¡No me lo destripes!

¡No me lo destripes!

Los espóilers se han convertido en la pesadilla de los seriéfilos y en motivo de discusión entre los que ven los episodios al día y los que prefieren seguir otro ritmo

MIKEL LABASTIDA

Ni subir a un avión con turbulencias, ni perder el móvil sin haber realizado una copia de seguridad antes. El verdadero temor cotidiano en este siglo XXI es sufrir un espóiler. Eso a más de uno le ha causado un disgusto últimamente. La amenaza de revelar un acontecimiento sobre una serie o una película se ha convertido en un arma blanca al alcance de cualquiera.

El espóiler se ha instalado en nuestra sociedad como un gaje del modo compulsivo en que consumimos series hoy en día. El término es anglosajón, como no podía ser de otra manera, y forma parte de una nueva hornada de conceptos con los que conviven los seriéfilos, desde el 'binge-watching' (ver de un atracón una serie completa) hasta el 'cliffhanger' (recurso narrativo para dejar al espectador con ganas de más episodios). La palabra se acopló con tanta facilidad a nuestras conversaciones que, para cuando la Real Academia quiso meter mano (proponiendo que se usase 'destripar') llegó tarde y apenas pudo colocarle una 'e' y una tilde a la original para tratar de castellanizarla, como antaño se hizo con escáner. La expresión viene del verbo 'spoil', que significa arruinar algo o echarlo a perder, por lo que la traducción literal del vocablo sería 'acción de estropear o destripar'.

Uno padece un espóiler cuando alguien le adelanta o le desvela un dato sorprendente sobre la trama de una serie, libro o película. Lo habitual es huir de algo así, pero no es sencillo. Y menos en un tiempo en que se estrena tal cantidad de títulos y en que se apremia para que la digestión sea veloz. En las últimas semanas lo hemos comprobado con 'Juego de Tronos'. Los seguidores que no veían el capítulo semanal en directo (en España se emitía a las tres de la madrugada) se afanaban en esquivar espóilers como podían. Suponía un esfuerzo, puesto que el título de HBO ha estado en todas las conversaciones, ha alimentado las redes sociales y ha servido de tesis para multitud de artículos. ¿Era realmente tan importante rehuir cualquier avance de los argumentos? ¿Puede un espóiler concreto amargar el visionado de un episodio o filme? Las opiniones se dividen si se les pregunta a los expertos.

«El espóiler arruina el viaje, al privarnos de sufrir con el personaje» Natxo López, Guionista

«¿Cuándo podemos decir que Rosebud era el trineo o que el 'Titanic' se hunde?» Javier Pérez Alarcón, Traductor audiovisual

«Si la serie está bien construida, un espóiler no estropea el visionado» Áurea Ortiz, Historiadora

«Cada uno es responsable de entrar a un medio sin ver el episodio» Cecilia García, Periodista

«La manera más intensa de disfrutar una narración tiene que ver con el descubrimiento y el viaje que hacemos con los personajes. El espóiler arruina en parte ese viaje al eliminar de la ecuación el suspense y el peligro, privándonos del placer de sufrir con el personaje. Y rompe la suspensión de la incredulidad, al recordarnos la existencia del demiurgo que decide de antemano el devenir de los acontecimientos», explica Natxo López, guionista de títulos como '7 vidas', 'Allí abajo' o 'Vivir sin permiso'.

Depende del tipo de serie

«Mi tolerancia a los espóilers depende del tipo de serie y de la clase de espóiler. Pero no me amarga la experiencia de visionado. Está claro que, si se trata de una serie sobre quién cometió un asesinato, saberlo antes de tiempo me puede estropear parte de la experiencia. Si es buena la serie, sobrevivirá a ello y conseguirá mi atención y mi disfrute», apunta Áurea Ortiz, profesora de Historia del Arte y miembro del podcast Laboratorio de Investigación de Series, quien considera que este miedo es consecuencia de la nueva cultura seriéfila.

«Conviene recordar que nuestra relación con los relatos es compleja. Con este consumo capitalista compulsivo y más bien irreflexivo que practicamos (o que nos obligan a practicar), nos olvidamos de ello. Todo parece unidireccional y resultadista y nada más lejos del modo real en que disfrutamos de una ficción y de todos sus elementos. Si la serie está bien construida y estamos metidos en ella, un espóiler no va a estropear el visionado, solo lo hará distinto», precisa.

Los seguidores de títulos como 'Breaking Bad', 'Perdidos' o 'Cómo conocí a vuestra madre' se entrenaron a fondo para que nadie les filtrase informaciones sobre cómo transcurría la historia. De hecho, la preocupación alcanzó a las productoras, que grabaron diferentes versiones para despistar al personal. ¿Habría sido diferente para sus fans conocer de antemano ciertas decisiones de guion?

«También resulta muy satisfactorio ir descubriendo cómo se llega a algo que ya sabes. Y anticipar. Es un clásico del suspense: sufrir con el personaje, acompañarle, porque sabes más que él. Afortunadamente, nuestro placer como espectadores va mucho más allá de la sorpresa o el hecho de no saber qué va a pasar. En cualquier caso, si una serie hace depender nuestra satisfacción exclusivamente del elemento sorpresa, ese es un relato muy pobre narrativa y estéticamente, de los que no merecen la pena», resume Ortiz.

En la misma línea se manifiesta el traductor audiovisual Javier Pérez Alarcón, que trata de analizar también a qué se debe la necesidad de contar a los demás lo que ocurre o no en un filme. «Vivimos en una época en la que parece que hay que ser siempre el primero en opinar muy alto, muy vehementemente y muy en público lo que nos ha parecido tal o cual cosa», concluye este profesional, que de 'cerrar la boca' sabe un rato, puesto que por sus manos pasan decenas de textos de series antes de que se estrenen. «Si los traductores audiovisuales somos capaces de estarnos calladitos meses y de no empezar a destripar la obra en cuanto sale, me parece que tú puedes esperar dos semanitas antes de decir quién muere o sobrevive en 'Juego de Tronos'», regaña con sorna.

«Como usuarios, podemos tener la suficiente empatía con los demás como para no andar destripando los giros y sucesos de las obras. Un espóiler no te amarga toda la experiencia si la obra está bien contada, pero sí te priva de vivirla al completo. Del mismo modo que no podemos pretender que todo el mundo guarde silencio durante un tiempo indeterminado hasta que nosotros consumamos algo, tampoco es plan querer anteponer nuestro 'derecho' a comentarlo en público desde el minuto uno al disfrute ajeno», señala.

Tiempo de reserva

Y aquí se abre otro melón que nos lleva a preguntarnos cuánto tiempo se ha de reservar una información. «¿En qué momento se puede decir que Rosebud era el trineo o que (¡ojo, espóiler del quince!) el 'Titanic' se hunde? Bueno, eso depende mucho de cada obra. En películas-evento como 'Vengadores: Endgame', los propios directores dijeron que a las dos semanas ya se podía hablar de todo porque daban por hecho que, en ese tiempo, la gran mayoría de interesados habrían ido a ver semejante colofón cinematográfico. A mí se me antoja escaso, pero entiendo el enfoque. Con series como la ya cerrada 'Juego de Tronos' comprendería que alguien dijese que es válido hablar del episodio de la semana anterior al salir el de la presente.», argumenta Pérez Alarcón.

Este ansia por preservar las obras ha provocado incluso que los propios creadores se posicionen. Tarantino pidió esta semana a los asistentes al pase en Cannes de 'Érase una vez en... Hollywood' que no se manifestasen determinados detalles de la trama. «Por favor, no lo hagáis», escribió el cineasta, abogando por que se «descubriese la historia por primera vez» en el cine.

Los medios de comunicación se han encontrado durante la emisión de 'Juego de Tronos' con protestas de algunos usuarios. Este tipo de enfados no los generan, sin embargo, otros eventos que se entiende que se han de vivir en directo, como el fútbol o el tenis. «Es importante diferenciar entre los malintencionados y los que se derivan de conversaciones de actualidad, como, por ejemplo, 'Juego de Tronos'. No comprendo muy bien a la gente que se queja de haberse 'comido' un espóiler después de entrar a un medio de comunicación o a una red social sin haber visto el episodio. Los medios deben publicar con rapidez y es responsabilidad de cada uno si accede o no a lugares potencialmente 'peligrosos'. De todas formas, lo más interesante suele ser el camino en sí y no el hecho en cuestión», comenta la periodista Cecilia García.