«Aprender a desconectar es mi nuevo desafío»

«Aprender a desconectar es mi nuevo desafío»

El mejor patinador español de la historia no tiene tiempo para añorar la competición. Prepara el regreso de su espectáculo sobre hielo, una escuela, un curso de verano... «Me siento como quien sale de la universidad a trabajar», confiesa Javier Fernández

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Entre pan y pan, una pechuga de pollo aguarda pacientemente mientras se enfría a que concluyamos nuestra entrevista telefónica. Javier Fernández (Madrid, 1991) acaba de salir de un centro comercial de Valladolid donde ha dado una «charla motivadora» a sus trabajadores. «¿Que qué les he dicho? Pues, lo último, que la gente agradece la sencillez y la cercanía. Yo es lo que echo de menos con más frecuencia en el día a día», cuenta hambriento, en su viaje de regreso a la capital. Probablemente, esas son las mejores virtudes de este hijo de un mecánico militar y de una funcionaria de Correos, entregado admirador de su hermana, una notable patinadora a la que quiso emular y emuló hasta forjarse una leyenda de hielo. La que le confiere ser doble campeón del mundo de patinaje artístico, siete veces mandamás de Europa y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de invierno Pyeongchang 2018. La estrella se extinguió en enero, cuando decidió que había llegado la hora de cortarse la coleta. Pero su estela sigue brillando dentro y fuera de la pista. Y lo que le queda.r

-¿Cómo ve el mundo descalzo de cuchillas, a ras del suelo?

La hora de desquitarse.

-Bueno, es diferente. Desde pequeño siempre había tenido un horario, siempre había sabido lo que tenía que hacer al día siguiente. De repente, ahora eso ya no es así. Hoy no tienes nada que hacer; y mañana te surgen viajes, eventos... Es todo un poco imprevisible, pero está bien trabajar en el deporte de esta otra manera.

-¿Qué piensa por la mañana, cuando abre los ojos?

-Pues, a menudo, algo así como 'no tengo nada que hacer, ¿qué hago hoy?'.

-¿Se lo pregunta desde la inquietud, la ansiedad o la placidez de verse liberado de tantas servidumbres? Ya no le espera un entrenador, ni una rutina marcial, ni una dieta severa, ni otro título que ganar.

- Desde la libertad de poder hacer cosas que antes no me podía permitir. Por ejemplo, acostarme a las cuatro o las cinco de la madrugada un día entre semana. Aunque, inevitablemente, en un primer momento siempre aparece el remordimiento. Cuesta conseguir que el cerebro afloje.

-¿Qué más ha saboreado en este breve tiempo de retiro que antes no probaba?

-Hace unos días me escapé un fin de semana a esquiar a los Pirineos, que me encanta. Igual hacía ocho años que no lo hacía. También voy a jugar al pádel, al frontón, quedo con los amigos...

-¿Quiénes son sus amigos? Ha pasado una década en el extranjero.

-Nunca perdí las amistades que tenía de pequeño. En ese sentido, no salgo a un mundo nuevo. Jamás cerré la conexión con algunos amigos del colegio y con otros, relacionados con el mundo del patinaje.

-Solo tiene veintisiete años y ya es todo un exdeportista profesional retirado. ¿Se ve a sí mismo un poco marciano?

-Bueno, me veo un poco así cuando coincido con otro deportista de otra disciplina, que por lo general tienen una vida activa bastante más larga que la nuestra, y lo comentamos. Me pasó hace poco con Iker Casillas.

-Primo suyo, por cierto. De críos veraneaban en Navalacruz, el pueblo abulense del que son sus respectivos abuelos.

- Bueno, primo, primo... Es primo lejano. Es mayor que yo (diez años) y sigue jugando. En otras disciplinas, como el fútbol, puedes ejercer con cierto nivel durante más tiempo y alargar la carrera. En mi deporte no es así, pero veo una parte positiva en ello. Que aún soy joven y eso hace que tenga mucho tiempo por delante para llevar a cabo todos los proyectos que tengo en mente.

-Ahora que ya está finiquitada y enmarcada, ¿cómo contempla su lucha y su extraordinario palmarés?

-Como es algo que lo he vivido yo, en primera persona, resulta difícil de expresarlo. A ver, cuando ves todas las medallas, todos los triunfos, sientes orgullo, pero no llena mucho más. Sigues siendo la misma persona y ahora hay muchas cosas que hacer.

-Se ha ido cuando estaba en la cúspide. Con lo que a la gente, esté donde esté, le cuesta irse. Pues a usted parece que no.

-Yo lo tenía claro. Lo que he hecho resulta tremendamente difícil. Es muy raro encontrar a un patinador capaz de mantenerse ahí arriba durante siete u ocho años. Poco a poco ves claramente que cada vez todo te cuesta más. Y yo quería retirarme con un buen sabor de boca. Después de las Olimpiadas de Sochi (en 2014) me propuse hacer otras (las de Pyeongchang, donde logró el bronce) y dejarlo. Pero para no poner tanta presión emocional en aquellos Juegos, me propuse alargarlo hasta el siguiente campeonato europeo (celebrado el pasado enero, y que ganó por séptima vez). Y así lo hice.

-¿Qué dice su cuerpo?, ¿lo nota agradecido con la decisión?

-Depende del día. Unos me levanto y me duele todo sin haber hecho nada, y otros estoy perfecto, no tengo ninguna agujeta. Mi cuerpo está raro. Es normal.

«No comprendo que siga existiendo una desigualdad entre géneros tan bestial» Crispación política Discriminación machista

«Los partidos nos ponen a unos en contra de otros en vez de buscar la forma de convivir» crispación política

«La palabra empresario me incomoda. Digo que soy autónomo y creo que pago bien» faceta de emprendedor

Elvis y los errores de Vox

-Por lo que lleva visto, ahí fuera, ¿hace más o menos frío que en la pista de hielo?

-... Es un frío distinto, supongo... Aunque parece que cada vez estamos más locos. No hay más que poner las noticias y ver lo que pasa por el mundo.

-Y de todo lo que lee, ve y escucha, ¿qué es lo que más le sensibiliza?

-El comportamiento incomprensible de algunas personas. Para mí una de las cosas más difíciles de entender es el maltrato a las mujeres. Lo veo tan fuera de mi realidad que no sé cómo puede pasar. Supongo que tiene que ver con la manera en la que me han criado. No me entra en la cabeza cómo algo tan bonito puede llegar a ese punto, ni tampoco que siga existiendo una desigualdad de géneros tan bestial como la hay para todo. Hace falta un trabajo de concienciación para algunas mujeres, pero hace falta un gran trabajo de concienciación de los hombres. Porque todos tenemos derecho a lo mismo.

-Regresado de Toronto, su ciudad en los últimos años, ¿cómo ha encontrado el patio patrio?

-Siempre lo he seguido un poco en la distancia. Pues veo mucho desconcierto y crispación ante tanta pelea política. No hay manera de que ningún partido apoye en nada a otro, y están encendiendo demasiado a la gente. Nos están poniendo a unos en contra de otros, cuando lo que deberían hacer es buscar la manera de convivir. A mí me quema tanto conflicto, tanta manifestación que acaba en enfrentamientos civiles... Debemos ser capaces de hablar de política entre nosotros sin que salten chispas.

-¿Le inquieta la España rugiente de Vox?

-Es un tema delicado. Creo que hay muchas cosas erróneas en ese partido. Cuando una persona necesita un cambio, a menudo prefiere uno radical a quedarse como estaba. Hay mucha gente que necesita un cambio, y los radicales no suelen ser buenos. Los extremos son peligrosos.

-¿Dónde pondría un poco de hielo, para desinflamar?

-En todo esto que estamos hablando. Aunque pensemos de forma distinta, se puede convivir. Hemos llegado a un punto en que yo no te hablo si eres de tal o cual partido. Pero, ¿por qué?, ¿si yo sigo siendo yo? No puede ser.

-La tasa de paro juvenil, del 35%, coloca a este país en posición de medalla de plata en la Unión Europea. ¿Qué patina, según usted?

-No lo sé. Yo ahora tengo una sociedad desde la que organizo un campamento de verano, para el que contrato a gente. Y a la ahora de hacer eso, me guío por la profesionalidad. Es decir, si es alguien con ganas y lo da todo en el trabajo, me da igual de dónde venga, dónde haya estudiado, que tenga dieciocho o sesenta años. Y creo que eso es lo que debería primar.

-Como empresario, ¿hace saltos cuádruples o le va rodado?

- No me gusta esa palabra, empresario. Igual es porque creo que me queda grande, pero no me hace sentir cómodo. Prefiero decir que soy un autónomo con proyectos.

-¿Paga bien a sus empleados?

-Sí, pago bien. Y si puedo pagar más, pago más. Mi mayor aspiración es que la gente que trabaje con nosotros esté contenta y siempre quiera regresar, ya sea como trabajador o como público.

-¿Se ve dejándose camelar por los cantos de sirena de la política, como le ocurrió a su colega, la atleta cántabra Ruth Beitia?

-Uy, no, ja, ja. No, rotundo. Yo soy una persona muy transparente. No valdría para eso.

-Al menos, ¿votará el 28 de abril?

-Votaré, sí.

-A finales del año pasado echó a rodar el espectáculo 'Revolution on ice', rodeado de un plantel excepcional al que sumó al cantante Pablo Alborán. ¿Por dónde sigue la gira?

-Estamos trabajando en la próxima temporada de invierno. En breve podremos dar a conocer las fechas y las ciudades españolas a las que vamos a ir. Y el próximo año viajaremos a Japón. Allí el patinaje es un deporte rey y lo español, también, así que prepararemos el espectáculo 'Flamenco on ice'.

-Combina coreografías electrizantes con números cómicos y ejercicios muy estilísticos. ¿Es más Javier Fernández caracterizado de superhéroe con capa, de torero, de pirata, de Elvis o tal vez de Quijote?

-En todos ellos soy un poco yo. Me gustan los personajes que tienen vis cómica y me gustan también los programas más elegantes y expresivos, como los de Quijote o Elvis. ¿Mi favorito? ¿A quién no le gustaría haber conocido a Elvis o a Johnny Depp?

«Quiero jubilarme pronto»

-A temperatura ambiente, ¿la gente le reconoce?

-Ja, ja, bastante, sí. Me sorprende el cambio que se ha producido con respecto a algunos deportes minoritarios en los últimos años. El reconocimiento que tengo y tienen otros compañeros, como Carolina Marín o los chicos de kárate, es muy chulo y seguramente va a ir más.

-¿Y qué le dicen?

-'Oye, ¿tú no eres el patinador'? Y después de eso, pues hay quien te cuenta su vida y hay también quien te dice que está súper orgulloso de ti. Es muy bonito, la verdad.

-¿Qué secuelas psicológicas le quedan a un deportista de élite, que entrega su juventud a la soledad, el dolor y el sacrificio?

-Es más cansancio que otra cosa. Me refiero a un cansancio mental. Hay que aprender a desconectar. Ese es mi nuevo desafío.

-A pesar de su juventud, ¿se siente mayor?

-Sí, porque he visto mucho, he organizado mucho y he vivido solo durante mucho tiempo. Por dentro, me refiero a mi manera de pensar, soy mayor que por fuera. Yo coincido con los amigos de mis padres y puedo hablar con ellos de prácticamente todo.

-¿Qué edad se echa?

-Yo diría que por dentro estoy en los 35.

-¿Sabrá vivir sin podio?

-Sí, seguro. Por un lado, mis exhibiciones son algo parecido a una simulación de la competición. Y, por otro, disfruto mucho preparando el campamento de verano, seminarios, los espectáculos que tenemos... Y luego está el proyecto de crear una escuela.

-De élite, claro.

-Correcto, pero este es un proyecto a medio plazo. Hay tanto por hacer en este país en el tema de la enseñanza del patinaje sobre hielo... Y yo desde jovencito siempre quise ser entrenador. Aunque no sea así, me siento un poco como si hasta ahora hubiera estado en la universidad y ahora saliera a trabajar.

-¿Qué aprendió en Canadá?

-La sociedad canadiense es muy cosmopolita. Está formada por gente que ha llegado de todo los rincones del mundo y eso hace que esté abierta a todo. Aunque yo no cambio aquello por mi país, en ese sentido me parece un lugar inspirador.

-¿Qué le enseñó Japón?

-Allí, desde bien pequeños se le inculcan muchos valores, como el respeto. Y eso hace que, por ejemplo, el Gobierno apruebe una nueva ley o una prohibición y todo el mundo la acate de inmediato.

-¿Dónde y cómo se ve con 54 tacos?

-Me gustaría estar trabajando en mis últimos días en mi futura escuela, entrenando a un campeón. Quiero jubilarme pronto y disfrutar de una parte de mi vida viajando y estando con mi familia, sin tener que estar pendiente de hacer esto o lo otro.

-Y, entretanto, Paco de Lucía de fondo, supongo.

-De fondo, Paco de Lucía siempre.