidad es universal, pero no gratuita: se paga con los impuestos» Eva Castizo Paciente

«Afortunadamente, este es un caso extremo, pero cada día vemos pequeños detalles que apuntan en la misma dirección: pacientes que se quedan en lo superficial, en el envoltorio, y no aprecian lo importante, el servicio que se les presta», declara el joven facultativo a este periódico. Antes, en ocasiones similares, el doctor Martínez respondía a las quejas con cariño y alguna broma, recordando al usuario que lo importante es curarse y que el wifi, la tele por satélite o el menú a la carta no dejan de ser comodidades superfluas, sin gran influencia en el resultado terapéutico.

De este paciente en particular -de quien no revela ningún dato personal- le llamó la atención que su comentario no era un exabrupto en caliente, fruto del enfado, sino una reflexión meditada y cargada de desprecio; que no se lo soltó a la auxiliar que le llevaba el almuerzo, sino al médico que le dio el alta. Y, por su edad y nivel cultural, aunque no conociera al detalle el coste de su tratamiento, debía de ser consciente de todo el movimiento que se había generado en torno a él durante diez días con sus noches. «Me quedé tan cortado que no dije nada», admite. Cuando lo hizo en la red social encontró una insólita oleada de apoyo: su indignación ya ha sido compartida por 53.000 personas.

El ingrato extremeño está en las antípodas de la onubense Eva Castizo, que el 30 de enero posteó su agradecimiento al Hospital de Valme (Sevilla): estuvo cinco días ingresada por la amenaza de parto prematuro de sus gemelos y salió convencida de que no valoramos lo suficiente la sanidad pública. «Me habría encantado recibir la factura de todo lo que no he pagado», dijo en su perfil social la joven, que dio a luz hace unos días. «No somos conscientes de la suerte que tenemos y de la necesidad de luchar por que no nos arrebaten este sistema», señaló esta profesora de instituto.

«Cada vez hay más usuarios que se quedan en lo superficial» Ángel Martínez Médico

En su alegato, Eva aseguraba que «una cama en planta nos cuesta más de mil euros por noche», ya que durante su ingreso tuvo a su disposición las 24 horas a todo un equipo de profesionales que la cuidaron, le hicieron pruebas y análisis, le administraron medicinas y monitorizaron a sus fetos, en alerta para una cesárea de urgencia. Sin olvidar las cuatro comidas al día, las sábanas y pijamas limpios cada mañana y el «servicio de habitaciones» a golpe de timbre.

«La sanidad española no es gratis, es universal», matiza Eva Button (su apodo virtual), quien recuerda que el sistema se financia por vía fiscal y critica el apoyo popular a futbolistas que evaden impuestos. Con los 5,7 millones escatimados por CR se podrían haber costeado 20.000 consultas de Urgencias, 2.400 estancias en UCI o 700 traslados aéreos. Lo sabemos porque cada comunidad autónoma publica periódicamente el precio de cientos de servicios sanitarios, desde los más sencillos, como un análisis del colesterol en sangre, hasta procesos tan complejos como un trasplante de corazón.

El objeto de estas tarifas es que las administraciones puedan cobrar los servicios prestados a pacientes «facturables», por ejemplo, ciudadanos no residentes o víctimas de accidentes de tráfico, laborales o deportivos de los que se hace cargo una aseguradora, explica el profesor José Luis Navarro.

Factura informativa

En 2010, la ministra de Sanidad socialista Trinidad Jiménez impulsó la puesta en marcha de la factura informativa con una finalidad pedagógica, a imitación de otros países europeos. Solo se aplicó en Andalucía, Valencia, Navarra, Cataluña y Galicia -y como plan piloto en Baleares y Madrid-, pero su oportunidad fue muy discutida, en un país al borde de la quiebra: hubo quien interpretó la medida como un paso previo a la privatización sanitaria. Lo cierto, resalta el experto andaluz, es que en los países sin sanidad universal «no se andan con subterfugios»: hasta para entrar hay que pasar la tarjeta de crédito. En todo caso, hoy el debate «no está sobre la mesa».

Extremadura nunca ha puesto en marcha la 'factura sombra', pero su director general de Asistencia Sanitaria, Vicente Alonso, sí vería conveniente dar alguna publicidad a lo que cuestan las prestaciones más comunes. A su juicio, el caso del señor X es, «si no anecdótico, poco frecuente». «Las encuestas revelan que los pacientes que han tenido procesos muy graves suelen estar más satisfechos que aquellos con patologías leves», explica. Se fijan menos en las estrellas del 'hotel'.

Quizá, apunta, uno de los obstáculos en la adecuada valoración de la atención es que algunos usuarios comparan las comodidades de las clínicas privadas con las de los hospitales públicos, sin tener en cuenta que a menudo las primeras compensan con elementos de confort hostelero su incapacidad para afrontar patologías muy graves que requieren una superespecialización técnica, caras instalaciones de alta tecnología y tratamientos que cuestan miles y miles de euros. Alonso recuerda que Extremadura, tercera en gasto sanitario per cápita en España, es una de las comunidades con mayor proporción de habitaciones individuales en los hospitales públicos. Y en todas hay wifi.