Por su cara bonita

Por su cara bonita

Policías de EE UU recurren a imágenes de famosos para buscar a delincuentes. «No nos hará más seguros, pero sí menos libres», les critican defensores de derechos civiles

ANTONIO CORBILLÓN

En la película 'Ahora me ves...' (2013), el actor Woody Harrelson forma parte de una banda de ilusionistas que usa sus artes para atracar bancos y burlarse del FBI. En la vida real y en la Sección de Identificación Facial de la Policía de Nueva York, el rostro de Harrelson se ha utilizado para buscar a un sospechoso de robo que, al parecer, tenía rasgos similares. Una cámara de seguridad capturó una imagen parcialmente oculta y muy pixelada del caco. Un agente le encontró parecido al intérprete de 'No es país para viejos', 'El escándalo de Larry Flint'..., y, al final, el cruce de imágenes de alta calidad y los correspondientes algoritmos devolvieron las suficientes coincidencias para realizar un arresto. No ha trascendido si era realmente el verdadero culpable.

El uso de las técnicas de reconocimiento facial digitales se ha convertido en el último caballo de batalla de los defensores de los derechos civiles en Estados Unidos. No era el primer caso. Los agentes de la Gran Manzana usaron el rostro de un jugador de los New York Knicks (NBA) para buscar a un hombre acusado de un asalto en el distrito de Brooklyn.

Estos casos ocurrieron en 2017. Pero aparecen ahora en el informe que ha publicado el departamento de estudios sobre Privacidad y Tecnología de la Universidad de Georgetown. En él se advierte contra el riesgo de que las agencias de seguridad de todo el país conviertan estas técnicas en una lotería llena de riesgos y con escasas certidumbres. «Lo que está en juego en las investigaciones criminales es demasiado alto como para basarse en datos poco fiables o incorrectos», explica en este trabajo su autora, la investigadora Clare Garvie.

Su aviso ha puesto a la defensiva a las jefaturas de Policía del país, comenzando por la de Nueva York. «Nunca se ha arrestado a nadie solo por un reconocimiento facial», justificó la sargento Jessica McRorie en un comunicado oficial. «Como con cualquier pista, siempre se necesita más investigación para poder arrestar».

Pero el informe de Georgetown asegura que, en la ciudad que recibe a la gente con una gran Estatua de la Libertad, se han producido 2.878 arrestos gracias a este sistema durante los cinco años y medio que lleva en uso. La gran metrópoli no es la única que aplica estas dudosas prácticas. «Al menos media docena de departamentos de Policía en todo el país permiten, si no alientan, el uso de reconocimientos faciales en bocetos forenses», avisa Garvie. Y parece que acabará siendo rutina en las oficinas policiales, ya que un grupo de quince agencias estatales y federales se unieron en 2011 para reclamar que «debería estar permitido identificar a sospechosos basándose en bocetos de artistas». En lugares como Jacksonville (Florida) se realizan 8.000 búsquedas faciales cada mes.

¿Falsa seguridad o libertad?

También la Oficina Federal de Investigación (FBI) anuncia que planea extender en los próximos años las búsquedas centradas solo en identificaciones por el rostro con el argumento de que «las conclusiones serán más precisas a medida que mejoren los algoritmos». Un riesgo de extensión acrecentado por grandes empresas tecnológicas como Amazon Web Services o Cognitec, el mayor proveedor de algoritmos de reconocimiento por el rostro. Todas están deseando aumentar su cartera de clientes en las oficinas policiales.

En cambio, San Francisco (California) se ha convertido en estos días en la primera ciudad de Estados Unidos que prohíbe el uso de estos sistemas en la lucha contra el crimen. La junta de supervisores de la ciudad ratificó el jueves pasado -por 8 votos contra uno- la llamada Orden para Detener la Vigilancia Secreta. Aaron Peskin, uno de sus miembros, destacó que «podemos tener seguridad, sin ser un Estado de seguridad».

La capital del Pacífico ha asumido los postulados de defensores civiles como Matt Cagle, experto en tecnología y derechos en la Unión Americana por las Libertades Civiles, que advirtió a sus conciudadanos de que «la vigilancia facial no nos hará más seguros, pero nos hará menos libres». Luke Stark, investigador de Microsoft, usó una corrosiva metáfora para criticar estos métodos. Dice que es «el plutonio de la Inteligencia Artificial». «Es potencialmente igual de tóxica para la sociedad y debería restringirse en consecuencia», argumentó Stark.