Cazadores de mamuts

Cazadores de mamuts

Los traficantes de marfil buscan en la remota región siberiana de Yakutia restos prehistóricos de elefantes lanudos

RAFAEL M. MAÑUECO

La república rusa de Saja-Yakutia (Siberia nororiental) es el mayor ente regional de Rusia y la unidad administrativa más grande de todo el planeta. Si fuera un país, sería el noveno más extenso del Globo, tras la India y por delante de Argentina. Tiene 3.103.200 kilómetros cuadrados, lo que significa que podría alojar en su interior seis veces la superficie de España. Pero está casi vacía. Su población no llega al millón de habitantes.

Su territorio llega desde el Océano Glacial Ártico hasta casi la frontera con China. Su superficie está cubierta en su mayor parte y de forma permanente por una capa helada que no se descongela ni en verano, llamada permafrost. Soporta temperaturas invernales que baten todos los récords. Sus entrañas atesoran abundantes materias primas: oro, uranio y algunas de las minas de diamantes más importantes del mundo.

Los huesos de mamut se pueden hallar también en gran cantidad en su subsuelo. El 70% de la fauna de este arcaico elefante lanudo ocupó el territorio de Yakutia. Tres de los cuatro mamuts hallados en los últimos diez años en el mundo en mejor estado de conservación se han encontrado en esta república siberiana, un verdadero cementerio de animales del Pleistoceno gracias al permafrost.

La prohibición del tráfico de colmillos de elefante dispara la demanda del marfil de mamut

Así que, después de que las autoridades chinas decidieran prohibir la importación y venta de marfil de elefantes, se ha desatado en Yakutia una verdadera fiebre de los colmillos de mamut para abastecer a los numerosos escultores de marfil que hay en el país vecino y en otras zonas de Asia. Según cifras oficiales, toda Rusia exportó en 2017 más de 72 toneladas de colmillos y el 80% fueron a parar a China. La agencia TASS informa que en Yakutia se extraen cada año 100 toneladas de estos preciados huesos.

Fuentes de la oficina del Gobernador calculan que en las gélidas tierras de Yakutia yacen unas 500.000 toneladas de colmillos de los gigantescos y peludos mamuts. Su recolección se viene produciendo desde hace tiempo por la población local, pero, ante la demanda china, su precio se ha elevado hasta los 70.000 rublos el kilo (casi mil euros) y ahora hay también buscadores llegados de otras partes de Rusia atraídos por esta nueva forma de hacer dinero. Un solo colmillo pesa entre 50 y 75 kilogramos, lo que significa que puede llegar a valer una media de 60.000 euros.

Pero para poder participar en el negocio hace falta tener licencia y cada vez es más difícil obtenerla. TASS sostiene que el 30% de los buscadores de colmillos son ilegales. Las autoridades yakutas alegan que para aumentar los hallazgos hace falta un equipo de irrigación capaz de disolver las acumulaciones de tierras arcillosas en las márgenes de ríos y lagos.

El agua a presión ayuda a desenterrar los esqueletos de mamut, pero los ecólogos alertan de que tal práctica daña el permafrost y contamina el entorno. La vista que queda tras el trabajo de las bombas de agua en la orillas estropea el panorama al dejar paredes derrumbadas y llenas de agujeros abiertos por la fuerza de los chorros. Los pescadores aseguran que ahuyentan además a los peces.

Furtivismo

A finales del mes pasado, fuerzas de la Policía y patrullas guardafronteras llevaron a cabo una redada contra traficantes ilegales de colmillos en las islas Liajovski, en el extremo norte de Yakutia. Fueron detenidas 19 personas por carecer de licencia para extraer restos de mamuts. Les fueron confiscados 22 fragmentos óseos, entre ellos ocho colmillos que, de acuerdo con el análisis realizado por la Academia de Ciencias de Yakutia, «son de valor científico». El caso ha sido puesto en manos de la Fiscalía de Yakutsk, capital de la región. Mientras, las aduanas decomisan toneladas y toneladas de colmillos de mamuts para poner coto al contrabando de lo que se considera «material paleontológico».

Hay aquí, sin embargo, una aparente doble vara de medir. Las empresas mayoristas, que cuentan con el apoyo y beneplácito del Estado y de las autoridades locales, no tienen ningún problema a la hora de comercializar y exportar el marfil siberiano. Se lo compran a los buscadores particulares que tienen licencia, a quienes pagan muy por debajo de los precios de mercado establecidos, y después lo envían a China a través de sociedades exportadoras también controladas por la Administración.

Este esquema no satisface a los centenares de 'cazadores' de marfil que tratan de vivir de esta actividad y que ven con frecuencia confiscado el resultado de su paciente y duro trabajo. Tienen que efectuar las búsquedas en verano, recorrer enormes distancias a lo largo de los ríos y hacer una importante inversión en embarcaciones, bombas de agua y otros componentes del equipo de irrigación. Se ven obligados a pasar largas temporadas lejos de sus familias en estos parajes inhóspitos.

Por eso han protagonizado ya varias protestas. La más numerosa tuvo lugar en mayo del año pasado en Yakutsk, en donde pudieron verse pancartas que decían '¡Putin, devuelve el marfil al pueblo!'. Los asistentes denunciaron la «monopolización» del comercio de colmillos y huesos de mamut en beneficio de unos pocos, de los «oligarcas» que, según ellos, controlan ya muchos otros sectores económicos, incluyendo la extracción de diamantes.

Valor científico y cultural

La movilización de los buscadores de colmillos tuvo como respuesta una campaña de los medios de comunicación públicos, que demonizaba sus prácticas «desmedidas» e incluso «criminales» y llamaban a una regulación más severa de la actividad. Existe ya una normativa regional, adoptada en diciembre de 2017, pero no gusta a nadie; ni a los buscadores por cuenta propia ni tampoco a las grandes corporaciones, que pretenden dominar completamente el negocio.

El gobernador de Yakutia, Aisén Nikoláyev, cree que a lo largo de este año será aprobada por fin en el Parlamento ruso una ley que regule en profundidad todo lo relacionado con los restos paleontológicos, su estudio, protección y comercialización. Hasta ahora no ha habido unanimidad ni siquiera dentro del Gobierno ruso y la Administración del Kremlin. Mientras no se aclare si los colmillos de mamut son un recurso natural o más bien objetos que deben ser protegidos como bien cultural o científico continuará el actual caos, los abusos y las arbitrariedades.

En la actualidad compiten varios proyectos científicos, no exentos de polémica, para la recuperación del mamut, una especie que se extinguió hace unos 4.000 años. Ya se ha rescatado material genético aparentemente viable y esperan que en uno o dos años este proyecto pueda hacerse realidad.

 

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