El balcón de los Pirineos

El balcón de los Pirineos

El observatorio de Pic du Midi, el más alto de Europa (2.877 m), lleva 140 años contemplando las estrellas.Está en el lado francés pero se ven el faro de Biarritz y el resplandor de Barcelona

FERNANDO MIÑANA

Todo empieza en La Mongie, en la mítica subida al santuario ciclista del Tourmalet, donde hace frío a primera hora de la mañana y donde algunas placas de hielo desaconsejan extasiarse con las exuberantes montañas que despuntan por donde mires. Desde allí, en el corazón de los Altos Pirineos, en el flanco francés de la cordillera, sale el teleférico que, en quince minutos, subirá, en un vuelo sobrecogedor, a una velocidad de 43 km/h, hasta Pic du Midi, a 2.877 metros de altitud, donde se encuentra el observatorio astronómico más alto de Europa. Esta imponente atalaya, con 300 kilómetros de los Pirineos serrando el horizonte, es un balcón panorámico de día que alcanza a vislumbrar los picos del Aneto o el Monte Perdido, ya en España, y un ojo de noche que escruta el cielo infinito y sus secretos. Aunque también puede invertirse el orden y atisbar en la oscuridad el faro de Biarritz o el resplandor de ciudades como Barcelona o Zaragoza.

En el pico, el observatorio de montaña más antiguo del mundo, llevan 140 años asomándose al cielo. Primero subieron Monge y Darcet en 1774 para estudiar la presión atmosférica a casi 3.000 metros de altitud. Otro pionero instaló allí, en 1870, una estación meteorológica. Y el 20 de julio de 1878 se colocó la primera piedra del observatorio, que encerraba un cilindro con los nombres grabados de los ingenieros y mecenas que iniciaron el proyecto.

En la cabina, con vertiginosas caídas de hasta 350 metros, viajan no más de 45 personas. Allí dentro se apretujan científicos, niños histéricos que gritan con cada oscilación del habitáculo, turistas boquiabiertos y bizarros esquiadores que disimulan el miedo ante la inminente bajada fuera de pista que les espera desde el observatorio, donde la vía más audaz -la ruta Coume du Pic- permite descender 1.700 metros de desnivel en solo 10 kilómetros. Hace un día soleado y luminoso que convierte la panorámica en un espectáculo de interminables cumbres blancas. De vez en cuando sorprende una racha de viento que te zarandea y congela a la vez. En los días muy ventosos, cuando sopla a más de 60 km/h, se cierra al público el Pic du Midi.

Llegar hasta allí como quien viaja en metro desde Times Square hasta Battery Park hace inimaginable cómo se levantó todo aquello hace siglo y medio. Cuando los trabajadores ascendían a pie por los riscos ayudados por las mulas. Al llegar a la cima eran agasajados con un vaso de ron para entrar en calor y recompensados en función de los kilos de carga que hubiesen logrado llevar hasta las alturas. En la primera década del siglo XX se terminó la primera cúpula, donde se instaló el primer telescopio.

Nada queda de aquella cocina primigenia, una gran chimenea donde se intentaba romper la rutina de una dieta basada en patatas, conservas y un litro de vino tinto por persona y día. Ahora hay un restaurante panorámico, Le 2877, donde sirven productos de proximidad: el suculento cerdo negro, alubias de Tarbes, truchas de los Pirineos o el ciervo del que regularmente les proveen las sociedades de cazadores con las que tienen un acuerdo de colaboración. A casi 3.000 metros de altitud, los alimentos se secan antes y el agua hierve a 90º en vez de a 100º. Todo se cuece con electricidad.

Protocolo de emergencia

También hay alojamiento, en 15 habitaciones -doce dobles y tres individuales-, para 27 personas que quieran deleitarse con su fascinante puesta de sol o con la contemplación de hasta 3.300 estrellas. No es barato, unos 400 euros por pareja, pero el precio incluye el alojamiento, la comida, una visita por el observatorio y hasta conversar con los astrónomos por la noche.

Pic du Midi está considerado uno de los diez mejores lugares del mundo para contemplar las estrellas. El aire es muy puro, la atmósfera muy estable y los pueblos de alrededor hacen un esfuerzo por reducir al máximo la contaminación lumínica. Todo esto contribuyó a que, el 19 de diciembre de 2013, recibiera la acreditación como Reserva Internacional del Cielo Oscuro.

El agua, a 2.877 metros de altura, es un desafío. La suben en unos depósitos instalados debajo de la telecabina. Arriba se trata para que pueda ser consumida. También se depuran las aguas sucias y se hace un esfuerzo por mantener intacto el medio ambiente.

Una porción del agua se reserva por si hubiera un fuego. Porque otra de las obsesiones del observatorio es la seguridad. Hay un plan contra incendios con cinco bomberos disponibles todo el día. El centro dispone de una enfermería equipada con una cámara de descompresión hiperbárica, desfibrilador y un enlace directo con el SAMU y los bomberos.

Todos los trabajadores están adiestrados para realizar primeros auxilios, pero si hubiera una emergencia, existe un protocolo que obliga a un empleado acudir por la noche a poner en marcha el teleférico para transportar al paciente. Si fuera un caso de vida o muerte, algo que ha sucedido en alguna ocasión -sobre todo por crisis de corazón-, un helicóptero acude al rescate.

El Pic du Midi, donde nunca han superado los 21 grados, puede llegar a ser un lugar muy inhóspito. Por eso hay cinco kilómetros de pasillos para comunicar los seis niveles -que no pisos, al tratarse del pico de una montaña- que hay en un área construida de 10.000 metros cuadrados.

De uno de los extremos del observatorio se extiende un cebo para 'influencers' e 'instagramers', el Pontón del Cielo, una pasarela metálica de doce metros de longitud que se asoma al vacío estremecedor frente a las cumbres pirenaicas.

A veces cuesta respirar por hipoxia. El oxígeno es un 30% más escaso y cada esfuerzo se acusa. Una solución es acomodarse en una de las 48 butacas reclinables del planetario, recostarse un poco y alzar la vista hacia la cúpula, donde está la pantalla hemisférica en la que se proyectan películas y documentales.

El aeropuerto 007

El Pic du Midi está rodeado de las estaciones de esquí de los Altos Pirineos. Como Peyragudes, que cumple 30 años y cuenta con el único aeropuerto para avionetas de alta montaña. Es el Altiport 007, que debe su nombre al rodaje de 'El mañana nunca muere', que convirtió su pista en una base afgana donde Pierce Brosnan interpretó a James Bond.

En todo el valle hay mucha afición al parapente porque es una zona bendecida por el viento más propicio y en breve lo será también para subir plácidamente sus cuestas gracias a un proyecto con bicicletas eléctricas.

Muy cerca de allí está Balnéa, uno de los numerosos balnearios de la región, donde los clientes pueden darse un baño de agua caliente al aire libre mientras respiran aire fresco y contemplan las montañas nevadas.

Todo está comunicado por carreteras en perfecto estado gracias a que el Tour invierte mucho dinero para mantener impecables las rutas de sus etapas pirenaicas. La huella de la más importante carrera ciclista está por todas partes. Con las pintadas sobre el asfalto del Col d'Aspin o con recuerdos como el de Pla d'Adet, donde hay una placa en la curva donde Poulidor atacó a sus rivales en el Tour del 74 cuando aún quedaban once kilómetros de ascensión.

Una gesta que aún rememoran en la pintoresca Saint-Lary, una bulliciosa localidad a los pies de la montaña y de la estación de esquí que le une con Soulan, la aldea de pastores que se les agregó en los 60. Aquello es también el territorio del apreciado cerdo negro. El 19 de enero se celebrará la fiesta en honor de este animal para sibaritas y a unos pocos kilómetros está Vignec, el principal productor de esta carne de alta calidad. El postre de la zona es la 'gauteau a la broche'. Se hace con azúcar, harina, mantequilla, huevos y un toque de ron y se brasea girándolo al fuego.

Saint Lary está, dejando atrás el valle oscense de Pineta y atravesando el túnel de Bielsa, a tiro de piedra de San Sebastián (dos horas), Bilbao o Vitoria (tres horas). Y desde allí, serpenteando por las rampas de Aspin, hay una hora más hasta La Mongie, el punto de enganche con el Pic du Midi. De vez en cuando, en los márgenes de la carretera aparecen grupos de pacíficos 'chalecos amarillos' que montan campamentos para hacer sus reivindicaciones. Allí, bajo el balcón de los Pirineos.