Cuando Cuba era el fortín de España

El impresionante complejo militar de San Carlos de la Cabaña ofrece una estupenda panorámica de la bahía de La Habana y de la legendaria ciudad antillana. :: rory merry/
El impresionante complejo militar de San Carlos de la Cabaña ofrece una estupenda panorámica de la bahía de La Habana y de la legendaria ciudad antillana. :: rory merry

La historia de la excolonia cabe en 2.380 cajas. Se apilan en un organismo militar de Madrid. Fuera de ellas,el único legado que verá en su visita Pedro Sánchez es el mayor sistema defensivo de América

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑU

La historia del dominio de España sobre Cuba cabe en 2.380 cajas. Están cerradas y sin clasificar en los archivos del Instituto de Historia y Cultura Militar, un organismo del Ejército de Tierra con sede en Madrid. El pasado mes de junio se cumplieron 120 años desde que todo ese enorme material documental sobre la etapa colonial cruzó el charco en dirección este en una mudanza forzosa. Lo hizo junto con los militares que sobrevivieron a la guerra de independencia que cubanos y norteamericanos disputaron contra el ya por entonces decadente imperio español. De su intendencia en la isla durante casi cuatro siglos pervive, fuera del cartón, una portentosa red de construcciones militares defensivas, la más inexpugnable de América. El presidente Pedro Sánchez podrá apreciarla, a simple vista, en la visita oficial que efectuará a la ínsula caribeña durante los próximos jueves y viernes, la primera de un mandatario español en 32 largos años.

La batalla que arrebató el fortín antillano a la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre de un Alfonso XIII todavía menor de edad, se libró el 3 de julio de 1898. Ese día se perdió la colonia. Ocurrió en el litoral de Santiago de Cuba. Allí permanecen sepultadas bajo el mar las cinco naves de la escuadra que comandaba el almirante Pascual Cervera. Las hundieron barcos de Estados Unidos, dos de los cuales siguieron a sus enemigos hasta el fondo marino. Todos juntos conforman hoy el Parque Arqueológico Subacuático del oriente de la isla.

Además del océano, un siglo y dos décadas se han encargado de enlosar aquel capítulo de gloria y pérdida empolvado por la desmemoria. El coronel Salvador Cuenca, agregado de Defensa, militar naval y aéreo en Cuba y en la República Dominicana, se resiente pero no se resigna. «Es muy importante que conozcamos mejor la época en la que Cuba era España, porque es la base de la historia de ambas naciones», reivindica a este periódico. «Los últimos diez años de la presencia española en la isla terminaron con la salida de las flotas españolas y, con ellas, de gran parte de la documentación. Porque es documentación española, pero relativa a Cuba, que se guardaba en el Palacio de los Capitanes Generales», recuerda.

La historia escrita de la excolonia partió del puerto habanero dejando atrás un formidable sistema defensivo levantado por los españoles a lo largo de los siglos XVI y XVII. Estaban obsesionados con preservar su preciada conquista de la codicia de piratas y corsarios. De ahí que la convirtieran -y aún lo es- en una ínsula blindada. Hoy, la imponente muralla perimetral que rodea La Habana y que coronan los castillos de La Fuerza, el Morro y la Punta con sus baterías de cañones, todos con la leyenda en latín impresa 'ultima ratio regis' (el último argumento de los reyes), es uno de los paseos obligatorios para las legiones de extranjeros que hacen turismo en la ciudad más extensa de las Antillas. Allí, cada día a las nueve en punto de la noche, se oficia la vistosa ceremonia del Cañonazo, en la que soldados vestidos a la usanza colonial reeditan el disparo que en aquellos tiempos anunciaba el cierre de las puertas de la muralla.

Los conquistadores también levantaron, piedra a piedra, baluartes, aspilleras y garitas en Santiago de Cuba, donde el ahora exembajador Juan José Buitrago, el coronel Cuenca y varios historiadores asistieron en su día a la instalación, por parte de las autoridades de Cuba, de una plancha de metacrilato con los nombres de los marinos de la flota de Cervera. «Más de 420 soldados y marineros españoles murieron en 1898. Unos 280 de la Flota de Cervera, 54 en Loma de San Juan, y más de 140 en El Caney, El Viso y Santiago. Ahí se perdió Cuba, y de ahí sale la expresión 'más se perdió en la guerra de Cuba'», expone el agregado de Defensa, quien pelea por que el Gobierno español autorice la colocación de una placa con los nombres de los soldados de este lado del Atlántico caídos.

«Aquí hay un parque con unos árboles y unas planchas de bronce con los nombres de los caídos cubanos y norteamericanos. Nosotros, por nuestra parte, hicimos en su día un estudio muy riguroso, que llevó muchos años, para conocer los nombres de todos los fallecidos en el otro bando. Les debemos un espacio para el recuerdo, para honrar su valor al entregar su vida por la patria», defiende.

Cayeron en la Loma de San Juan, El Caney o El Viso, donde se desplegaron cruentas operaciones militares durante los meses de mayo, junio y julio de 1898, justo después de que tropas norteamericanas desembarcaran en el este de Santiago de Cuba para inmiscuirse en la contienda por la independencia de la isla que libraba el ejército libertador -como se denominaba a los mambises cubanos (criollos)- contra España.

Para entonces, el alarde de ingeniería militar renacentista desplegado por los españoles había recorrido prácticamente toda la colonia. La fortificación de las villas cubanas recibió un impulso definitivo a partir de 1763, tras los once meses de ocupación británica de La Habana y que se zanjó al canjearla por La Florida. El rey Carlos III decidió entonces que era perentorio ampliar el sistema defensivo para evitar así un nuevo asedio. De aquel imperativo real surgieron, en las zonas más altas de la capital, los castillos de San Carlos de la Cabaña, junto al Morro, al otro lado de la bahía de la Habana, y de El Príncipe y Atares, en lo que hoy es el centro de la capital.

La codiciada silla de Maceo

Los detalles de toda esa actividad constructiva de España en América, que en 1982 convenció a la Unesco de su categoría para erigirse en Patrimonio Mundial de la Humanidad, reposan en el interior de la cajas que custodia el Ejército. Para conocerlo solo se necesita financiación y personal especializado que microfilme las toneladas de papeles con facturas, títulos de propiedad y otros valiosos escritos.

Pero ni a un lado del charco ni al otro parece haber interés en desentrañar ese legado documental. Ambos países se conforman con colaborar en «intercambios de películas y expedientes. Entre los más relevantes, la copia del consejo de guerra al líder independentistas cubano Carlos Manuel de Céspedes, hecho en España, y de donaciones de libros y vídeos», explica el consejero militar.

En marcha hay, sin embargo, una iniciativa más lucida y con más calado: la «cesión temporal» por parte de España de la silla de palma del general Antonio Maceo, segundo jefe militar del Ejército Libertador de Cuba. Apodado 'El Titán de Bronce', este carismático militar, mermado por veintidós heridas de guerra, apenas podía mantenerse de pie cuando se apeaba del caballo. «Tenía los tendones rotos en varias partes, así que sus ayudantes le llevaban en una silla de 86 centímetros sobre la que dirigía los combates. Valorado en 6.000 euros, el asiento se lo llevó el capitán general Weyler a Baleares, donde se exhibe en el Museo Militar de San Carlos», explica el coronel.

El Ministerio español de Cultura ha autorizado ahora su traslado por dos años al Palacio de los Capitanes Generales de La Habana para su exposición, en intercambio de «una bandera conquistada en un combate en Holguín que ocupará el lugar de la silla en el museo balear». El Gobierno cubano ansía la cesión «permanente» de la rústica silla, en realidad, un valioso símbolo de su independencia. Pero la actual legislación española no lo permite. Quizá el presidente Sánchez lleve una modificación de la normativa en forma de obsequio en su viaje de la próxima semana. O tal vez lo hagan los Reyes, el próximo año, cuando está previsto que visiten La Habana para festejar los cinco siglos de vida del mayor fortín de cuando Cuba era España.

 

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