«Dijeron que nos violarían y con qué objetos lo harían»

Nazha El Khalidi, en las calles de Copenhage. :: Christian Erin-Madsen/
Nazha El Khalidi, en las calles de Copenhage. :: Christian Erin-Madsen

Los tribunales de El Aaiún condenaron a Nazha El Khalidi con una multa de casi 400 euros por ejercer como reportera sin la autorización estatal. El Khalidi es una ciudadana saharaui de 27 años que se convirtió en periodista para contar la situación de su pueblo. La vista se celebró en junio y se enfrentaba a una posible pena de hasta dos años de prisión. Los hechos tuvieron lugar en diciembre del año pasado y fue detenida cuando emitía una manifestación en directo a través de sus redes sociales. En el vídeo, de cuatro minutos, se observa una protesta pacífica repleta de mujeres. En los últimos segundos, un policía la persigue y se abalanza sobre ella cortando la emisión.

Habla de «un día en el infierno» para referirse a su primera tortura. Tenía 13 años. Participaba en una concentración contra la soberanía marroquí en las calles de la capital cuando comenzaron las cargas policiales. «Pedí ayuda en una casa que tenía la puerta abierta y estuve segura hasta que las autoridades empezaron a registrar los edificios», recuerda. Los agentes sacaron a decenas de personas de sus viviendas y buscaron entre ellas a los manifestantes. «Aprovecharon para lanzar televisores, vajillas y comida por las ventanas», relata. Nazha fue localizada rápidamente y la colocaron en fila con el resto de mujeres sospechosas. «Nos amenazaron con violarnos y nos dijeron los objetos que utilizarían», asegura. Llegaron los golpes y los jirones de ropa en plena calle. Muchas quedaron desprovistas de su melfa y todas ellas fueron trasladadas a un cuartel. Esposada y con los ojos vendados, lloró toda la noche sentada sobre un suelo mojado. «Quien se puso detrás me preguntaba y, si no contestaba lo que ellos querían oír, me abofeteaban», prosigue. A su edad, ni siquiera entendió cada uno de los insultos que escuchó.

Su familia está dividida por el muro minado. La mayor parte de sus tíos viven en los campos de refugiados de Tinduf , donde la comunidad se mantiene gracias a la ayuda humanitaria internacional. De sus familiares en El Aaiún, nadie trabaja. Sus ocho hermanos han sido torturados y uno de ellos también pasó año y medio en prisión por manifestarse.