Ultima Thule, un cuerpo con forma de cacahuete

Efe / ATLAS

La sonda de la NASA New Horizons envía los primeros datos del objeto celeste más lejano jamás explorado

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

La cita estaba fijada para las primeras horas de 2019 y la sonda cumplió a la perfección. A las 6:33 horas del 1 de enero, New Horizons orientó sus cámaras hacia Ultima Thule. Era el primer momento crítico en la parte final de la misión. Ochos horas después, a las 16:30 horas en la España peninsular, la Estación de Rastreo de la Red del Espacio Profundo de Robledo de Chavela (Madrid) recibía las primeras señales del New Horizons. Había pasado a unos 3.500 kilómetros de Ultima Thule. Objetivo completado. Sin daños. La alegría se desató entre los científicos de la NASA y las instituciones que colaboran en esta misión. New Horizons había recopilado numerosos datos y sacado unas 900 fotografías, que serán analizadas por los científicos en los próximos meses. Alan Stern, científico del Instituto de Investigación Southwest explicó que tendrán imágenes de alta resolución en febrero.

Por el momento, New Horizons solo ha mandado unas fotos bastante borrosas donde se intuye la forma de Ultima Thule. Tiene la forma similar a un cacahuete o a un bolo y se planteó la posibilidad de que fuera la unión de dos cuerpos celestes. Una idea que al final se descartó. Sobre la forma, HalWeaver, científico de la Universidad Johns Hopkins, apuntó que es «bastante común» entre los cuerpos celestes más pequeños del sistema solar. «En los próximos días tendremos imágenes nuevas. Podremos ver muchos detalles en superficie. Ultima Thule será un mundo increíble», comentó Chris Hersman, ingeniero de sistemas de la misión de la NASA.

Ultima Thule debe su nombre a una isla lejana de la literatura medieval. Significa 'más allá de Thule', «más allá de los límites conocidos de nuestro mundo», explicó la NASA. Y ahí es a donde ha ido la New Horizons. Este objeto se encuentra en el cinturón de Kuiper, un enorme disco cósmico que se remonta a la época de la formación de los planetas que los astrónomos llaman a veces granero del sistema solar. Este cinturón fue descubierto hace dos décadas y se encuentra a unos 4.800 millones de kilómetros del Sol, más allá de la órbita de Neptuno, el planeta más alejado de la Tierra. «Es la frontera de la astronomía», indica a AFP el científico Hal Weaver, de la Universidad Johns Hopkins. «Por fin hemos llegado a los límites del sistema solar», indicó. «Esos objetos están ahí desde el principio y creemos que no han cambiado. Vamos a verificarlo».

Los científicos calculan que Ultima Thule, descubierto en 2014 por el telescopio espacial Hubble, es unas cien veces más pequeño que Plutón. Para comprobarlo, decidieron enviar a la sonda New Horizons a estudiarlo después de que ésta acometiera con éxito en 2015, nueve años después de su lanzamiento, su misión principal: enviar a la Tierra imágenes extremadamente detalladas de Plutón. «Vamos a tratar de obtener imágenes de Ultima con tres veces más resolución que las imágenes de Plutón. Si lo conseguimos será espectacular», apunta Stern.

No obstante, los responsables de la NASA recalcan la peligrosidad de la misión. New Horizons recorre el universo a 51.500 kilómetros por hora y a esa velocidad si le impacta un fragmento del tamaño de un grano de arroz se destruiría instantáneamente. Si todo va bien, sin embargo, la sonda llegará a 3.500 kilómetros de la superficie de Ultima y sobrevolará el objeto a una velocidad de 14 km por segundo.

Nuevo récord

Pero el inicio del año de la NASA no se ha quedado en Ultima Thule. Otra sonda, Osiris-Rex, entró ayer en órbita con el asteroide Bennu, el objeto celeste más pequeño jamás orbitado por una nave, situándose a solo un kilómetro y medio de su superficie, la órbita más cercana de un instrumento espacial alrededor de un cuerpo planetario. Dos récords, según indicó en Twitter el Laboratorio Planetario de la Universidad de Arizona, que lidera la misión con la NASA.

Tras realizar una maniobra complicada y con un retraso de casi tres horas, Osiris-Rex consiguió entrar por primera vez en la órbita del asteroide rocoso Bennu, que tiene un diámetro de 500 metros y se formó hace 4.500 millones de años. Dada su longevidad, similar a los planetas del sistema solar, los científicos esperan que la misión de Osiris-Rex sirva para entender mejor el origen de este sistema planetario y la aparición de vida en la Tierra, entre otras cuestiones, informa Efe. A través de cámaras de gran resolución y tras recoger algunas muestras de la superficie, estudiará la composición química de este asteroide, descubierto en 1999.