«Esto es más importante que la escuela»

«Esto es más importante que la escuela»

Los británicos dejaron ayer las aulas para reclamar medidas contra el calentamiento global. Es el ensayo del paro global del 15 de marzo. «Esto es más importante que la escuela», dicen

ANTONIO CORBILLÓN

Da miedo que todo este movimiento se personalice en una niña. Pero también es un emblema brutal porque no es algo científico sino que busca lo emocional. Por eso va a ser un éxito global». El coordinador de Movilizaciones de Greenpeace España, Pablo Chamorro, lleva meses siguiendo las claves del creciente movimiento de adolescentes en lucha contra el cambio climático. Hay analistas que hablan de ellos como los 'chalecos amarillos' de la adolescencia mundial (en referencia a las protestas recientes en Francia).

Esa niña de la que habla Chamorro es Greta Thunberg, la sueca que con 15 años dio el aldabonazo de salida en agosto pasado. Una de sus frases retumba y se repite en todas las convocatorias: «No tienes que ir a la escuela, es tu propia elección. ¿Por qué deberíamos estar estudiando para un futuro que pronto no lo será más? Esto es más importante que la escuela ¿no?».

La respuesta afirmativa de su generación se deja ver por todo el mundo. Una corriente juvenil que deja las mochilas a las puertas de los institutos los jueves y viernes. Y que no deja de crecer. Todo comenzó cuando la fama viral de Greta delante del Parlamento sueco con su pancarta 'Huelga escolar por el cambio climático' se tradujo en una invitación para hablar en la Cumbre del Planeta de Katowice (Polonia) en noviembre. Ante 200 líderes mundiales les dijo: «Ustedes no son lo suficientemente maduros como para contar las cosas como son. Incluso esa carga la dejan para sus hijos».

También les advirtió de que «si las soluciones dentro del sistema son tan imposibles de encontrar, tal vez deberíamos cambiar el sistema en sí mismo». Y a ello se han puesto miles de chicos de su generación en docenas de países.

Arrancaron en noviembre en Australia, donde varios miles de chicos desafiaron las advertencias de su primer ministro, Scott Morrison, que les pidió que fueran «menos activistas». Más de 15.000 no le hicieron ningún caso. Detrás llegaron protestas espontáneas y con cifras menores, aunque en Suiza en diciembre superaron los 5.000 asistentes.

Pero en enero ha llegado la eclosión. Una corriente eléctrica que ya reúne a docenas de miles y que se ha instalado en el corazón de Europa. En muchos colegios, los calendarios escolares de los jueves y viernes han sido sustituidos por una clase práctica de protesta cívica y callejera.

En Bélgica empezaron 3.000 después de Reyes. Anuna de Wever, 17 años, vio el vídeo de Thunberg y decidió imitarla llamando a la huelga por Facebook. Se presentaron 12.500, en la siguiente 30.000 y el último viernes de enero alcanzaron los 70.000. Además ya se han cobrado la cabeza de la ministra de Medio Ambiente, la flamenca Joke Schauvliege, que mintió en público al anunciar que los servicios de seguridad podían probar que estas protestas «eran un complot» en su contra movido desde el exterior.

Jóvenes y clima

Antecedentes en EEUU.
«¡Has llevado a juicio a Donald Trump!», le dicen admirados sus compañeros de universidad a Kelsey Juliana. Ella y otros veinte jóvenes de entre 9 y 18 años denunciaron en 2015 al Gobierno estadounidense por poner en peligro sus derechos constitucionales, civiles y ambientales al «no hacer nada» contra el cambio climático. De hecho, Trump es uno de los mayores negacionistas. La vista oral se celebró en otoño y el tribunal no ha dictado todavía sentencia.
68%
de los jóvenes españoles entre 18 y 34 años consideran que la acción humana es la mayor responsable del cambio climático. Casi duplican en esa percepción a los mayores de 65 años.
Huelgas en el año más cálido.
Las protestas se producen en un 2019 que se presenta como el más cálido desde que hay registros oficiales, según la predicción lanzada recientemente por la revista 'Geophysical Research Letters'. 2018 fue el cuarto año más tórrido de la serie.
15 de marzo
es la fecha elegida para la puesta de largo de la protesta juvenil a escala global. Todas las huelgas parciales de los jueves y viernes en diferentes países confluirán en esta convocatoria unitaria.

Enfado con sonrisa

En Alemania la progresión ha sido similar. En la última concentración del 25 de febrero 30.000 estudiantes marcharon sobre 50 ciudades germanas con pancartas en las que se leía '¿Por qué aprender sin futuro?'. Una furia juvenil no exenta de sentido del humor. En una tela unos muchachos escribieron 'Abuelo ¿Qué es un muñeco de nieve?'.

Tal vez muchos chicos alemanes y del resto de Europa ya no saben lo que es una nevada. Pero su 'bola de nieve' no deja de crecer. Se han hecho oír en Suecia, Japón, Austria, Polonia, Canadá o Japón... hasta Bangkok (Tailandia).

«El impacto de los jóvenes organizados puede ser enorme en dos vías: hacía dentro en su entorno familiar; y hacia fuera donde están logrando un efecto multiplicador con el que todo el mundo se identifica», reflexiona la directora del programa de Sociología del Cambio Climático de Universidad Carlos III, Mercedes Pardo Buendía.

Después de tibios amagos, hoy es la puesta de largo en los colegios e institutos de Gran Bretaña. La convocatoria School Strike for Climate (Huelga Escolar por el Clima) espera que docenas de miles de adolescentes del archipiélago no asistan a clase y se manifiesten en defensa de medidas efectivas que les permitan soñar con un futuro ambiental.

Su nivel de organización es notable a través de la Red de Clima Estudiantil del Reino Unido. A sus apenas 14 años, Zoe Bonnet organizó la huelga de hoy en Bristol. Argumenta que «la gente piensa que este problema se puede resolver en otro momento, pero no hay otro momento».

Incluso han encontrado complicidad en muchos padres para responder a la dura normativa británica sobre absentismo escolar, que solo permite ausencias de clase en «circunstancias excepcionales». Una carta modelo elaborada por Youth Strike 4 Climate, uno de los grupos más activos, afirma que «solo quedan 12 años para reducir las emisiones de CO2 en un 50%, según el último informe de la ONU. Es una circunstancia bastante grave y excepcional. En este sentido, le estoy dando permiso a mi hijo». Miles de padres ya han firmado la carta aseguran los convocantes en sus canales.

Incipiente en España

Sin apenas cabezas visibles, todos estos grupos usan su propio discurso y agitan las redes con hastags como #youthforclimate (Jóvenes por el Clima) o #FridaysForFuture (Viernes por el Futuro). En Gran Bretaña, Greenpeace les está brindando ayuda, pero su exitosa web fue creada por dos críos de 15 años en menos de una semana. «Es una prueba más de esa irreal visión de los jóvenes como 'ninis' (ni estudian, ni trabajan), cuando son los mejor preparados de la historia y los más imaginativos», valora la socióloga y climatóloga Pardo Buendía.

¿Y en España? Como sucede con las cosas de los mayores, va lento y este proceso da sus primeros pasos. Las encuestas del CIS afirman que el generación del milenio (18 a 34 años) son los más concienciados con el medio ambiente. El 68% reclaman cambios en la actividad humana para revertir este problema.

Greenpeace ha detectado grupos de trabajo en Gerona, Barcelona y Madrid. Jóvenes que empiezan a agitar los pasillos de sus institutos. «Les apoyamos desde atrás. Nos parece crucial que lo hagan ellos. Debe ser algo por y para los jóvenes», insiste Pablo Chamorro. Para Mercedes Pardo es otra prueba «del retraso con el que todavía se vive la implicación social en nuestra joven democracia».

Esperan que su 'bola de nieve' se detenga el 15 de marzo, fecha elegida para una huelga en todos los países. Será el gran viernes en el que se escenificará su demanda para que no les roben su futuro.

La niña asperger de 15 años que arenga a los poderosos en Davos

Suecia vivió en 2018 el verano más caluroso en 262 años de registros oficiales. Los incendios devoraban los bosques cercanos al Ártico y los políticos convocaron elecciones al Parlamento para el 9 de septiembre. Greta Thunberg, 15 años, alumna de 9º grado, coletas y gesto adusto, decidió que era el momento de decir basta. El 20 de agosto cambió las aulas por las puertas del Congreso sueco. Se sentó a la entrada con su pancarta: 'Huelga escolar por el cambio climático'. Su argumentario era contundente: «Si a los profesores no les importa mi futuro, a mí tampoco. Seguiré así hasta la jornada electoral, el 9 de septiembre». A pesar de algún rechazo inicial, los primeros en apoyarla fueron sus padres. Su madre es Malena Ernman, una conocida cantante de ópera que ha renunciado a su carrera internacional para no coger aviones, el medio más contaminante. Su padre, Svante, asegura que «Greta nos obligó a cambiar nuestras vidas». Ahora se dedica a leer libros y escribir artículos sobre medio ambiente.

Greta ha cumplido los 16 años convertida en una celebridad mundial. Los Verdes suecos duplicaron sus votos (6%) subidos en su creciente estrella. Los impulsores de la última Cumbre del Clima de la ONU en Katowice (Polonia) se sintieron obligados a invitarla. Detrás le llegó el turno al Foro Económico de Davos en enero. La niña sueca necesitó 32 horas de tren para llegar al balneario invernal suizo. Los ejecutivos fletaron 1.500 jets privados.

Su arenga fue de las que hacen época. Les advirtió de que la Tierra es un 'Titanic' que va hacia un iceberg que todos saben dónde está y, en vez de cambiar el rumbo, acelera hacia él. «Quiero que entréis en pánico y que actuéis como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque es así», cerró su discurso. Greta Thunberg sufre el síndrome de Asperger. Focaliza su atención y lo ve todo «en blanco y negro». Las cosas se hacen o no se hacen. Un punto de vista necesario para evitar políticas evasivas. «No hay áreas grises cuando se trata de sobrevivir».