China llega a la Luna para explorar su cara oculta

Foto de la cara oculta de la Luna captada por la sonda Chang'e 4.

El gigante asiático hace historia con el alunizaje de la sonda Chang'e 4, que analizará una superficie en la que nunca se ha posado un artilugio

ZIGOR ALDAMAShanghái

«China ha abierto un nuevo capítulo en la exploración de la Luna». Así ha confirmado la Administración Nacional de China para el Espacio que su misión a la cara oculta de nuestro satélite natural había marcado un hito. Después de abandonar su órbita lunar y tras doce minutos interminables, la sonda Chang'e 4 completó el primer alunizaje en la superficie que nunca se ve desde nuestro planeta. «Los chinos hemos logrado culminar una misión que los americanos ni siquiera se han atrevido a poner en marcha», enfatizó eufórico Zhu Menghua, un profesor de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Macao que trabaja con la Agencia Espacial China, en declaraciones al New York Times.

Sin duda, razones no le faltan para estar orgulloso, porque todo fue según lo previsto. Después de salir de su órbita, un motor en la parte inferior de la sonda se encendió para reducir su velocidad de 1,7 kilómetros por segundo a casi cero y permitir un alunizaje vertical que no dañase ninguno de sus frágiles instrumentos. Cuando se encontraba a dos kilómetros de altura, capturó sus primeras fotografías para detectar obstáculos que podrían dar al traste con alunizaje. A cien metros, levitó durante unos momentos para identificar el mejor lugar para posarse. Y, cuando se encontraba a solo dos metros de altura, el motor se apagó y el módulo tocó tierra con sus cuatro patas.

El aparato se posó de forma automática en el lugar indicado: el cráter Von Kármán, que ha sido elegido porque es fruto de un impacto y eso ha podido dejar al descubierto el manto lunar, un hecho que facilitará estudiar eras antiguas del sistema solar y avanzar en el conocimiento sobre la formación de los planetas. Chang'e 4 también alunizó en el momento adecuado: a las 10:26 horas, justo al comienzo del día lunar, lo que permitirá que la sonda reciba energía solar durante las dos próximas semanas antes de pasar al modo de hibernación que le permitirá sobrevivir durante una noche igual de prolongada.

Lanzamiento del cohete que transportó a la Luna a la sonda Chang'e-4 despegando el pasado 8 de diciembre.
Lanzamiento del cohete que transportó a la Luna a la sonda Chang'e-4 despegando el pasado 8 de diciembre. / Efe

Concluyó así la primera etapa de una misión que comenzó el pasado día 8, cuando un cohete Larga Marcha 3-B impulsó al Chang'e 4 al espacio, y que reviste gran complejidad porque la luna se interpone entre la Tierra y la sonda e impide la comunicación directa. Para solucionar este problema, China lanzó el satélite Queqiao, que orbita más allá de la luna y que se encarga de rebotar la señal para permitir el control de la misión. Ahora, un robot explorador deberá dedicarse a analizar la superficie y enviar los datos a tierra.

Aunque esa parezca la fase más sencilla, lo cierto es que fue la que no logró superar el anterior robot que China envió a la luna. Yutu llegó en 2013 a una planicie de la cara visible a bordo del Chang'e 3 y, después de protagonizar un alunizaje exitoso, se averió durante el segundo día lunar y dejó de responder a las órdenes enviadas desde tierra cuando apenas se había movido 40 metros del lugar en el que se posó.

En esta ocasión, la dificultad todavía es mayor porque, a diferencia de lo que sucede en la cara que se ve desde nuestro planeta, la oculta tiene una orografía mucho más accidentada. La zona en la que se desplegará el robot está rodeada por montañas de hasta 10.000 metros de altura que empequeñecen al propio Everest. No obstante, el nuevo robot es más ligero -140 kilos- y resistente y, según los científicos chinos, puede adaptarse mejor a la peligrosa superficie lunar.

Independientemente de lo que suceda a partir de ahora, el éxito de la primera fase de la misión es ya un paso de gigante para el programa espacial chino, cuya ambición –que no su presupuesto– rivaliza con la de Estados Unidos. No en vano, el gigante asiático está preparando ya la puesta en órbita de su tercer módulo espacial permanente –Tiangong 3– previsto para 2022, y Pekín ya ha anunciado su intención de dar dos saltos más: enviar una nueva misión tripulada a la luna hacia 2030 –algo que no se ha hecho desde que se dio por concluido el proyecto Apollo hace medio siglo– y llegar a Marte pocos años después con un vehículo capaz de traer a la Tierra rocas marcianas. A partir de aquí, enviar a un ser humano al Planeta Rojo puede convertirse en una nueva carrera destinada a demostrar quién es la superpotencia hegemónica del siglo XXI en el Planeta Azul.

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