La cuna del bisonte europeo

Dos bisontes miden sus fuerzas en el bosque polaco. :: AFP /
Dos bisontes miden sus fuerzas en el bosque polaco. :: AFP

El mayor bosque virgen del continente, entre Polonia y Bielorrusia, da cobijo a 1.100 ejemplares de estos colosos, que estuvieron a punto de desaparecer el siglo pasado

J. A. GUERRERO

Las espesuras de los bosques de Bialowieza ocultan la población más grande del mundo de bisonte europeo, algo más de un millar de ejemplares que se reparten en manadas dispersas por un inmenso territorio que se extiende entre Polonia y Bielorrusia. En ese hábitat natural de cien mil hectáreas, considerado el mayor bosque virgen del continente, hoy pastan en libertad los descendientes de aquellos imponentes rumiantes que durante milenios camparon a sus anchas por toda Europa hasta quedar al borde de la extinción en la Primera Guerra Mundial.

Aquel conflicto arrasó el territorio de pasto de los bisontes europeos (Bison bonasus), pero bastante peor fue su caza masiva para alimentar a las tropas y paliar la terrible hambruna de las gentes de la zona con la abundante carne que proporcionaban estos enormes mamíferos, los mayores del continente. Las circunstancias, claro, eran las que eran y nadie movió un dedo para proteger a las bestias de aquella concienzuda masacre, que en cierto modo recuerda a lo sucedido en el siglo XIX con los bisontes americanos (Bison bison) cuando treinta millones de ejemplares desaparecieron de las grandes llanuras de América del Norte. La aniquilación fue tan brutal que en 1919, poco antes de terminar la Gran Guerra, fue abatido de un tiro y desollado el último de los bisontes salvajes de Bialowieza. En toda Europa sólo quedó una docena de ejemplares en cautividad en tres zoológicos.

Ese fue el revulsivo que dio origen, cuatro años después, al Centro de Conservación del Bisonte Europeo, «el primer intento de conservación de una especie en la historia de la humanidad», como resalta el veterinario asturiano Fernando Morán, de 48 años y director en España de esta asociación. Los esfuerzos por recuperar la pureza del Bison bonasus (los nazis lo cruzaron con el americano, algo más grande, buscando variabilidad genética) tardaron años en dar sus frutos. Finalmente los primeros bisontes europeos fueron reintroducidos en 1952 en el bosque de Bialowieza, el emblemático lugar donde había desaparecido el último ejemplar en libertad. Fueron dos, una pareja de la que hoy, 67 años después, proceden los siete mil bisontes que tenemos en todo el mundo, la mayoría de ellos en Europa y 124 en España.

Los primeros descendientes de los bisontes de Bialowieza llegaron a España en 2010

Bialowieza se ha erigido como un santuario para este animal rodeado de mística y belleza. Convertido el lugar en Reserva de la Biosfera y declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, el bosque goza de la máxima protección medioambiental. La mano del hombre se cargó su ecosistema, pero esa misma mano obró el milagro de recuperar la especie. Allí se han adaptado perfectamente, allí viven y se reproducen y, gracias a aquel decidido paso, hoy ya se pueden contemplar en muchos otros países. «Yo siempre digo que no es igual ver una sardina que una ballena, pues lo mismo sucede cuando estás cara a cara con un bisonte; sencillamente te desarma, te quedas pasmado», ilustra Morán, que estos días asiste al Congreso Anual del Bisonte Europeo, que precisamente se celebra en el pueblo polaco que da nombre al bosque de Bialowieza. Hay representantes de 30 países y el asturiano, uno de los mayores expertos en bisontes, es el único español.

«Los nuestros también proceden de Bialowieza, pero tenías que verlos cuando llegaron; ahora ya están más repuestos, pero en el viaje, que duró cuatro días, perdieron el 20% de su volumen», apunta Jesús González, minero jubilado y desde hace casi 25 años alcalde de San Cebrián de Mudá, en la Montaña Palentina, donde existe una pequeña reserva (unas veinte hectáreas) de bisonte europeo formada por 16 cabezas. Los machos adultos alcanzan los tres metros de largo, dos de altura y una tonelada de peso, y las hembras, entre 600 y 700 kilos.

A diferencia de Bialowieza, los bisontes 'españoles', con la mismas barbas patriarcales y la apariencia de tótem prehistórico que sus 'hermanos' eslavos, son perfectamente visibles, de lo que pueden dar fe los más de siete mil visitantes que se han acercado a San Cebrián de Mudá en lo que va de año, lo que ha revitalizado este pueblo del norte de Palencia de apenas 170 almas. Los primeros 'bison bonasus' llegaron el 6 de junio de 2010 procedentes de los bosques polacos. Ese mismo año vio la luz 'Cypres', el primer bisonte nacido en España ¡después de mil años! Ahora, además de en Palencia, los tenemos en reservas en León, Asturias, Burgos, Segovia, Valencia y Lérida, al margen de los existentes en los zoos.

Mejor en invierno

Bialowieza concentra la mayor población de bisontes del mundo, pero nadie garantiza que puedas observarlos en libertad. No es sólo por la inmensidad de aquel espacio, sino porque se sienten más protegidos entre la foresta, adentrando sus corpachones en una selva de agua y vegetación que los oculta incluso a los ojos de los guardas más avezados. Si hay que apostar por una estación, es preferible el invierno, cuando la seguridad del bosque no es suficiente ante el manto de nieve que lo cubre todo, una helada barrera que separa a sus peludos pobladores de su dieta: 30 kilos diarios de hierbas y plantas de hasta 130 especies diferentes (incluyendo ramas, hojas, tallos, matorrales y cortezas de tronco), un abono formidable allá por donde estos gigantes posan sus pezuñas. Dada la escasez de alimento en los meses más fríos (las temperaturas se desploman por debajo de los -10), el parque proporciona fardos de pasto en una serie de comederos en torno a los cuales los bisontes se concentran al amanecer en manadas de 20 a 50 individuos. Entonces, si la niebla lo permite, se les puede ver en toda su inmensidad. Aún así el aviso no deja lugar a dudas: el visitante sólo va a tener la posibilidad de ver bisontes; nunca la certeza, así que paciencia.

Mucho más dañina que la barrera helada de la nieve es la valla metálica que parte en dos el hogar natural del bisonte. Se trata de la alambrada de espinos de cuatro metros de altura que delimita la frontera entre Polonia y Bielorrusia dividiendo el bosque e impidiendo el libre tránsito de los mamíferos, ajenos a la geopolítica que sacudió las hechuras de ambos territorios tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. Y no terminan ahí los agravios a los sufridos herbívoros. Hace tres años, el Gobierno polaco, a manos del ultraconservador Ley y Justicia (PiS), llevó a cabo una tala masiva de árboles con el argumento de hacer frente a una plaga de escarabajos que afectaba a los troncos de los abetos. Científicos y ecologistas, respaldados por el Parlamento europeo y la propia Comisión, llevaron el asunto al Tribunal de Justicia de la UE, que en 2017 ordenó a Polonia detener la tala.

Aunque el bisonte es el más emblemático de sus pobladores, la riqueza faunística de la zona incluye ocho mil especies de invertebrados, 120 de aves y 52 de mamíferos, entre ellos lobos grises, linces boreales, zorros, gatos monteses, alces, ciervos, corzos, caballos salvajes, jabalíes, tejones, nutrias y castores. Los animales se desplazan libremente por todo el parque nacional polaco, de unas 67.000 hectáreas, incluyendo una zona completamente vedada al turismo y que prácticamente está virgen. Se trata de un área de apenas 500 hectáreas que conforman el bosque primitivo, donde la intervención humana es mínima. Por eso Bialowieza, la joya de la naturaleza polaca, recibe el título del 'Ultimo bosque virgen de Europa'. Aunque realmente por lo que es conocido en todo el mundo es por esos fascinantes pobladores de aspecto arcaico que nos evocan remotísimos tiempos.

El bosque de Bialowieza, en la frontera nororiental de Polonia con Bielorrusia, se encuentra a unos 250 kilómetros de Varsovia, unas tres horas y media en coche desde la capital polaca.

El bosque abarca unas 100.000 hectáreas, de las que 67.000 se encuentran en Polonia y el resto en Bielorrusia. Dentro del parque hay un reducido enclave de 500 hectáreas de bosque prácticamente virgen.

Es el número aproximado de bisontes que pueblan el bosque, más de la mitad en la parte polaca. De Bialowieza han salido los ejemplares repartidos en varias reservas del continente, entre ellos los 124 que hay en España.

El bisonte euoropeo figura en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la mayor organización medioambiental del mundo. Se encuentra en la categoría de especie vulnerable. En total hay 7.600 en toda Europa. Viven entre 20 y 30 años.

El bisonte pobló las praderas europeas durante siglos. Los ejemplares se contaban por millones. Fue un animal totémico como lo demuestran las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, donde nuestros antepasados ya los dibujaron en sus paredes.